El día después

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Teleseries como The Walking Dead hoy sustituyen al viejo cine.
Teleseries como The Walking Dead hoy sustituyen al viejo cine. (Fox)

Ciudad de México

A muchos se les pusieron los pelos de punta cuando Quentin Tarantino soltó el año pasado en pleno festival de Cannes una frase que enojó a muchos: “El cine como yo lo conocía está muerto”. El cine en la televisión no es cine, advirtió. Dejó entender entonces que el cine que veremos en el corto plazo será otra cosa asociada con la televisión y las redes de internet. Y tiene razón. Los tiempos imponen sus modos, aunque a muchos no les guste.

El cine comenzó a morir desde que dejó de ser mudo, en los años treinta. El primero que le extendió un certificado de defunción fue Chaplin. Las voces de las estrellas eran gangosas, maleducadas. Se apresuró a decretar: “El cine ha muerto”.

Cada vanguardia en el cine desde sus orígenes ha sepultado a la anterior. Los cineastas de Brighton dejaron con el ojo cuadrado a los seguidores de sus contemporáneos Lumière y Méliès, quienes cautivaban a las mayorías con un cine atorado en la escena teatral. Los de Brighton hacían y deshacían con nuevas herramientas narrativas que fueron a dar, en algún momento, al otro lado del Atlántico, a manos de David W. Griffith, quien echó a andar enseguida el modelo narrativo cinematográfico que conocemos hasta ahora, el cual estaría dejando de ser el cine que conocemos de acuerdo con talentos del tamaño de Tarantino, David Lynch, Steven Spielberg, Peter Greenaway y Francis Coppola.

Hoy día muchos dan por inevitable esa transformación que, nos guste o no, es evidente ya a la luz de las nuevas tecnologías. De hecho, desde hace tiempo la industria estadunidense del cine y la televisión se han hecho una sola. Y no solo eso. Controlan ya los mercados, entre ellos el de la distribución. Es aquí donde nos toca de cerca el fenómeno. Un viejo entendido de los distribuidores hollywoodenses se mantiene vigente: significamos, desde la frontera norte de México hasta el extremo sur del continente, un porcentaje de ganancias que se mueve entre el uno y el cinco por ciento, de manera que no somos nada para ellos, al menos como mercado.

Eso explica que uno comience a ver las teleseries que fabrican a cambio del viejo cine y tenga que esperar un año por lo menos para que llegue la siguiente temporada. Pasa con series tan exitosas como The Walking Dead, Downton Abbey, Una historia americana de horror, Falling Skies, Fargo y un largo y patético etcétera.

Parece que por lo pronto, mientras se configuran de nuevo los modos de la industria con las variantes fílmicas en la televisión o a través de internet, seguiremos padeciendo las escasas alternativas a nuestro alcance. En México es un suplicio buscar una serie de televisión de actualidad en las dos o tres opciones disponibles.

De acuerdo con las reglas de la industria audiovisual es probable que nos hagan llegar a cuentagotas lo nuevo y nos saturen generosamente con sus desperdicios. Entonces sí, el cine podría morir del todo para nosotros en cualquiera de sus modalidades.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa