[Función Dominical] La artista y el criminal

Con "Victoria", Sebastian Schipper consigue mantenernos al borde del asiento con la historia de una chica un poco loca que se hace amiga de cuatro alemanes de mala cabeza.
"Victoria" ofrece una interesante reflexión.
"Victoria" ofrece una interesante reflexión. (Senator Film)

Ciudad de México

El alemán Sebastian Schipper ha conseguido con Victoria crear a una auténtica heroína de culto, una Nikita que en cierta noche de copas locas demuestra que para ser gánster las españolas se mandan solas. En su nivel más superficial, Victoria entretiene; un poco más al fondo, enternece y más allá, en esas regiones donde solo los cinéfilos más serios deciden internarse, ofrece una interesante reflexión.

En el nivel del entretenimiento, Sebastian Schipper consigue mantenernos al borde del asiento con la historia de una chica un poco loca que se hace amiga de cuatro alemanes de mala cabeza. Ella se ha enamorado de uno de ellos, pero más tarde que temprano el romance se interrumpe y comienza la acción desenfrenada.

En un sitio más profundo Victoria plantea algunas cuestiones que vale la pena resaltar: ¿quién es esta mujer?, ¿qué hay en ella que de pronto decide cambiar la vida acomodaticia de una empleada de café para meterse a roba-bancos? Guiados por estas preguntas nos encontraremos con un personaje entrañable y tan lleno de ganas de amar y ser amada que casi sin darnos cuenta nos habremos identificado ya con sus locuras.

Notaremos además que la película ha sido rodada en un solo plano sin cortes, lo cual ofrece una primera persona radical. Gracias al plano secuencia, dos horas de nuestra vida las vivimos pegados a ella.

Hay, sin embargo, un nivel más profundo y es en éste en el que vale la pena sumergirse para darnos cuenta de que Victoria es una película imprescindible. Durante una de las escenas iniciales, el alemán loco del que esta mujer se ha enamorado se encuentra con un piano. Para coquetear, él toca alguna estupidez y ella se queda pensativa. Él le pide: "Toca alguna cosa", y ella al principio no quiere pero finalmente acepta y nos sorprende con una obra de Liszt digna de concierto. La escena culmina con ella ofreciendo las razones por las que fue expulsada del Conservatorio de Madrid: "Me corrieron porque el arte es muy competitivo y yo, además, me había vuelto una persona mala, era mezquina, no tenía amigos, era egoísta". Dos discretas lágrimas más tarde, nuestra protagonista se ha embarcado en una aventura criminal. ¿Qué sucedió? ¿Qué está diciendo el director? Me parece que con esta escena Sebastian Schipper ofrece un interesante paralelismo entre dos oficios en apariencia muy distantes: el del artista y el del criminal. La vida en el Conservatorio de Madrid es el antecedente perfecto para la construcción de una sociópata. Todo aquel que haya vivido la disciplina y la competencia de un músico de conservatorio o la de un bailarín de ballet sabrá a qué me refiero. La competencia carcome y aplasta, la competencia deforma y Victoria, esta pianista que 12 años de su vida se dedicó a estudiar un instrumento durante siete horas, es hoy una amorosa bomba de tiempo capaz de casi cualquier cosa por un poco de adrenalina. Y lo consigue. Lo consigue en una extraordinaria película que vale la pena ver en una entretenida, tierna y profunda función dominical.

Victoria. Dirección: Sebastian Schipper. Guión: Olivia Neergaard-Holm, S. Schipper, Eike Frederik Schulz, Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen. Con Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Alemania, 2015.