“Mi vida ha estado llena de historias, aventuras y caídas”: Eugenia León

La cantante, quien el miércoles 16 recibirá el Premio a la Excelencia en la entrega del Grammy Latino, habla de cómo con la madurez ha logrado el equilibrio en su vida y en su profesión; de sus ...
La cantante dijo que siempre quiso envejecer, ya que estaba aburrida de saberse joven y sentirse infeliz.
La cantante dijo que siempre quiso envejecer, ya que estaba aburrida de saberse joven y sentirse infeliz. (Édgar Negrete)

México

El próximo miércoles Eugenia León recibirá el Premio a la Excelencia por parte de la Academia Latina de la Grabación en Las Vegas, distinción que “agradezco”, pero que no esperaba, ya que asegura que “nunca he trabajado para recibir premios”.

  De hecho, la cantante, quien lo mismo ha interpretado la obra de Francisco Gabilondo Cri Cri, que la de Agustín Lara, destaca que uno de los principales premios que ha obtenido a lo largo de su trayectoria “es seguir vigente y seguir gozando de mi libertad”, a pesar de que siempre ha remado contracorriente.

Entonces, ¿cómo se logra la excelencia y qué representa para ti?

Representa mucho, porque nunca he esperado un premio por mi trabajo. Más bien, mi premio ha sido mi propio trabajo, mi libertad para hacerlo, porque todo tiene precio, los momentos en que me he visto sin disquera o sin la atención, sin recursos, a veces con poca respuesta del público, eso me ha incentivado a ser todavía más acuciosa en el cuidado de mi trabajo, de inventarme cosas, de exprimirme para crear cosas distintas, porque si no, no solamente yo me puedo aburrir, sino también al público que me sigue y el que no me sigue.

   “Yo no puedo estar en la misma frecuencia de los repertorios, aunque ahora, gracias a este reconocimiento, todo viene a mi memoria, todas las cosas que pasaron para hacer cada disco, cada espectáculo. El aventurarme por el mundo de la conducción en Canal 22, ser conductora de un programa de radio de la Fonoteca Nacional, de otro en Código DF e incluso aventarme hasta a ser actriz en lo que fue El hábito.

   “Mi vida ha estado llena de historias, de aventuras y de caídas, pero nunca he tenido un año sabático, no he dejado los trastos y he dicho: Me voy un año a meditar, de monja o a pintar. Desde que tengo memoria he trabajado, solo cuando nació mi hijo, los tres primeros meses de su vida deje de hacerlo”.

En esa mirada hacia atrás que te ha provocado la noticia de que recibirás un premio, ¿qué te provoca más emoción?

La emoción se generó desde el momento en que me dieron la noticia, desde que Gabriel Abaroa, presidente del Grammy, me habló para avisarme que me darían el Premio a la Excelencia. Una decisión que agradezco mucho a la Academia, porque no soy una persona desagradecida ni soberbia. Al contrario, que alguien reconozca el esfuerzo que ha sido para mí trabajar en un país, en el que si no estás protegida por alguien, por una empresa o por una pareja, andas como veleta y tiendes a desaparecer, porque si no vendes muchísimos discos, no significas nada para nadie. Es un gran honor.

¿Cómo has superado esa situación, después de tantos años para mantenerte vigente?

Siempre y para todo existen los caminos alternos, no ha habido  supercarretera para mí, pero las veredas también te ayudan a llegar, y yo he sido de vereda.

Los años nos dan madurez y dicen que ésta nos permite tener otra perspectiva de la vida. ¿Cómo está actualmente Eugenia, cómo ve la vida?

Mucho más serena, no pienso ni en el Atalaya, ni en el paraíso, siempre pensé que quería envejecer, de repente estaba aburrida de saberme joven y sentirme infeliz. Infeliz en el amor, batallar con el trabajo, batallar con una bola de cosas, de quedar bien entre comillas,  ahorita siento que sin ser todavía de la tercera edad, del todo (risas), soy una señora que puede estar serenamente, que con lo único que tengo que batallar es con mi salud, de que no me duela lo que me duele, el cuerpo.

   ”Claro, tengo el dolor normal que tenemos todos los mexicanos, pero ya no me voy a extender en ese tema, porque se acaba la entrevista. La sopa del engaño y aparte nos dicen flojos, feos, pero cómo,  si somos un pueblo maravilloso, trabajador, lo que pasa es que si le cierras la puerta a la gente, no se vuelve muy buena.

   “Si solo encuentra pobreza, dolor, pues a dónde se va a ir, no le queda más que la delincuencia, esas cosas que nos duelen mucho. Yo siempre he querido decir cosas alentadoras, aunque tampoco quiero volverme una demagoga de nuestras desgracias, pero como decía Monsiváis: También la ironía funciona. A través del juego de la fascinación de la música, nos permite reflexionar y esa es mi jugada, siempre ha sido”.

¿Eres consciente de la influencia, de la compañía, quizá de la alegría, o por qué no, hasta de la tristeza que le has provocado a la gente a través de tu canto, alguna persona te ha dicho lo que tus canciones le han provocado?

Demasiadas y algunas no te las cuento, porque lloro, pero te puedo decir qué me emociona mucho. Varias chicas me han escrito y me dicen: “Te quiero, porque mi mamá me cantaba cuando yo estaba en su panza, y ahora yo le canto esos temas a mis hijos, y ellos te quieren y eso es muy bonito.

Dices que vives una serenidad, ¿cómo logras el balance entre la artista y la mujer, entre la profesión y la vida personal?

Para cualquier mujer que trabaja y tiene hijos tiene que hacerle como si fuera un equilibrista, de un lado los platos y luego del otro el hijo, y tienes que hacer un montón de piruetas.

   “En lo sentimental, la he regado un montón de veces. Me he equivocado tantas, y he llorado por no sentirme querida de verdad, sino nada más por lo que represento. Pero de pronto uno empieza a analizar y a reflexionar y  con la edad empiezas a decir, Bueno, si estar solo no es nada malo.

   “Además, el amor puede estar traducido no en una persona, y menos en una que no te corresponde como debe ser. El amor está en la vida misma, en lo que te provoca tu trabajo, en ver a los seres que más amas: tu hijo, tus hermanos, tu madre. Que todos estén bien, que actúes con rectitud, que sepas reconocer tus errores.

   “Yo me he equivocada 200 veces y ya no es culpa de las personas, es mía. En los discos a veces también la he regado o en los conciertos, a veces no conecto con el público, y te sientes pulga, dices, se me está saliendo la gente, porque me equivoqué.

   “Pero ya no sufro tanto por mis errores como antes, por mis grabaciones que a veces no eran tan perfectas, por mis errores con algunos amigos, por cosas de trabajo que dejé ir por mis tonterías, por mi falta de carácter, por mi inseguridad o dejar que la envidia o golpes bajos que me han dado personas de mi gremio me afectara.

   “No, ahora ya digo: Al carajo, ahora ya me digo, no lo tomes personal, porque esa persona solo tiene frustración y te quiere dañar. Aunque también pienso que uno debe escuchar cuando te dicen: estás equivocada, pero lo hacen con honestidad.

   “Porque además uno no puede vivir en una caja de cristal, donde solo recibas halagos o encumbramiento de tu ego, uno debe estar bien plantada en el piso, esa es precisamente la tarea, de ser realista, de saber que vales, pero no eres Dios.

   “No, eres simplemente una persona que tiene un trabajo privilegiado y lo agradeces”.