Mujer sin senos y sin alas

Función Dominical.
Maléfica
Maléfica (Disney Pictures)

Ciudad de México

Cada época cuenta historias a su manera. No es lo mismo la de La bella durmiente en sus orígenes griegos, que en la versión medieval o en la de Perrault. Maléfica habla más de nosotros como sociedad que de un cuento cuya historia sabemos todos. Disney ha creado finalmente a un personaje que es al mismo tiempo, héroe y villano.

Siempre hubo moraleja en La Bella Durmiente. El cuento siempre estuvo dirigido a las niñas para decir lo que deben ser cuando crezcan. La moraleja sigue aquí aunque visto que el growing model es Angelina Jolie no es difícil imaginar que “femineidad” no es lo mismo que en las películas de Disney.

La historia está contada desde el punto de vista de Maléfica, aunque también en este sentido, el final trae sorpresas. Lo importante en todo caso es señalar que con el cambio de punto de vista sucedieron al menos dos cosas dignas de subrayar. Primero, el personaje se volvió más complejo. La lucha entre el bien y el mal típica de Disney y la telenovela mexicana se ha superado. Dentro de nosotros (y de las hadas se entiende) conviven bien y mal en lucha a muerte por nuestras almas. Maléfica está más cerca de una tragedia griega que de un cuento del ratón Miguelito, pero sigue siendo muy divertida.

El segundo cambio está en la atinada adaptación que hicieron los guionistas de los símbolos del cuento original. En este sentido, Maléfica recuerda a Excalibur que en 1981 consiguió reinterpretar al rey Arturo con todo arte. Aquí tenemos al bosque de espinos, la rueca (que dicen los psicoanalistas, representa el aparato reproductor femenino), la maldición a los 16 (la pubertad a las 16 lunas), el aislamiento de Aurora (ese freudiano deseo de los padres por evitar que “sus niños” lleguen a la edad en que comienza el deseo sexual) y claro, el beso de amor. El valor simbólico de todos estos elementos se mantiene excepto en el último punto. Si algo han logrado los guionistas de Maléfica es dar un sentido nuevo al viejo cuento del “beso de amor”. La resolución de este punto es en verdad maravillosa y tan inteligente que una cinéfila empedernida me dijo que le recordaba a La bella y la bestia de Cocteau. Puede que sea exagerado comparar a Cocteau con Stromberg, pero uno no puede saber esas cosas. Solo el tiempo dirá.

Es importante hablar también, al menos un poco, de la actuación de Angelina Jolie. Ella es Maléfica en todos sentidos; es ella quien hace que lo femenino brille con el tamaño de esas alas que un hombre corta por deseo de poder. El tema de las alas, además de freudiano, avanza en las interpretaciones de Perrault. La mujer celosa no lo es por su condición femenina sino por una justa indignación ante la amputación de sus sueños que le produjeron los machos obsesionados con el poder.

Angelina Jolie se embarcó en este proyecto poco después de una muy dolorosa mastectomía. Ha hecho como los grandes artistas: ha buscado la cura sublimando los dolores del cuerpo y el alma a través de este cuentito de amor.


Maléfica (Maleficent). Dirección, Robert Stromberg. Guión, Linda Woolverton basada en Perrault. Fotografía, Dean Semler. Música, James Newton Howard. Con Angelina Jolie, Juno Temple, Elle Fanning, Miranda Richardson, India Eisley. Estados Unidos, 2014.

@fernandovzamora