Los excesos de Eros

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(AFP)

Ciudad de México

Nadie ha sido tan expuesto públicamente por sus hábitos eróticos como Dominique Strauss-Kahn, ni siquiera los más torvos depredadores sexuales que visten sotanas. Los medios de todo el mundo han publicado desde hace largo rato reportajes, entrevistas, encuestas y fotografías que ponen en evidencia su adicción al sexo. Han urdido macabras historias de madames, prostitutas, secretarias; de hoteles de mala muerte, fiestas tumultuarias y prostíbulos de todo tipo en el mundo entero; de un hombre sin límites en las prácticas sexuales. Odiado y temido por unos, admirado y respetado por otros en mejores momentos de su vida, el hombre que dirigió los destinos del Fondo Monetario Internacional entre 2007 y 2011 se perfilaba prácticamente como un aspirante a la Presidencia de Francia con todas las posibilidades de triunfar. Hasta que cayó cuatro años atrás en el hoyo negro de sus debilidades un día de mayo en Nueva York, cuando una mucama del hotel en el que se hospedaba lo acusó de abusos sexuales.

Pocos en el mundo pueden perder tanto por un arrebato erótico. Llevado ante la justicia estadunidense al comienzo de un escándalo que aún ahora parece interminable, DSK vio morir de golpe sus aspiraciones políticas, su destacada posición en el mundo de las finanzas internacionales, sus relaciones conyugales, familiares y sociales y tal vez hasta las ganas de vivir.

Muchos han visto detrás de su espeluznante caída la mano de Nicolás Sarkozy, el ex presidente francés empeñado en apartarlo de las lides políticas. De ser verdad la oscura maniobra, su instrumento habría sido Nafissatou Diallo, una mujer originaria de Guinea, analfabeta y madre soltera que paliaba sus miserias trabajando como mucama. Hoy día, en el Bronx, a unos cuantos pasos del tribunal en el que llegó en secreto a un acuerdo financiero con DSK para dar por terminada su querella por abuso sexual, Nafissatou atiende un restorán de cocina internacional, el Chez Amina. Es de su propiedad desde el año pasado y tiene cuatro empleadas. Le va bien. Hay quien piensa que habría invertido ahí el millón y medio de dólares que DSK le entregó a cambio de un poco de paz.

Quizá menos que poco, porque a sus 65 DSK sigue sentado en el banquillo de los acusados, ahora en un tribunal de Francia. Ausente, hundido en la depresión, con la mirada triste, con el lodo hasta el cuello, enfrenta desde hace un par de años una acusación de proxenetismo agravado que, de ser hallado culpable, podría costarle por lo menos 10 años de prisión y una multa de un millón y medio de euros. La justicia lo ha ubicado en el centro de una organización que ofrecía servicios sexuales, incluidas fiestas salvajes y orgías, desde el hotel Carlton de la ciudad francesa de Lille. Comparecen también el ex jefe regional de la policía, funcionarios del hotel, un par de empresarios, un abogado, algunos lenones y varias suripantas. Todos tienen más que perder que DSK.


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa