Fantasías de adolescente

[FUNCIÓN DOMINICAL]
Fantasías de adolescente
Fantasías de adolescente (Lonsgate)

Ciudad de México

“Ninfómana”. El adjetivo resuena con dejos de machismo y en Perversa Adicción parece dirigido contra toda mujer que, a pesar de tener pareja y familia “perfectas”, quiera más. La película no tiene la profundidad de Ninfomanía de Lars von Trier. Mucho menos la reflexión ácida de Clip, esa cinta serbia del 2012. Perversa adicción es, como sucede con el cine que ve en el arte un producto y no una forma de expresión, un cine más bien flojo.

Lo que sí comparte Perversa adicción con Ninfomanía de Von Trier es el discurso misógino porque parece decir: “Una mujer ganosa es perversa”. ¿Será? Yo espero que no. Mucho menos esta hermosa mujer que va al psicoanalista para que la cure de sus excesos de sensualidad.

Perversa adicción comienza cuando la guapísima protagonista entra en un consultorio y pide discreción. La otra mujer confirma lo que ya se sabe con respecto al secreto profesional y, antes de poder invocar a Freud, ya están las dos introduciendo al respetable en la tórrida historia de esta joven empresaria casada con un prometedor arquitecto, con dos bellísimos hijos y una mamá consentidora. Todo parece estar bien a excepción del cuerpo: “¿Estás listo para el tercer round?”, pregunta la protagonista durante uno de los flashbacks en que “vivimos” lo que la paciente le está contando a su terapeuta. El hombre satisfecho duerme ya. Dos rounds. Se entiende que no es que el señor mantenga insatisfecha a su mujer, pero ella se levanta, enciende el computador y un aparatito de esos que vibran para hacerse justicia con mano propia. Si el director quiere escandalizar al público del mundo con esta escena debo decir que al menos conmigo no lo logró.

Ahora bien, mi falta de escándalo no obsta para que me dé cuenta de que el director está tratando de hablar de un vacío espiritual que solo puede llenarse con el sabroso paliativo del sexo, pero la verdad es que para lograr esto, a toda la película le falta mayor dimensión. Recordemos por ejemplo Deseos culpables (Shame, del 2011). En ella el protagonista (Michael Fassbender) efectivamente se sumerge con toda rapidez en una obsesión destructiva en la cual el sexo es un pretexto del odio. La necesidad de este hombre de romper todas esas barreras culturales que gritan a los cuatro vientos “tienes que ser fiel”, estaba justificada gracias a la construcción de un personaje que, adivinábamos, durante la infancia había vivido un abuso que había terminado por hacerle dirigir todas sus baterías sensuales hacia un objeto tabú: la hermana que, para colmo, se sentía igual. Deseos culpables tenía su twist sicológico con lo cual resultaba recomendable para una función dominical. Quedarse aquí, en Perversa adicción, con que una mujer es fogosa nomás porque es así, me resulta descaradamente misógino y aún machista. Creo que la razón de dicha falta de profundidad radica en que la película está dirigida a adolescentes ganosos como nuestra protagonista. Muchachos y muchachas que desean tener sexo sin saber por qué.

Perversa adicción (Addicted) Dirección: Bille Woodruff. Guión: Christina Welsh y Ernie Barbarash basados en el guión de Zane. Fotografía: Joseph White. Con Kat Graham, Boris Kodjoe, Sharon Leal, William Levy. Estados Unidos, 2014.

@fernandovzamora