Un niño listo y el viejo enojón

Función Dominical.
St. Vincent.
St. Vincent. (Chernin Entertainment)

Ciudad de México

Uno perdona la facilidad con la que este niño de aspecto frágil, flaco y demasiado listo para su edad se encanta con el vecino viejo e insoportable. Lo perdona porque, ya lo dijeron Los Beatles, “sucede”.

El viejo insoportable es Bill Murray, un hombre con dos amores: una esposa que ha perdido la razón y una despampanante Naomi Watts que se dedica a un oficio que según el protagonista es “el más digno y noble en la historia humana: la prostitución”. Como se ve, con todo y que la historia gira en torno a escuelas y valores católicos St. Vincent tiene sus dobleces de buena voluntad. En efecto St. Vincent de Brooklyn lo es porque, como los santos, no es perfecto (de hecho está lejos de serlo) y sin embargo ha dedicado su vida para darse a los demás a pesar de sí mismo.

Bill Murray tiene el carácter perfecto para ser este hombre amargado y en el fondo bastante bonachón. Hay que recordarlo en Lost in Translation del 2003. Uno olfatea sus depresiones y también sus fortalezas. En fin, que gracias a Murray y a un guión que si no impecable sí bastante bueno, llegado el clímax de la película a uno le viene esa sensación agridulce. Unas sabrosas ganas de llorar gozando. El niño listo lanza un discurso y demuestra que también él es un gran actor.

Esto es una tragicomedia, un melodrama. La parte cómica está apoyada en dos actrices; aquella rusa jacarandosa que interpreta Watts y otra mujer, una señora entrada en carnes que resulta ser la madre del muchachito en apuros que encuentra a su St. Vincent particular. Hace un año Melissa McCarthy hizo un churro que se llamó Identity Thief. Lo único que lamento en esta película es que el director no le permite a ella explotar sus artes cómicas.

Para el mexicano educado en el lugar común, la película ofrece incorrecciones políticas. Para comenzar los católicos son gente buena y para colmo el hombre amargado es un héroe de Vietnam. Que cada quien saque sus conclusiones, la verdad es que Murray en el papel del all american fellow enamorado de una esposa a quien la vejez le ha quitado la razón y que, sin embargo, no tiene escrúpulos para enamorarse de una joven prostituta a la que triplica en edad, nos recuerda aquella máxima de Oscar Wilde: en la Iglesia católica están todos los pecadores y todos los santos. St. Vincent se mueve en esa frontera tenue y sabrosa del pecador que llega a ser santo.

El espíritu de esta película me recuerda Aroma de mujer aquella película de un hombre ciego que quería gastarse todo su dinero bailando tango con una hermosa mujer. Recuerda también, en sus mejores momentos una de mis películas preferidas: El turista accidental de 1988, esa película tragicómica en la que William Hurt sobrevivía a la muerte de su hijo gracias a las excentricidades de una mujer casi tan extravagante como esta señora pasada de carnes y su hijo, un muchachito judío en escuela católica que da a la historia momentos para reír y otros más para dejarse llevar dos horas por la simplicidad de una existencia que solo tiene esta virtud: ser como la vida en una función dominical.


St. Vincent. Dirección: Theodore Melfi. Guión: Theodore Melfi. Fotografía: John Lindley. Música: Theodore Shapiro. Con Bill Murray, Melissa McCarthy y Naomi Watts. Estados Unidos, 2014.

@fernandovzamora