[Función Dominical] Desayunando con los incomprendidos

"El club de los incomprendidos" se inspira en la obra que John Hughes produjo en 1985: "El club de los cinco".
“El club de los incomprendidos” fue dirigida por Carlos Sedes.
“El club de los incomprendidos” fue dirigida por Carlos Sedes. (Especial)

Ciudad de México

En 1985 John Hughes produjo su gran obra: El club de los cinco (The Breakfast Club). La historia giraba en torno a cinco muchachos que por mala conducta habían sido castigados: tenían que pasar un domingo en la biblioteca estudiando. En las ocho horas que duraba el castigo nuestros héroes se volvían amigos. La película terminaba con algo de amargura: estos cinco que habían roto las fronteras que los separaban en la preparatoria, al día siguiente en el pasillo no se volverían a saludar. El club de los incomprendidos ofrece a quienes disfrutamos de aquella película más de lo mismo. Y no lo hace nada mal.

Para comenzar, El club de los incomprendidos se inspira muy libremente en la obra de Hughes como para que nadie pueda llamarla plagio. La historia se ha vuelto más ligera, las secuencias menos virtuosas y los personajes más inocentes. Además, la neurosis existencial de nuestros protagonistas es menos pesada y la atmósfera (que es donde The Breakfast Club resulta inigualable) termina por volver el todo de esta película española en un filme veraniego para adolescentes. No obstante, El club de los cinco enternece y entretiene. No es poco. Vale la pena darle la oportunidad de divertirnos un poco nada más.

Carlos Sedes ha dejado atrás el encierro en el que Hughes confinó a sus creaturas y nos cuenta su vida más allá de las aulas. El recurso ofrece agilidad a la historia de cada personaje: es más fácil conocer a un ser ficticio cuando lo vemos en su casa, en interacción con sus padres y sus amigos y no solo mediante conversaciones en una biblioteca.

La protagonista es una españolita que a causa del divorcio de sus padres viene a Madrid. Aquí la rubicunda y hermosa chica habrá de enamorarse del chulo de la historia, ese por quien se pelean las niñas de la prepa. Es en este punto donde El club de los cinco ofrece una pequeña sorpresa que la despega definitivamente de la película de Hughes. Lo dicho, no está mal.

Dos peros, sin embargo: para ser una buena película veraniega El club de los cinco tendría que tener un soundtrack mucho mejor y no necesariamente en inglés. Una buena canción en español hubiese ayudado al público hispanoparlante a identificarse con estos amores púberes y a menudo efímeros. El segundo "pero" es más complejo. Y es que El club de los cinco hubiese podido aspirar a ser una de esas grandes películas veraniegas si hubiese estado diseñada para divertir no solo a los adolescentes, sino también a sus papás. Para ello el director solo hubiese tenido que hacer una película de época; una que diera cuenta de otros tiempos con los mismos problemas de amor. En los ochenta, por ejemplo, la película hubiese ofrecido una visión más universal de lo que significa ser joven. Además el "homenaje" a Hughes hubiese adquirido un significado más profundo. Pero el arte es lo que es y no lo que debiera ser. Así, El club de los cinco no es una obra de arte pero vale la pena para una función dominical.

El club de los incomprendidos. Dirección: Carlos Sedes. Guión: Ramón Campos, Cristóbal Garrido, Gema R. Neira y Adolfo Valor basados en la novela de Blue Jeans (Francisco de Paula Fernández González). Fotografía: Jacobo Martínez. Con Charlotte Vega, Àlex Maruny y Michelle Calvó. España, 2014.