Cine para pubertos

Función Dominical.
El dador de recuerdos
El dador de recuerdos (The Weinstein Company)

Ciudad de México

Con la precisión de un reloj aparecen cada cierto tiempo en la cartelera de nuestra función dominical películas postapocalípticas. Cada generación tiene la suya. Tal vez la más llamativa sea El mundo feliz, historia de Aldous Houxley que ha sido llevada al cine en forma dispar.

En cuanto a mí, recuerdo Rollerboll, de 1975, con James Caan y otra muy mala que me gustó mucho: Logan’s Run, de 1976. El dador de recuerdos tiene algo de este cine sesentero, una noción del deber ser que iba bien en la infancia. Ya después, en la adolescencia uno descubre que ser inocente no resulta tan fácil.

Decir que El dador de recuerdos es ciencia ficción es como decir que Crepúsculo es cine de vampiros. Es más bien cine para pubertos, pero El dador... resulta, aún comparada con Crepúsculo, irreal.

Esto no obsta para que la película carezca de dos o tres características fundamentales del “churro para niñas”, a saber: protagonistas cachondos. Él es Brenton Thwaites y tiene un abdomen perfecto, ella es Odeya Rush y tiene ojos azules y cara de “te puede matar… o besar”. Con pasear a estos adolescentes enfrente de una niña subida de hormonas basta para que guste. A uno que otro niño también. Ahora, para que los papás se crean que lo que están viendo es profundo, el director ha conseguido a dos extraordinarios actores. Me sorprende que Jeff Bridges y Meryl Streep hayan firmado el contrato para hacer papeles tan extravagantes. Ella es la presidenta mala que agradece a sus súbditos el regalo de su infancia en una ceremonia más o menos desangelada. Luego de semejante agradecimiento les asigna el trabajo de su vida. Si, el mundo “ficticio” en que se desarrolla El dador de recuerdos se mueve es una extraña mezcla de caricaturas del comunismo. Jeff Bridges, por su parte es El dador un señor que, ya entrados en lo alburero de su título profesional, tiene algo que puede dar a todos los niños que la presidenta le envía: recuerdos del mundo imperfecto que es, más o menos, el que todos conocemos aquí.

La historia se desarrolla como es de prever: el héroe de abdomen perfecto recibe el encargo de ir con el dador y conocer la historia de la sociedad antes de que se instaurara el nuevo sistema en que Meryl Streep puede ser presidenta. Para ello, nuestro héroe tiene que dejar de tomar la medicina que a todos vuelve felices (caricatura del Prozac) y dejarse tocar por El dador para recibir descargas de pasado y a veces asombrarse y a veces horrorizarse. Es de notar que en los recuerdos del mundo “imperfecto” hay dos o tres muchachos negros mientras que en el mundo “perfecto” no hay negros. Supongo que la presidenta Meryl Streep quiere evitar la imperfección de que en la sociedad ideal del futuro llegase a la presidencia un izquierdista tan de derechas como Barak Obama.

En fin, que El dador de recuerdos es un cliché por donde se vea, aunque no descarto que algún puberto la esté viendo en este momento y encuentre profundo el mensaje de liberación que cíclicamente esta clase de películas nos hace creer.

 

El dador de recuerdos (The Giver) Dirección: Phillip Noyce. Guión: Michael Mitnick y Robert B. Weide basados en el libro de Lois Lowry. Fotografía: Ross Emery. Con Taylor Swift, Jeff Bridges, Meryl Streep y Katie Holmes. Estados Unidos, 2014.

@fernandovzamora