Un estafador necesita tu dólar

Función Dominical 
Leonardo DiCaprio
Leonardo DiCaprio (Milenio Dominical )

México

¡Ah, los ochenta! ¡Qué tiempos de decadencia y juerga! Quien esté convencido de que los brokers son la peor estafa, vea El lobo de Wall Street para confirmar sus convicciones, aunque vale la pena preguntar: ¿el boleto es una estafa más?

Desde el punto de vista artístico, definitivamente no. El lobo de Wall Street se suma al "Greed is good", ese maravilloso discurso contra el capitalismo que hacía Oliver Stone en Wall Street. En cierta forma, Martin Scorsese está recuperando el espíritu de ese capitalismo en el que se mira bien sonar anticapitalista. La impecable fotografía del mexicano Rodrigo Prieto es un deleite.

Puede que los personajes carezcan de profundidad, pero más que drama, y hay que decirlo, esto es comedia negra. DiCaprio ha salido para siempre del papel de "King of the World" en que lo encasilló Titanic. Su estrategia como actor ha sido inteligente: trabajar con autores que nadie puede ver mal: Allen, Tarantino, Scorsese.

No es la primera vez que Jordan se vuelve notorio por su cinismo (un cinismo que ciertamente DiCaprio transmite rompiendo la cuarta pared). En el 2000, la película Boiler Room de Ben Younger también se inspiró en él como representante de la cultura de la avaricia, la cultura estadunidense tan llena de esas contradicciones que aquí llaman doble moral. Y es que Belfort fue sentenciado a menos de dos años de prisión por haber estafado miles de millones de dólares aunque, al final, solo tiene que devolver 110 millones. Con esta historia, Martin Scorsese está dando a los estadunidenses lo que los estadunidenses aman más de su cultura: un mafioso triunfador. Hay que revisar los clásicos de Hollywood para confirmar que no miento. Desde Little Caesar hasta El Padrino y últimamente los criminales de Wall Street, son más que una sombra de Norteamérica: son una aspiración. La cultura de Estados Unidos realmente admira a estos hombres y mujeres sin escrúpulos que se adueñan del mundo robando, matando, estafando. La diferencia en este caso es que la complicidad con el estafador en turno es algo más que solo estética. En la producción de la película (y por tanto en el precio del boleto) el espectador está ayudando al señor Belfort.

Desde que salió de la cárcel, Jordan Belfort ha estado juntando para pagar los 110 millones de dólares que todavía debe. Para ello se ha puesto a dar charlas de motivación personal, lo cual muestra que la intuición es cierta: un mafioso motiva al público sediento de fortunas hechas de la noche a la mañana. Pero aún hay más, El lobo de Wall Street vende sus memorias y vuelve a ser millonario, más tarde vende a los grandes estudios los derechos para filmar su vida y hoy es tan rico que tiene ya a un lobby de abogados que lo defiende para que no tenga que pagar lo ganado. Lo dicho, Scorsese ha dado a los estadunidenses lo que ellos quieren ver: un pobre capitalista arrepentido que guiña el ojo y pide un dólar para pagar su deuda. D