"La creatividad debe sobreponerse a la edad": José Manuel Aguilera

"Empecé a tocar de casualidad; en casa había una guitarra y listo", el romance de José Manuel Aguilera con la música no tiene demasiadas florituras.
José Manuel Aguilera encontró en La Barranca su proyecto más personal y longevo.
José Manuel Aguilera encontró en La Barranca su proyecto más personal y longevo. (Omar Meneses)

Ciudad de México

"Empecé a tocar de casualidad; en casa había una guitarra y listo". El romance de José Manuel Aguilera con la música no tiene demasiadas florituras. Desde aquél momento no ha cesado en su búsqueda, y luego de pasar por Sangre Azteka, Nine Rain y Jaguares, encontró en La Barranca su proyecto más personal y longevo.

¿Los caminos del rockero son como los imaginaba?

En general no. Nunca me habría imaginado que cumpliría 20 años con una misma banda como La Barranca. Cuando empezamos nos preocupaba el toquín del fin de semana. Si algo me ha enseñado la profesión es a no tener expectativas.

¿Expectativas en los demás o en uno mismo?

En nada, porque todo es muy impredecible. Lo que sí puedes tener es fe en ti y en lo que haces. Todo músico necesita de una parte mística o espiritual para creer en cosas inmateriales, dado que la música lo es.

Ha pasado por varios proyectos, incluso La Barranca cambia continuamente de alineación, ¿es una persona difícil?

Sí, y mi mujer me lo repite con cierta frecuencia. Pero tampoco soy más difícil que cualquiera, lo que pasa es que defiendo mi proyecto.

¿Por qué pasa tanto músico por La Barranca?

Lo más difícil de este negocio es no perder la emoción al entrar a un estudio, y eso es lo quiero para la banda. Desde su origen, La Barranca se formó por músicos con trayectoria que coincidimos por intereses. No es una cuestión gremial o fraternal. Así que es entendible que después quieran hacer otras cosas.

¿Hoy qué es el rock?

Es un espíritu que se oculta y luego no se deja ver. No tiene que ver con los instrumentos, pero sí con una actitud de tomar la creación musical con cierto riesgo y con la crítica a la realidad. El rock tiene que mostrar otros lados de la vida y no puede ser celebratorio; tampoco es que deba ser contestatario, pero si un poco más crítico.

¿En algún momento pensó en tirar la toalla musicalmente?

Sí, es normal dudar. Mi momento más álgido fue a finales de los noventa, principios del dos mil, porque las condiciones estaban muy locas. Habíamos coqueteado con disqueras y no funcionó. Hace rato hablaba de la fe y la fe necesita pasar por las dudas para fortalecerse.

¿Qué otra cosa podría haber hecho?

Muchas cosas, quizá me hubiera gusta escribir, de todas formas me alegra haber prolongado mi recorrido por la música.

¿A qué edad se fue de casa?

Como a los 18 años, primero tuve que terminar una carrera y después neceé más con la música. Viví en Europa un tiempo porque quería ver grupos.

¿De qué vivía?

Al principio tenía una beca pero luego me quedé ahí, trabajé de bar tender y en mudanzas. Me la pasé bien pero sabía que tenía que volver a México.

¿Hay diferencia entre rockero y ruckero?

No sé, tú dímela. Todo rockero acaba siendo un poco ruckero pero el chiste es que lo primero prevalezca, la creatividad debe sobreponerse a la edad.

¿Le preocupa?

Sí, cada vez pienso más en la edad. Es un ingrediente más en el repertorio de cosas en qué pensar. Ahora el cuerpo ya me pone límites.

¿Qué extraña de aquellos años?

No extraño las drogas, estuvo bien lo que me tocó... Pero lo que sí extraño es la capacidad de reventarte y permanecer en la fiesta por varios días consecutivos.

RECUADRO

Nació en la Ciudad de México en 1959. En 1987 formó Sangre Azteka, posteriormente se sumó a La Sociedad de las Sirvientas Puercas y por un corto periodo participó con Caifanes y Jaguares. Al lado de Jaime López grabó los discos, Odio Fonky y No más héroes por favor. En 1996 fundó La Barranca, banda que tiene en su haber los álbumes El fuego de la noche, Rueda de los tiempos, Piedad ciudad y Eclipse de memoria, entre otros.