REPORTAJE | POR MIGUEL CANE

“Soy el tipo más afortunado del mundo”

Joseph Gordon-Levitt

Este actor decide ahora incursionar en la dirección con base en un guión escrito por él mismo; así nace Don Jon, una tragicomedia contemporánea "hecha solo por amor".

México

Comenzó su carrera muy pequeño, en el revival de la teleserie de culto Sombras tenebrosas, en 1990, desde entonces Joseph Gordon-Levitt (Los Ángeles, California, 1981) no ha dejado de trabajar ante las cámaras, evolucionando primero en el exitoso programa La tercera roca del sol y luego con una sólida carrera fílmica en hitos como 500 días con ella, 50/50, El origen, Batman: El caballero oscuro y Looper.

Ahora da una variación a su carrera para incorporar a ella la faceta de director y debutar con Don Jon, una cinta tragicómica en la que comparte créditos con Scarlett Johansson y Julianne Moore y que, tras una exitosa gira en el circuito festivalero, llega a las carteleras de América Latina y México.

¿Qué te inspiró a hacer una película como ésta? ¿Qué te llevó a escribirla y dirigirla?

Quise contar una historia que tratara acerca de cómo la gente clasifica a los demás en la vida. Supongo que en parte tiene que ver con el hecho de que he sido actor toda mi vida, desde muy niño, y nuestra cultura occidental tiende a deshumanizar a las personas que aparecen en las películas y en la televisión, a olvidarse de que son humanos también. O igual es porque me crié con los ideales por los que luchó mi madre durante el movimiento feminista en los años setenta. O tal vez porque siempre me ha fascinado cómo nos conectamos o en este caso, cómo nos desconectamos de otros. Parece algo simple, pero tiene sus complejidades.

¿Pensaste en interpretar el personaje principal al escribirla o surgió la idea después? ¿Cómo le diste forma?

No lo pensé como algo para mí al principio, pero luego me fue gustando mucho la idea. Verás, el personaje apareció mientras imaginaba casos en que la gente deshumaniza a otros: pensé en un sujeto que se la vive frente a su computadora viendo porno. Solo eso le da sentido a su vida. El porno. Y me pareció una metáfora perfecta. La mujer en la pantalla no es más que un objeto para él. No hay conexión alguna. Entonces, salió el actor en mí y comencé a pensar en quién podría ser ese tipo. ¿Por qué es adicto al porno? ¿Por qué no puede conectar con una chica de verdad? Entonces me di cuenta de que si el personaje fuera así, solo sería un patético solitario. Sin embargo, si fuera un mujeriego con éxito entre las chicas, el proverbial Don Juan, y aun así se viese atraído por la pornografía, entonces podría haber un tema. Y me convencí a mí mismo de que sería divertido e interesante, ¡y un reto hacerlo!

¿Cómo percibes tú la historia de Don Juan? ¿Lo ves como un arquetipo aún vigente en la sociedad actual?

¡Claro! Don Juan siempre ha existido de muchas formas; para mí, sus historias son principalmente tragedias en las que el protagonista eventualmente se ve arruinado por sus defectos, pero no es un villano. Es un seductor. Y es algo que sigue vigente hoy en día. Ahora bien, yo prefiero historias con un equilibro entre oscuridad y luz. Quise que la película tuviera esperanza. Así que decidí hacer algo más cómico. Don Jon es una comedia negra y sí, el personaje es bastante despreciable en muchos sentidos, pero creo que los espectadores empezarán a apreciar lo que le pasa.

No solo es sobre cómo la gente deshumaniza a los demás, también trata de cómo nos conectamos el uno al otro. En ese sentido, ¿dirías que es una historia de amor?

Pues sí, yo la llamaría una historia de amor. Pero una historia de amor bastante jodida (risas).

¿Fue complicado para ti elaborar el guión tú solo?

Más que nada me tomó tiempo hacerlo. La historia se me ocurrió hace unos cuatro años. Pasé un par de años dándole vueltas y tomando notas pero no fue hasta que estuve en Vancouver, rodando 50/50, que se me ocurrió darle un tono cómico y empecé a escribir. No estuve solo, tuve apoyo y crítica. Mientras trabajaba con el guionista Dave Koepp en Premium Rush, hice reescrituras. Nunca pensé en ello como un trabajo. Fue un regalo que me hacía a mí mismo en mis ratos libres, durante un año. Terminé el primer borrador mientras estaba en Londres filmando Batman y supe que sería una realidad.

¿Cuáles fueron los retos a la hora de interpretar tu personaje?

Al haberlo escrito yo, tuve más tiempo de lo normal para preparar el papel. Cuando llegó el momento de rodar, todo salió bastante fluido. Supongo que el reto más importante de este personaje era el físico —Jon es un tipo muy vanidoso que se enorgullece de su físico. Y yo no soy así para nada. Durante seis meses anteriores al rodaje, iba al gimnasio cinco días a la semana y comía cantidades ridículas de pollo. Conseguí aumentar cinco kilos, solamente en músculos. Hubo gente que me preguntaba si iba a seguir esa rutina, al terminar el rodaje ¡y siempre dije que de ninguna manera! (risas).

Tienes un excelente elenco. ¿Cómo conseguiste involucrar a actrices como Julianne Moore o Scarlett Johansson?

Tuve muchísima suerte. Soy el tipo más afortunado del mundo, de verdad. Mientras escribía el personaje de Barbara Sugarman, siempre me imaginé a Scarlett. Nunca pensé en otra actriz. En parte porque al verla en un sketch en Saturday Night Live me di cuenta de que tiene un timing cómico espectacular que no ha aprovechado mucho; yo la admiraba por su trabajo en películas como Lost in Translation, Vicky Cristina, Barcelona y Match Point, pero no la había visto hacer comedia. No nos conocíamos, pero quise hablarle del guión antes que lo leyera así que volé a Alburquerque, donde Scarlett estaba filmando Los vengadores. Conversamos sobre hombres y mujeres, sobre el amor y la lujuria, la conexión y la deshumanización, la pornografía y el romance en Hollywood, la familia, la religión, la imagen exterior y todo lo demás. Poco después lo leyó y por fortuna le encantó. ¡No se qué hubiera hecho si no le hubiera gustado! Y sobre Julianne... es una diosa, basta verla en Boogie Nights, en Las horas o en Lejos del cielo. El personaje de Esther le queda como anillo al dedo y no podía imaginar a otra actriz en ese rol. Me acerqué igual a ella, con el guión y mis ideas y se subió al bote de inmediato. Es una actriz formidable y muy creativa. Fue espléndido contar con ambas.

¿Es fácil compaginar este espíritu independiente con las grandes producciones que ahora te ofrecen?

Creo que es el futuro del cine. Por ejemplo, Don Jon es un proyecto que realicé siguiendo mis propios gustos, mis instintos y mis ideas, sin ánimo de lucro. No me importa no ganar un centavo con ella. La hice por amor. El público me va conociendo gracias a películas como Batman o El origen y puede que eso haga que se interese más por nuestro trabajo en esta cinta, con el que pretendemos ir un poco más allá de la norma y contar esta historia. Hay películas que ayudan a financiar proyectos más modestos. Ayudan a hacer realidad los sueños. Y por eso acepto hacer películas grandes.

¿De dónde viene esa faceta tuya tan independiente?

Mis papás son un ejemplo. Mi padre fue periodista en una radio pública donde también trabajaba mi madre; y en un país como Estados Unidos, donde nunca hay dinero para la educación o para la información independiente, ellos me inculcaron valores como la necesidad de compartir, de ayudar y entender el impacto de nuestras acciones en la vida de otros. Hacer una diferencia.