La diferencia entre un cómico y un payaso

Función dominical.
Función dominical
Función dominical (Universal Pictures)

Ciudad de México

Pueblo chico, pistola grande; con este título alburero los distribuidores mexicanos han bautizado la última película de Seth MacFarlane. Y no va mal porque (aunque los mexicanos solemos creer que somos los únicos que sabemos alburear) MacFarlane lo hace bien. A la gringa, se entiende.

MacFarlane se ha convertido en uno de los jóvenes más prometedores en la comedia hollywoodense. Más allá del chiste vulgar, sus historias tienen esa moraleja que tanto gusta a los consumidores del mundo. Los lectores recordarán a Ted, ese muñeco de peluche que sacaba adelante una premisa que de inicio parecía atroz. Solo un extraordinario cómico y guionista es capaz de semejante proeza: con una sinopsis idiota crear una película en la que si uno se lo permite suelta la carcajada.

Con Ted, MacFarlane consiguió la fama para filmar en Hollywood y además, con él de protagónico. El tema de fondo sigue siendo el mismo que en Ted un “atrévete a crecer” que nos permite adivinar que Pueblo chico, pistola grande está dirigido sobre todo a pubertos y adolescentes. No es que un adulto no pueda o no sepa reírse de esta clase de chistes, pero es verdad que cuando los misterios del amor carnal han sido develados por completo el chiste del nerd enamorado de una prostituta pierde vigor.

Las “influencias” de MacFarlane están muy relacionadas con estas, sus dos grandes películas: Ted y la Pistola grande que nos ocupa. Como es sabido, el hoy actor, director, guionista y productor comenzó trabajando en la industria del entretenimiento de Estados Unidos doblando a personajes de caricatura. El salto es evidente: de los cuentos para infantes ha cruzado a los cuentos para niños ya entraditos en la pubertad. Así, en su cine siguen presentes los elementos de todas aquellas películas que gustan a los chiquitos aunque toca temas que comienzan a volverse importantes llegados a cierta edad. A saber: el primer amor, el adiós a la infancia y, más importante que todo: la amistad. Tanto Ted como Pueblo chico... son historias que giran en torno a la forma en que cambia este concepto, “amistad”, cuando el amor erótico entra en escena y el mejor amigo se enamora de la mujer que inevitablemente exige al héroe escoger entre seguir siendo para siempre un puberto que se ríe de chistes sexuales o un adulto capaz de afrontar los compromisos que exige el amor.

Creo que es interesante comparar esta película con fallidos intentos que se han dado en el cine mexicano. Andrés Bustamante y Emilio Portes trataron de hacer algo como esto y Víctor Trujillo, uno de los comentaristas políticos más importantes en nuestro país, lo ha hecho (con altas y bajas) a través de su personaje Brozo. La diferencia es clara y es profunda porque está en el guión, en la incesante repetición que distingue a un niño de un adulto y sobre todo en esa forma de narrar y hacer chistes que distingue a MacFarlane de un payaso por más que ambos hayan construido su fama y su carrera con base en el albur.


Pueblo chico, pistola grande (A Million Ways to Die in the West). Dirección: Seth MacFarlane. Guión: S. MacFarlane. Fotografía: Michael Barrett. Música: Joel McNeely. Con S. McFarlane, Charlize Theron, Liam Neeson y Amanda Seyfried. Estados Unidos, 2014.

@fernandovzamora