Los DJs, obligados a evolucionar

Musicópata.
Musicópata
(Especial)

Ciudad de México

La música que predomina hoy en fiestas y celebraciones es la que ponen los disc jockeys. La situación económica general justifica en parte la ausencia de músicos en vivo, pues sale más barato pagarle a un chavo con tornamesas y bocinas que a un conjunto o a una orquesta. Pero también hay una degradación del gusto popular, que se conforma con la música trillada y simplona que se le da.

Entre los DJs hay de todo: buenos y malos. Los buenos saben entender al público. Se esfuerzan por ofrecer música bailable adecuada al perfil de la gente —joven o vieja, estirada o alivianada—, para que la mayoría se anime a pasar a la pista en algún momento. Y saben controlar el nivel del volumen para respetar a quienes no desean bailar y prefieren platicar en sus mesas. Desgraciadamente abundan los malos DJs. Son los que tienen un catálogo programado a base de temas de cajón orientado al público juvenil, y creen que tocar al más alto volumen es lo mejor. Es una lástima que el baile en eventos haya caído en manos de pésimos DJs, porque han ido erosionando el gusto musical de una juventud que ya no conoce uno de los principales atractivos del baile: tener en los brazos a la pareja y decirle cosas bonitas al oído.

El tradicional ritual de apareamiento se ha convertido en una boba expresión corporal sin encanto alguno en la que el alto volumen del sonido impide hablar. Las parejas bailan separadas a base de brincos y ondulaciones que, observadas con atención, son ridículas; más aún cuando van acompañadas de expresiones faciales que pretenden ser sexys o lujuriosas. Así, las pistas no pasan de ser exhibiciones de zombis haciendo aeróbics al compás de pitos y tambores.

La música que se está tocando es básicamente de estilo tropical: cumbia, salsa o merengue. Nada malo hay en estos ritmos, pero la falta de imaginación de los DJs ha creado una rutina que repite y repite las mismas piezas que se vienen oyendo desde hace décadas, y ya aburrieron.

Ya chole con temas como “La Bomba”, “Disco samba”, “No rompas más”, “El baile del perrito”, “El mariachi loco”, “Payaso de rodeo”, “Sergio el bailador”, “Mayonesa”, “Juana la cubana”, “El venao”, “Macarena”, “Levantando las manos”, “La ventanita”, “Sopa de caracol”, “Que te la pongo”, “Suavemente” y demás del mismo catálogo.

Los DJs están obligados a evolucionar. Tienen que ser más originales, incorporando piezas frescas a sus programaciones. Es urgente ofrecer una mayor variedad de géneros y ritmos bailables. Y también es indispensable controlar el nivel de volumen. Esto puede lograrse a base de un mayor número de bocinas pero con menos decibeles, o con reflectores parabólicos suspendidos directamente sobre la pista. Así, quienes están en las mesas no se verán agredidos por la masa sonora incontrolada que se les arroja encima.

Los DJs son ya ingredientes básicos en las fiestas y celebraciones. Pero ya va siendo hora de recuperar el atractivo ritual del baile y rescatar el placer de la conversación entre los que no suben a la pista. Para ser un buen DJ no basta con tener los aparatos, cobrar barato y sonar fuerte. También hay que tener alma de músico y cariño por el público, cualidades que no abundan.