REPORTAJE | POR PETER BRADSHAW

La estrella que surgió de ninguna parte

Peter O’Toole

Mientras encarnaba a Lawrence de Arabia también se dio tiempo para filmar Lord Jim, y en ambas cintas actuó con soltura, elegancia e increíble sensualidad. El debut del recién fallecido actor inglés fue así de los más brillantes en la historia.

Milenio Dominical
Milenio Dominical (Cortesía)

Reino Unido

Tal vez hubo otros actores tan hermosos como Peter O’Toole en su pompa de los sesenta, pero seguramente nadie tuvo unos ojos tan hipnóticos —los ojos de un seductor, un visionario o un anacoreta, un pecador o un santo. Ese rostro alargado, atractivo, sugería convincentemente algo inteligente y romántico. Pero también tenía algo tortuoso, sexualmente caprichoso y disfuncional, algo que ninguno de los personajes que interpretó pudo expresar enteramente.

En 1962, cuando ya había alcanzado 30 años, el desconocido Peter O’Toole hizo uno de los debuts más brillantes de la historia de Hollywood, interpretando al árabe volátil y esteta T. E. Lawrence, en la monumental producción de David Lean Lawrence de Arabia. Fue un inicio sensacional, tan grande como el que tuvo Vivien Leigh una generación antes en Lo que el viento se llevó. Era desenfadado, sofisticado, elegante, de alguna manera intensamente inglés —aunque O’Toole era irlandés y se sentía orgulloso de serlo— y también de una extraordinaria sensualidad.

He aquí a una estrella auténtica que había surgido de ninguna parte y que estaba casi totalmente formada: a diferencia de los nuevos leones jóvenes de la clase trabajadora, tales como Albert Finney o Michael Caine, con un refinamiento y conciencia propios que se podrían comparar con los de Laurence Olivier o Richard Burton. Y lo que fue tan extraordinario sobre Lawrence de Arabia es que fue una película en la que no participó ninguna mujer, y O’Toole fue un protagonista sin intereses románticos. Hizo todo lo que pudo por comunicar levemente la posibilidad de un erotismo homosexual. En otros roles O’Toole sería el favorito de las damas, pero este elemento de exotismo y peligro nunca lo abandonaron del todo.

Es increíble, pero aunque O’Toole fue nominado ocho veces para los Premio de la Academia como mejor actor, nunca ganó; y no quedó enteramente satisfecho con el Oscar honorario que recibió en 2003. Su última nominación fue en 2006, a los 74 años, por su interpretación del envejecido actor Maurice en Venus, de Roger Michell, atormentado por el deseo que sentía por una bella joven, interpretada por Jodie Whittaker. Fue una actuación clásica de O’Toole en un papel clásico de O’Toole: un personaje sórdido, sagaz y mordaz, ingenuamente perturbado por sus deseos sexuales; que busca refugiarse de sus sentimientos dolorosos en un frágil despliegue de erudición y afectación. Todo eso solo mostraba con más claridad su vulnerabilidad.

Los sesenta fueron su gran periodo: una estrella dinámica, bien parecida, que siempre prometía y entregaba algo especial. Fue nominado para el Oscar por su actuación en Becket, de Peter Glenville, en 1964, junto a Burton, y en El león en invierno, de Anthony Harvey, con Katharine Hepburn, en 1968.

Sorprendentemente, en ambos filmes interpretó al mismo personaje, al asediado Rey Enrique II. En Becket se enfrenta a Thomas Becket, interpretado por Burton, un santo en ciernes, y en El león en invierno se debate contra la ambición y resentimiento crecientes de sus hijos y esposa, Eleonor de Aquitania, interpretada por Hepburn. El papel hizo surgir el nivel majestuoso de O’Toole, su calidad altamente tensa, su habilidad para mostrar el miedo y la ira de un macho alfa en retirada. Fue un despliegue de fuegos artificiales, y tal vez se podría admitir que mostró su debilidad por la sobreactuación, que surgiría cual flor legendaria no en el cine, sino en el teatro, con su versión de Macbeth, en 1981. Pero estas películas mostraron técnica y logros reales.

En Adiós Mr. Chips, de Herbert Ross (1969), basada en la obra de teatro de Terence Rattigan, se ganó los corazones y las mentes con una interpretación tierna del director tímido que se enamora de Petula Clark, y en 1972 dio un giro extraordinario en la película La clase dirigente, de Peter Medak, rara vez vista hoy en día, en la que interpreta a un hombre joven que obtiene un título de conde cuando el titular muere en un incidente auto-erótico de estrangulación, y revela que cree que es Jesucristo. Es un relato bizarro, estrafalario y descabellado. Solo O’Toole podría haber logrado trasmitir su total rareza inglesa.

A partir de ese momento, la carrera de O’Toole decayó, pero en los ochenta hizo dos filmes sobresalientes —ambos sobre el cine y el mundo del espectáculo— con los que recuperó la atención del público. En Profesional del peligro representa a un director de cine megalómano, adicto a recorrer la locación en su grúa, desde donde ve las tomas aéreas desde la perspectiva de Dios.

Y Mi año favorito, de Richard Benjamin (1982), que es mi película preferida de Peter O’Toole. Se basa en reportes deslumbrantes de la caótica aparición del envejecido y borracho Errol Flynn en el programa de Sid Caesar, Your Show of Shows, en los cincuenta. O’Tool interpreta a una estrella de Hollywood amigable, pero deslavada, de la edad de oro, que es invitada a un show de variedades de TV de gran audiencia. Para el alivio y gusto de todos, en el ensayo se revela ante los presentes como una especie de comediante natural, pero eso solo se debe a que no comprende del todo que el programa será transmitido en vivo, y que no tendrá la prerrogativa de los actores de cine de pedir que se haga una nueva toma. O’Toole mismo es una delicia total en Mi año favorito, con un soberbio toque cómico y un sentido brillante de cómo darse a notar.

Su legendario estatus estaba más allá de cualquier cuestionamiento, y siguió trabajando infatigablemente, saliendo de su retiro, este año, para representar a Gallus, el orador romano, en el drama de época Katherine of Alexandria. Esta fue su última película.

Pero siempre será recordado por su actuación, a la que aportó tanta pasión y poder, como Lawrence de Arabia, quien encabezó una fuerza árabe contra el imperio otomano y enfureció a los embotados conservadores que formaban la clase oficial del ejército británico. Llevó a la pantalla del cine excitación sensual pura y peligro. Qué tristeza que haya fallecido. D

© The Guardian

Traducción: Franco Cubello