[Función Dominical] Comerse el mundo con un trapeador

"Joy: el nombre del éxito" tiene el encanto de un filme de bajo presupuesto porque es cine que no se excede ni en la música ni en el maquillaje ni en el diseño de producción.
Jennifer Lawrence es la protagonista del filme "Joy: el nombre del éxito".
Jennifer Lawrence es la protagonista del filme "Joy: el nombre del éxito". (20th Century Fox)

México

Joy: el nombre del éxito es la historia de una chica en apuros. Jennifer Lawrence la interpreta con la simpatía que merece. Joy es una mujer de sueños truncos que habiendo llegado a la mitad da su vida decide volverse millonaria vendiendo trapeadores. Ni más ni menos.

Nominada al Globo de Oro por sus logros en actuación, Joy: el nombre del éxito tiene algo más: el encanto de un buen guión y un director que en el 2012, con El lado bueno de las cosas (Silver Lining Playbook) nos presentó a una familia parecida a ésta; tanto que el reparto es igual con todo y Robert de Niro en el papel de padre disfuncional. Director y elenco reconstruyen una comedia ligera; una de esas de sonrisa chueca, pero no de carcajada.

Hay quien dice que David O. Russell, el director, se ha encasillado, que hace ya solo historias de la clase trabajadora de Estados Unidos. Puede que sí, pero no le falta imaginación. Por más que a sus personajes ya los hayamos visto, la historia es distinta y Russell tiene todo el derecho de interesarse en la vida de los estadunidenses pobres. Al menos mientras siga sabiendo entretener. Y lo hace. Más allá de la historia de los infortunios de una mujer cuyo mejor amigo es el ex marido (de ese tamaño es su soledad), Lawrence vale la pena de ser disfrutada. No se trata solo de su simpatía rubicunda, siempre cae bien una chica que, trapeador en mano, está lista para enfrentarse al capitalismo salvaje: bancos sin escrúpulos, inversionistas corruptos y mercadeo por televisión con personajes tan frívolos que no pueden vender un mechudo.

David O. Russell se hizo famoso en la ciudad de Nueva York (el nicho del cine independiente) con comedias de un truculento sentido del humor y sin embargo, con Silver Lining y con Joy, se ha movido definitivamente hacia un centro mucho más contenido. Puede que el director haya aprendido definitivamente a contener su deseo de escandalizar a la burguesía, porque hoy, más que alborotar a las buenas conciencias, lo que hace es eso que llaman "cine de culto": comedias que, con ayuda de un elenco muy escogido, están llegando a un público cada vez mayor.

Así pues, aunque Russell asuste cada vez menos, Jennifer Lawrence magnetiza cada vez más. Joy tiene el encanto de un filme de bajo presupuesto. No porque falte dinero, claro, más bien porque es cine que no se excede ni en la música ni en el maquillaje ni en el diseño de producción. La imagen aunque cuidada, no empalaga. Tiene el tono justo para introducirnos en la vida atribulada (pero divertida) de una de esas familias en que el papá es un mecánico tan loco que va bien interpretado por Robert de Niro.

En fin, que gracias a una historia simpática, excelentes actuaciones y una imagen que no oculta la pobreza del primer mundo, Russell ha conseguido un filme lleno de gozo porque Joy: el nombre del éxito, más que alegría, implica gozo. El de una mujer que no se deja avasallar por la miseria y la falta de oportunidades. Una mujer que con su trapeador está a punto de salir a comerse el mundo en esta historia que vale la pena ser vista en esta función dominical.

Joy: el nombre del éxito (Joy). Dirección: David O. Russell. Guión: D.O. Russell, Annie Mumolo. Fotografía: Linus Sandgren. Con Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Bradley Cooper, Edgar Ramirez. Estados Unidos, 2016.