La trascendencia, ilusión humana: González Iñárritu

La cinta de "El Negro" cerró el festival de cine de Nueva York y abrirá el de Morelia, hablamos con el director sobre los difíciles y profundos temas que toca en "Birdman".
El director junto a Michael Keaton en el estreno.
El director junto a Michael Keaton en el estreno. (Especial)

Nueva York, enviada

Birdman, protagonizada por Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone y Naomi Watts (entre varios más), rápidamente se está convirtiendo en una de las cintas más aclamadas por la crítica internacional.

A pesar de ser una comedia negra, Birdman toca muchos de los temas que más preocupan a los seres humanos y es justo de eso de lo que platicamos con el director cuando nos encontramos con él en Nueva York.

—¿Alejandro, por qué  crees que queremos trascender los humanos de tal manera, por qué tenemos esa necesidad?

—Creo más bien que la necesidad que tenemos es de ser amados, como dice Raymond Carver en el poema al principio de la película. Un poema que escribió a los 50 años, poco antes de morir. Y creo que muchas veces podemos confundir esa necesidad que es básica y vital con una que es parecida, pero no nos llena de la misma manera, que es la de ser admirados o aceptados o aplaudidos. Ésto en realidad puede ser gratificante, pero no tiene ninguna resonancia vital. Y ese el problema de este personaje.

—Interesante, porque muchas veces hablamos de lo estúpida que puede ser la fama, la diferencia entre una celebridad y un artista. Pero me pregunto si eso ocurre también con el arte. Tú estás haciendo una película que es entretenida, pero es arte. ¿Te sigues sintiendo en esa búsqueda de trascendencia? ¿Es doloroso?

—No, yo creo que la trascendencia es una ilusión humana. No trascendemos en realidad, como le dice la hija de Riggan, Ema Stone, en la película. Y es algo que me ocurrió con mi hija, quien en una clase de geología me enseñó un papel con millones de líneas, donde me mostró  en qué parte estamos los seres humanos. Sí nos damos cuenta que en la línea del tiempo los seres humanos y nuestra participación en él es prácticamente un segundo, y que vamos a desaparecer. Te das cuenta que nuestros intentos… es una ilusión la trascendencia. Lo único que en realidad  es poderosísimo y hermoso es el presente. Eso sí es en verdad trascendente, porque es lo que existe. Pero nuestras ilusiones del tiempo, con las que jugamos de forma abstracta es absolutamente una locura.

—¿Lo que fui y lo que voy a ser?

—Exacto. Se nos pasa la vida mientras estamos ocupados haciendo planes, como decía Lennon. Así que sí tiene algo que ver; es un poco patético pensarlo y te puedes asustar, pero es la realidad.

—Usas planos continuos, como no se había visto antes. Además es una historia de Nueva York, pero del mundo, y de un mexicano que, como tú declarabas, tiene esos toques de chile mexicano. ¿Cómo mezclas todos esos elementos?

—Fue un trabajo muy meticuloso. Desde la escritura del guión, que ya tenía considerado el plano en secuencia, hacer que tuviera esa coherencia y ritmo, y además la facilidad para poder hacer eso, porque no puedes jugar en la edición. Ahí, de alguna forma escondes tus errores o llegas al ritmo de la película, pero aquí no puedes. Es un tiro como vivimos todos nuestras vidas. Amaneces y vas viviendo en un plano secuencia. No escapamos más que en la ficción. La que nos encanta porque no permite fragmentar las cosas. Es la ilusión del cine. Luego ejecutarlo con El Chivo y toda la parte técnica con la cámara, hacer los sacrificios, los puntos, toda la apertura de puertas, las líneas. Para los actores tenía que ser de lo más meticuloso que habían hecho en sus vidas.