[Función Dominical] El humano que odia lo humano

'El libro de la selva' de este año es tan mala que incluso se fusilan este momento musical, aunque claro, sin Tin Tan, de modo que el resultado es un filme tan mediocre.
En la nueva versión de 'El libro de la selva' hay un tono ecologista que no pega en absoluto con el humanismo de Kipling.
En la nueva versión de 'El libro de la selva' hay un tono ecologista que no pega en absoluto con el humanismo de Kipling. (Especial)

Ciudad de México

Cuando Kipling escribió los cuentos que conforman El libro de la selva, lo hizo con al menos dos intenciones: primero, dar a sus lectores un poco de la nostalgia que sentía por India, un país que abandonó muy chico para ir a estudiar a Inglaterra, y segundo, ofrecer a los niños de su tiempo ejemplos de conducta basados en el honor, la bondad y la justicia. Nada de eso realmente está en la nueva versión de El libro de la selva. No es que la película ofrezca malos ejemplos. La cosa es más compleja. Hay en ella un tono ecologista que no pega en absoluto con el humanismo de Kipling.

Pero veamos primero lo que sucede con los efectos especiales y con la actuación en esta película. Muchas cosas han cambiado desde que en 1995 Jumanji consiguió que las bestias animadas engañaran a un ojo humano diseñado por miles de años de evolución. A partir de Jumanji los animales en el cine son verosímiles cuando atacan, sonríen o se erizan agazapados, de modo que la animación de este Libro de la selva no tiene ningún chiste. Menos cuando resulta evidente que estos seres animados por computadora son mejores actores que el niño que interpreta a Mogwli, un chamaquito afectado a quien no ayuda ni el pelo cortado por debajo de la oreja ni el taparrabos rojo que más parece pañal.

El niño es, en efecto tan mal actor que pasa trabajos caminando descalzo aun en el estudio en el que se ha filmado toda esta historia para crear la selva de Mogwli en una green screen.

Pero lo realmente grave es que El libro de la selva de Kipling era una exaltación de dos cosas que en la cultura que padecemos están muy mal vistas: la humanidad y la madurez. La ley de la selva en el universo de Kipling es todo lo contrario a la anarquía de unos changos que no aceptan la ley, al hedonismo que ofrecen los ojos sensuales e hipnóticos de Kha y al tigre que representa los temores más arraigados en un niño que llegado a la pubertad tiene que crecer. En este Libro de la selva, como en toda la cultura occidental de este siglo, lo que se propone es exactamente lo contrario: ser niño es mejor que ser adulto, entregarse al hedonismo vale más que el estoicismo de los lobos que cuidan de Mogwli y, al tigre, mejor evadirlo. La historia ni siquiera sigue el programa de Kipling. Con desfachatez mediocre se contenta con adaptar la película que ya hicieron los estudios Disney en 1961. Y aunque aquella versión en los años sesenta del siglo pasado ya había traicionado un poco al texto original (el oso juez del cónclave de lobos se había transformado en un hippie bonachón, por ejemplo) el resultado era hilarante, sobre todo con Tin Tan doblando a Baloo. ¿Quién pudiese negar que es mejor el hedonismo con esta canción que afirma que todo “mamá naturaleza te lo da”? En fin que El libro de la selva de este año es tan mala que incluso se fusilan este momento musical, aunque claro, sin Tin Tan, de modo que el resultado es un filme tan mediocre que no vale la pena gastar ni un solo peso para verlo en esta función dominical.

El libro de la selva(The Jungle Book). Dirección: Jon Favreau. Guión: Justin Marks basado en los cuentos de Rudyard Kipling. Fotografía: Bill Pope. Con Neel Sethi, Ben Kingsley, Bill Murray, Scarlett Johansson. Estados Unidos, 2016.