La inocencia de la “mujer perdida”

"Bajo cero" es una película basada en un asesino real de la década de los setenta. 
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Grindstone Entertainment Group (Especial )

Por Fernando Zamora/@fernandovzamora 

Los amantes de programas tipo La ley y el orden se encontrarán bien con Bajo cero, película en que Nicolas Cage parece revivir. No tengo nada en contra de Cage: ha hecho dos o tres películas magníficas y 10 o 20 churros imposibles de fumar. En cuanto a la comparación con La ley y el orden, hay que decir que Bajo cero está lejos de ser “tele en cine”, pero se ajusta al esquema de teleserie con una víctima, un detective y un criminal. Además, a la fórmula ya probada de narrativa thriller, Scott Walker (director novato y neozelandés) añade bellísimas locaciones. Todo ha sido filmado en Alaska. Y el viaje bien vale la pena.

Como se sabe la historia está basada en un asesino real de la década de los setenta, así que además Bajo Cero muestra cómo el mundo ha cambiado. Cualquier lector asiduo de las desventuras de los asesinos seriales que haya estudiado el caso de Bob Hensen sabrá que en los setenta era muy fácil para un asesino de prostitutas salirse con la suya. Hansen era un “respetable” padre de familia, sus víctimas eran “malas mujeres”. Victimario o no, era la palabra de ellas contra la palabra de él. La sociedad de hoy es un poquito menos mojigata

Como es de suponer, John Cusack arrasa con Nicolas Cage en el mano a mano que luchan en pantalla. No es que Cusack sea lo mejor de Hollywood, pero aquí le da vuelta al cliché en el que está atrapado y hace al “malo de la película”.

Bajo Cero no es la primera película que se basa en Robert Hansen. En 2007 Thom Eberhard dirigió Naked Fear aunque las locaciones de Alaska (donde tuvieron lugar los asesinatos en la vida real) se trasladaron a Nuevo México. Del desierto de nieve se pasó al desierto de arena.

The Frozen Ground es cine de fórmula, sin embargo la recomiendo pues congrega en torno a la historia real de un infame asesino, el suspenso de los entretelones judiciales y sobre todo una sutil reflexión sociológica: ¿estamos dispuestos a creer en una prostituta a pesar de que con su lengua “ensucie” el nombre y la reputación de un ciudadano intachable? Durante una secuencia, un personaje pide a otro que deje de ver en estas mujeres (a menudo menores de edad) a “pervertidas sexuales”. “No son solo prostitutas”, afirma, “son nuestras niñas, nuestras hijas, nuestras madres”. Vanessa Hudgens consigue transmitir la ternura y la impotencia de esta niña que, en un sistema machista, se encuentra sin el beneficio de la duda y arrojada a los prejuicios de un asesino tan “respetable” como los detectives que llevan su caso. Es aquí que entra el personaje de Nicolas Cage: padre de familia que durante la investigación le ruega a su hija de siete años, en arranque de ternura: “Por favor, tú nunca crezcas”. Bajo cero, más allá del thriller y la fórmula invita a pensar nuestros prejuicios. Si independientemente de las apariencias fuésemos capaces de ver en toda persona a un ser humano, muy probablemente Hansen no hubiese matado a 21 niñas que son eso, niñas, no el merdoso “mala mujer” que espeta a la prostituta la moral políticamente reinante.