[Función Dominical] La bebida de la verdad

'La conspiración del silencio' es una película de juicio que gira en torno al intento de llevar a las cortes de justicia de la República Federal Alemana a Josef Mengele.
‘La conspiración del silencio’ fue dirigida por Giulio Ricciarelli.
‘La conspiración del silencio’ fue dirigida por Giulio Ricciarelli. (Metro Goldwyn Mayer)

Ciudad de México

Los antiguos romanos decían in vino veritas, es decir: “con el vino se dice la verdad”. Durante una escena de La conspiración del silencio, un periodista brinda con el abogado alemán que quiere reabrir la herida de Auschwitz y pregunta ¿por qué bebemos? Él responde: “in vino veritas: bebemos para decir la verdad”.

La conspiración del silencio trata del encuentro con la verdad. Una verdad que aún desgarra el espíritu alemán. En tanto pueblo, ¿todos fueron culpables de Hitler? En otra escena un militar dice: “En 1939 todos eran nazis. Ahora en Alemania del Este todos son comunistas. Si viene un hombrecito verde, todos los alemanes se volverán hombrecitos verdes”. La película plantea este problema con la elegancia propia del cine alemán.

Al inicio de la obra, nuestro abogado heroico defiende la ley incluso por encima del sentido común. Aunque ni el director ni sus guionistas abunden en la escena, vale la pena recordar que se defiende a muchos criminales de guerra diciendo justamente “que estaban obedeciendo a la ley”.

En su nivel más frívolo, La conspiración del silencio es una película de juicio que gira en torno al intento de llevar a las cortes de justicia de la República Federal Alemana a Josef Mengele, ese tipo psicópata que se dedicó a experimentar con humanos en forma realmente cruel. En este nivel la película funciona, interesa y hasta emociona, pero es a nivel más profundo donde demuestra su pertinencia, una pertinencia que nos toca en tanto seres sociales. Porque si un alemán está dispuesto a tomar sobre sí mismo, en forma singular, la responsabilidad histórica del Holocausto. ¿No es verdad que todos los seres humanos deberíamos hacerlo con la historia de nuestros pueblos? También como mexicanos vale la pena formularnos este problema. Es fácil quedarnos con que todos los alemanes fueron responsables en mayor o menor medida del nazismo. Los ingleses, nadie lo duda, son responsables de la esclavitud y los estadunidenses de la bomba de Hiroshima. ¿Y los mexicanos? Tengo la impresión de que en este país lo que funciona es ser como esos niños que cuando algo desagradable sucede señalan de inmediato al hermanito que no puede defenderse. Por eso nuestra historia está hecha solo de buenos y malos. Es como una película donde el malo es tan malo que resulta ridículo. Es un melodrama mal contado.

Creo que como pueblo estamos más relacionados con este abogado ansioso de justicia de lo que uno quisiera creer. La conspiración del silencio trasciende la historia de un hombre que descubre que, en efecto, la responsabilidad del Holocausto es colectiva. Digámoslo de nosotros mismos. Con la honestidad con la que el cine alemán lo hace, atrevámonos a escribir historias en que los responsables seamos nosotros: la gente común. El cine efectivamente sirve para decir la verdad. Con vino o sin vino, bebamos la verdad como el héroe de esta película, que vale la pena ver en esta función dominical.

La conspiración del silencio. (Im Labyrinth des Schweigens). Dirección: Giulio Ricciarelli. Guión: G. Ricciarelli, Elisabeth Bartel, Amelie Syberberg, Will Stewart. Fotografía: Martin Langer, Roman Osin. Con Alexander Fehling, André Szymanski, Gert Voss, Friederike Becht. Alemania, 2014.