El inasible Brando

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Marlon Brando en el Padrino
Marlon Brando en El Padrino

Ciudad de México

Todos somos uno y muchos a la vez. Es posible que la idea que tenemos de nosotros mismos sea a veces la más alejada de la verdad. En realidad, construimos nuestra verdadera imagen a través de lo que hacemos de cara a los demás, de lo que pensamos y decimos, de nuestros actos cotidianos, de los adobes con que levantamos todo el tiempo los muros de nuestra identidad. Y no es cosa fácil reconocerse en esa imagen, ajena pero casi siempre fiel.

El actor estadunidense Marlon Brando es un ejemplo claro de esa identidad múltiple. Anda por ahí desde hace poco una película construida sobre todo a partir de sus propias palabras. Realizada por Stevan Riley, Listen to Me Marlon tiene como materia prima centenares de horas de grabaciones realizadas durante años por el actor, halladas por los ejecutores de su sucesión testamentaria entre sus objetos personales y entregadas al documentalista británico para realizar una película biográfica en su recuerdo, 10 años después de su fallecimiento en julio de 2004. La cinta recorre desde enero pasado el circuito de festivales y parecería el retrato más fiel de Brando, dibujado con sus propias palabras en su íntima soledad.

Además de hurgar en unas 300 horas de grabaciones, Riley emprendió una concienzuda investigación en libros y documentos y sostuvo entrevistas con los más cercanos al actor. Reconstruyó además en un estudio de cine en Londres la casona de Brando en Los Ángeles, por donde se pasea el actor como una atormentada figura espectral.

Si la imagen obtenida por el cineasta británico no es la más fidedigna, sí es por lo menos la más cercana a la que se hacía de sí mismo el actor celebrado por la industria del cine y por millones de admiradores, pero también odiado por muchos entre aquellos a quienes hizo daño mientras construía su mitología de sufrido antihéroe arrastrado por sus emociones sin control.

Una de sus víctimas mayores es Tarita Teriipia, su esposa durante 40 años, arrancada de su paraíso tahitiano cuando andaba por los 19. Literalmente le hizo picadillo la vida hasta su último respiro. Golpes, infidelidades, insultos, humillaciones. El testimonio dolorido de su convivencia con el temperamental histrión que vierte en Marlon, mon amour, ma déchirure, su libro de memorias publicado en Francia 10 años atrás, constituye sin duda un retrato más preciso de su figura. Anota ahí Tarita en sus últimas páginas: "Hace seis meses que Marlon murió y al momento de terminar este libro ya no sufro. La tristeza está ahí, seguro, enterrada en mi corazón, y sin embargo me siento aliviada, como si la muerte hubiera al fin sosegado el dolor de amarlo".

Tal vez Brando no fue capaz de grabar testimonio alguno sobre la manera como redujo a escombros la vida de su mujer y de sus hijos. Quizá ni siquiera se dio cuenta de nada, más preocupado por cultivar el mito del gran actor caminando sobre la cuerda floja con sus 140 kilos de vanidad.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa