Un poco cómica, un poco racista

Función dominical.
"Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?" pudo ser el reflejo de una sociedad que está cambiando sus formas de percibir lo que es propiamente francés
"Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?" pudo ser el reflejo de una sociedad que está cambiando sus formas de percibir lo que es propiamente francés (Le films du 24)

Ciudad de México

Los amantes del cine europeo suelen suponer que cualquier película francesa es un tratado filosófico en potencia. Pero no. París produce tantos churros como Hollywood y, para prueba, un botón: Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, pretende ser una comedia pero contiene, sin saberlo, el acedo sabor de un racismo que Hollywood dejó 50 años atrás.

La historia va así: Los Vernueuil son republicanos quedados en tiempos de De Gaulle. Se piensan librepensadores, claro, pero tienen problemas para aceptar la migración, la integración étnica y todo aquello que implica simplemente un buen corazón. Los Vernueil en el fondo se siguen creyendo miembros de una suerte de raza “superior”, aunque no se atreven a pensarlo. Otra cosa son sus hijas. Las cuatro se han casado respectivamente con un chino, un judío, un árabe y un negro. ¿La cosa se presta a la comedia? Por supuesto, pero una comedia que tendría que pasar con mucho tacto por el espinoso asunto de una serie de clichés desagradables y asesinos.

Los estadunidenses tienen experiencia en esta clase de cine. Los franceses no. Carecen de una verdadera tradición de cine racial y cómico que les permita jugar con los estereotipos sin ser ofensivos. En lo de hacer chistes de negros, judíos, árabes y chinos, Hollywood sabe hacerlo mejor.

La incapacidad del director y guionista para producir una hilarante comedia basada en clichés redunda en esto: como no puede cargárselo demasiado con otras culturas, mejor se lo carga con el catolicismo. ¡Como si fuese alguna novedad burlarse del sacerdote afeminado!

En otra parte, el guionista quiere mostrar que los negros son tan racistas como los blancos. No parece haber aprendido que la intolerancia se ejerce desde quien tiene poder hacia quien no lo tiene. Lo otro se llama resistencia.

En fin que Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? Pudo ser el reflejo de una sociedad que está cambiando sus formas de percibir lo que es propiamente francés. Si al señor Verneuil le parece chocante que árabes, judíos, negros y chinos sean tan franceses como un rubio de ojo azul, peor para él. La historia cambia y, con ella, la composición étnica de las naciones del mundo.

Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, quisiera ser el alegato inteligente y ácido, la película que en tono cómico toca temas tan serios como ¿Adivina quién viene esta noche a cenar? de Stanley Kramer. La diferencia estriba no solo en que aquello que se discutía en Hollywood en los años sesenta, apenas se esté discutiendo en el París del nuevo siglo. En la película de Kramer, las situaciones cómicas se burlaban más bien de los blancos mientras que en esta película europea uno siente la nostalgia de una Francia que ha muerto. Y ha muerto para bien. Lejos está el cine de Chauveron de la disquisición étnica profunda de, digamos, La Haine, dirigida por Mathieu Kassovitz en 1995. Esta sí que valía la pena para una función dominical. Dios mío, ¿pero que te hemos hecho?, no.


Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? (Qu'est-ce qu'on a fait au Bon Dieu?) Dirección: Philippe de Chauveron. Guión: P. de Chauveron y Guy Laurent. Fotografía: Vincent Mathias. Con Christian Clavier, Chantal Lauby, Ary Abittan, Medi Sadoun y Frédéric Chau. Francia, 2014.

@fernandovzamora