Siempre hay sitio para un espía

Función Dominical.
El aprendiz.
El aprendiz. (Irish DreamTime)

Ciudad de México

Hay personajes que nacen con suerte. James Bond, por ejemplo, arquetipo de todos los espías del mundo, aun de nuestro Filiberto García, héroe de El complot mongol. Me parece indiscutible que Bond tiene más elegancia que cualquier otro; un estilo inigualable para amar, matar y caer al suelo con el pelo bien peinado. El 007 es la única vara con la que vale la pena medir todo el cine y la literatura de espionaje. Hay mejores historias (las novelas de Ludlum, por ejemplo) y las hay peores (casi todas); El aprendiz pertenece a estas últimas, pero un verdadero amante del género la tiene que ver.

Está Pierce Brosnan para empezar. Que yo recuerde no lo hizo tan mal como 007. Tenía cierta elegancia y además el acento (que no dejó nunca de ser irlandés) era fuente de misterio. Parecía un hombre capaz de interpretar a cualquier otro hombre, algo que uno espera de un espía a la altura de James Bond. Pues bueno, el aire sofisticado e inquietante de Brosnan se ha esfumado. Aquí no le va bien ni el acento ni el aspecto desaliñado de un súper agente que, lejos de pertenecer al Servicio Secreto de Su Majestad es ex agente de la CIA. Para todo hay niveles y ser degradado del SIS para volverse veterano de la Agencia Central de Inteligencia es como pasar de Boina Verde a policía municipal.

La historia tampoco estaba mal. El aprendiz está basada en una famosa serie de novelas de pulpa (esos libritos corrientes que la gente compraba en los aeropuertos cuando no existía el internet) escrita por Bill Granger, un periodista que decidido a volverse millonario imitó el estilo de Ian Fleming y consiguió dos o tres éxitos en la década de los setenta. El problema no es, por tanto, ni el actor ni la historia, el problema está en la adaptación y es en este punto donde vale la pena considerar El aprendiz para la reflexión ligera de una función dominical.

Y la reflexión es esta: que el único espía que en el cine y la literatura ha sobrevivido al fin de la Guerra Fría es el 007. No importa ni siquiera ya si lo escribe Fleming. Bond tiene ese algo que trasciende los años y se presta a adaptaciones sin fin. Tenemos, por ejemplo la extraordinaria Skyfall dirigida en 2012 por Sam Mendes: Bond revive avejentado y con un aire sesentero que no ha podido mantener ni siquiera el Bourne de Ludlum, un personaje que, a decir verdad, vale mucho más desde el punto de vista literario que toda la obra de Fleming.

No sé si el mundo de antaño era más simple: estaban los rusos malos y adustos, las rusas guapas y tímidas, los estadunidenses traidores y los ingleses buenos. La geopolítica del siglo XXI es, quién lo dijera, todavía más complicada que la de los años sesenta y no ha llegado el autor de pulpa capaz de entrarle a este mundo con intriga y buen humor.

En fin, hay que ver El aprendiz no tanto por sus virtudes sino para regresar al clasicismo de las grandes historias setenteras, que tantas charlas sabrosas produjeron en una antigua función dominical.

 

El aprendiz (The November Man). Dirección: Roger Donaldson. Guión: Michael Finch y Karl Gajdusek basados en el libro de Bill Granger. Música: Marco Beltrami. Fotografía: Romain Lacourbas. Con Pierce Brosnan, Luke Bracey, Olga Kurylenko y Will Patton. Estados Unidos, 2014.

@fernandovzamora