"Del teatro vengo, al teatro voy": María Elena Sandoval

La actriz evoca sus inicios en las artes escénicas, las enseñanzas de su paso por Europa y Asia, y su experiencia frente a las cámaras de cine y televisión, además del placer del doblaje y los ...
María Elena ha participado en teatro, cine y televisión, aunque prefiere el primero.
María Elena ha participado en teatro, cine y televisión, aunque prefiere el primero. (Omar Meneses)

Ciudad de México

María Elena Sandoval (Ciudad de México) recibe a Dominical MILENIO en su casa, una privada al sur de la capital. Sonriente, amable, con un conjunto negro, falda y blusa sin mangas, invita al reportero y al fotógrafo a pasar al jardín. El viento sopla ligero, la tarde está fresca. "¿Gustan un mezcal? Está un poquito fuerte. ¿O prefieren agua?", interroga.

"Mi búsqueda espiritual es el tao de la física; somos energía en movimiento"

María Elena es una mujer activa. Estudió en la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, lengua francesa en el IFAL, arte escénico en la Escuela Internacional de Teatro de Jacques Lecoq en París e hizo varios talleres: ópera china, clowns y la técnica Decroix, quien fue maestro de Marcel Marceau. Vivió en Europa un tiempo y estuvo en Asia cultivando el teatro-danza kathakali. Aun si es esbelta, dice que le fascina la comida, sobre todo la oriental.

Ha participado en teatro, cine y televisión, aunque prefiere el primero —"es de donde vengo y adonde voy". En televisión ha figurado en telenovelas como Mi corazón es tuyo y Cuando el dinero nos alcance. En cine ha participado en Después de Lucía y en Cineminuto en contra de la piratería, aunque probablemente lo que más se conoce de ella sea su voz, ya que también ha hecho doblaje: la voz de un hada en Tinkerbell 4 y Nébula y Paige, entre otros.

¿Qué te motivó a estudiar artes escénicas?

Estaba muy chiquita, estaba en la primaria, y el maestro de deportes nos ponía a actuar en vez de hacer deportes, nos poníamos en grupos y decía: "Pasen dos, tres". Improvisábamos frente a los otros y yo sentía que de repente hacía cosas y se reían, entonces decía: "¡Ay!, me gusta esto". Causa efecto de esa sensación.

¿Qué te inquieta más del teatro infantil?

Lo he hecho en diferentes momentos, cuando empecé y ahora, que acabo de terminar una temporada de teatro escolar del INBA, estábamos en el Centro Cultural del Bosque y se llamó La mujer que mató a los peces. Es una adaptación de un cuento de Clarice Lispector, escritora ucraniana, pero que se desarrolló en Brasil; le habla a los niños muy en directo con la verdad y no como tontos, que no lo son, al contario, menos ahora. También hice varias temporadas larguísimas de la obra Mejor jugamos, que trata sobre los juegos tradicionales mexicanos.

Es muy importante la primera obra de teatro que ves cuando de niño, porque muchas veces vas y te aburres horrores, dices "¿qué es esto?". Es importante que los niños tengan una referencia de una obra para que les abran la oportunidad de acercarse al teatro de una manera divertida, que aprendan y, sobre todo, que tengan un espacio donde sus sentimientos puedan ser, expandirse, emocionarse.

Hicieron una obra de Fernando Pessoa...

Sí, Pessoa, ¡guau! Retomamos un texto de poesía de Fernando Pessoa. Un montaje donde éramos tres mujeres y decíamos distintos textos, era una voz femenina, Memorias prestadas, estábamos allí frente al mar —¡hermanas, manténgase atentas!— hablando frente a la muerte y era el mar, siempre el mar presente. Fue un montaje particular, como una inspiración de nosotras y de la directora; no estaba el texto escrito. Eso de tomar la poesía así directamente, hacer que hable como si fuera dramaturgia, es divertido, es como encontrarle la acción en la poesía.

Yo conocí más a fondo a Pessoa a partir de eso. Y después tuve la oportunidad de ir a Lisboa y me fascinó, como que me llegó toda la profundidad y la nostalgia sobre la existencia que Pessoa tenía y lo que sentía. De este tipo de montaje hice otras obras como A quien amor maltrata, que era un diálogo de puros sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz, lo hice hace mucho tiempo allá en París, cuando estaba estudiando con Lidia Margulies y José Antonio Cordero.

¿Cómo te fue en Europa y Asia?

"La primera obra de teatro que ves de niño debe abrir un espacio donde tus emociones se expresen"

Salí de la escuela, estuve trabajando aquí un ratito y después pedí una beca en el Fonca para estudios en el extranjero. Me fui a Francia, a la Escuela Internacional de Teatro Jacques Lecoq, y allí estuve un año que duraba el curso del Laboratorio de Estudio del Movimiento. Lecoq tiene la carrera de actuación en dos años y el Laboratorio de Estudio del Movimiento, que es como un departamento escenográfico, trabajábamos física y actoralmente con Lecoq en una seción, una con un arquitecto y una con su hija Pascal, construimos una escenografía para el Fausto de Goethe y actuábamos.

Como contaba con el apoyo por mitad del Fonca y del INBA, pude hacer también otras cosas. Me metí después a la escuela a estudiar la técnica Decroix, de mima corporal. Decroix fue maestro de Marcel Marceau y después de un año lo mandó a hacer su pantomima ilusionista. Decroix trabaja sobre la abstracción del movimiento, y le funciona al actor al estar en escena o al bailarín, e incluso frente a una cámara haciendo cine, trabaja la geometría del cuerpo. Me apasioné, era como descubrir el devenir de la existencia en movimiento, como meditar, como encontrar allí algo.

Todo fue una gran apertura en mi vida, porque fueron casi cuatro años que me fui. Lo de Asia fue algo muy personal, me dio también por querer meditar, fuimos a viajar tantito, tenía mes y medio de mi viaje y lo alargué a tres meses. Llegué a Indonesia, me llamó la atención la danza balinesa, las máscaras, Bali es un país paradisiaco porque parece que todos son artistas. En la mañana todos cosechaban arroz y en la noche todo mundo tenía su espectáculo, la relación que tienen con la naturaleza y la cultura no está separada. Viajé nueve meses, me quedé un rato en India, estudié kathakali, que es el teatro danza tradicional del sur de Asia y son historias del Ramayana y del Mahabharata, que las ponen los actores.

Los actores orientales trabajan la precisión, son muy, muy obsesivos. Lo que tiene en la cabeza el actor son ritmos, no es nada de lo psicológico ni de preguntarse lo de Edipo, se trabaja la presencia escénica, que naturalmente cuando los ojos humanos ven un cuerpo en escena que te atrae, entonces se trabaja sobre esa presencia, las historias las conocen todos los espectadores, por años, por milenios, el público va a ver cómo se lleva a cabo.

Has hecho televisión, cine, teatro. ¿Qué te gusta más?

El teatro es de donde vengo y adonde voy, hasta este momento es lo que más he hecho, en donde más he estado. He tenido la oportunidad de hacer algunas cosas en el cine y me gustaría hacer más, pero como que son circuitos muy cerrados. El trabajo es muy distinto, debes tener una conciencia distinta del manejo de las cosas, ya que son lenguajes diferentes. Los procesos son los que más me gustan, la investigación, tener cinco horas de ensayo, buscar y divertirse.

En televisión también he hecho algunas cositas, lo padre es que vas los días que tienes llamado y en tres patadas terminas, tienes el texto o el apuntador, no he hecho tanto de televisión como me gustaría. He hecho mucho publicidad, eso también, no es que sea gran cosa, pero me di cuenta que era bien sencillo tener todos los ingresos que no tengo en teatro en un día de llamado de publicidad.

No es gran cosa, pero yo te he visto en un comercial de piratería

Sí, claro, Cineminuto contra la piratería, ese lo dirigió Michel Franco, con quien antes había hecho dos cortometrajes, había trabajado con él en Canal 11; luego hizo Después de Lucía, película a la cual me invitó a participar. Mi personaje era la mamá del chico que matan, pero tú haces tu trabajo y nunca sabes qué va a pasar en la edición final en cine; cortó muchas cosas y cambió el final para que no fuera melodramático, cortó sobre todo las escenas en las que yo participaba más.

Sobre teatro y política, háblanos de Crisis...

Crisis modelo para armar es una obra de Javier y Antonio Malpica basada en la crisis del 94, cuando todo se devaluó con Salinas de Gortari. Era bien padre esta obra cuando tú la leías, decías "¿qué es esto?". Javier y Toño son súper conocidos, son grandes escritores. Toño es músico y la obra es de Javier, la estructura no era aristotélica: principio, medio y final; sino que se iba construyendo de las historias de cada personaje en distintos puntos de vista. Se hizo en comedia y musical, esos eran varios retos. Tenía que cantar, así que me metí a clases de canto y a entrenar. La obra era un retrato de estas historias vistas desde la crisis, de cómo todo se fue para abajo y la vida de todos los personajes también. La crisis nos pegaba de afuera en lo social y en lo económico hasta una crisis personal. Me divertí mucho, fue por un año. Cuando apenas se empezaban hacer obras en el Foro Shakespeare, no era en ése momento lo que ahora es.

Eres antiheroína, haces la voz de Nébula en Los guardianes de la galaxia...

Una mala, sí, yo jamás lo pensé. Para mí el movimiento era lo inmediato y lo más fácil, y cuando llegué a México a buscar trabajo, después de que estuve en el Tíbet, lo primero que encontré fue en la radio, dejé mis datos en Radio Educación y me llamaron de Radio UNAM. Dejé un demo y ¡puf!, me contrataron y ni hablar, me encanta, fue un gran descubrimiento y se ha vuelto como una de las formas también de sostenerme, porque llevo trabajando 15 años en Radio UNAM. A partir de ahí y con la película El viaje de Chihiro, cuando vi los extras en la película, vi cómo lo doblaron, me pareció divertidísimo y dije: "Yo quiero hacer eso".

¿Escritor favorito?

Van cambiando. Pessoa se volvió favorito, Lispector, y es que a muchos los voy conociendo también así, no soy una gran lectora, pero me gusta mucho Jorge Ibargüengoitia, sus personajes y cómo se burla, algún tiempo también Milan Kundera. Me encanta el humor.

¿A quién releerías?

He tenido otro tipo de lecturas, de lo espiritual mi búsqueda sería el Tao de la física. Somos energía en movimiento. Sueño de una noche de verano es maravillosa, la presentamos en el Cervantino, un gran montaje, y es con la compañía con la que trabajo, la dirección de Juliana Faeser y Clarissa Malheiros. Juliana muy acertadamente retoma la historia de los enamorados de Shakespeare y todo eso lo pone en un plano donde todos somos parte de una orquesta que estamos en un ensayo, es allí donde se realizan todos estos encuentros y amoríos. Éramos más de 50 personas en la sala Miguel Covarrubias y en Guanajuato en el teatro Juárez, súper divertido, a todos nos llena de vida además de trabajar con músicos que también se paran y actúan.

¿Qué proyecto tienes en puerta?

Empiezo temporada en el teatro Benito Juárez, retomo El inspector, que es una adaptación de un texto de J. B. Greasly, escritor inglés que hace Clarissa, y le pone un enfoque social, hace una adaptación. Un texto medio viejito, costumbrista, y lo readapta. Por otro lado, estoy en un laboratorio haciendo un proyecto personal, es como una clínica, y mi proyecto va un poco sobre la contradicción, según esto, no puede existir la contradicción, pero somos producto de la contradicción constante que es la vida, eso genera vida y puede ser que no, pero nos confunde a veces.