Tomando la ley en sus propias manos

A pesar de su visión parcial, Cartel Land muestra cómo ante la inseguridad y para protegerse a sí mismos, se arman grupos de paramilitares estadunidenses y de autodefensas mexicanos.

Ciudad de México

El documental Cartel Land (Tierra del cártel), dirigido por Matthew Heineman y coproducido por México y Estados Unidos, parte de una premisa absurda. Iguala a un grupo paramilitar estadunidense cuyo objetivo es evitar que "los narcos mexicanos filtren su guerra a gringolandia", con la Fuerza Rural Estatal de Michoacán.

La intención del director es ilustrar cómo dos grupos de civiles en sendos lados de la frontera toman la ley en sus propias manos para defender a los suyos cuando el gobierno no les proporciona seguridad básica.

Al otro lado de la frontera, en el Altar Valley del desierto de Arizona, un estrecho corredor de 52 kilómetros de largo conocido como Callejón de la cocaína, Tim Neiler Foley, un veterano del ejército estadunidense, encabeza el Arizona Border Recon, que supuestamente se dedica a cazar narcos mexicanos cuando intentan cruzar a pie a Estados Unidos. Del lado mexicano, en el estado de Michoacán, el doctor José Mireles encabeza la revuelta ciudadana en contra de los Caballeros templarios. Pero aunque ambos grupos son ilegales, la comparación entre sus luchas es patética. El mismo documental lo muestra.

En ningún momento hay evidencia de que el grupo gringo sea un grupo de autodefensa. Su defensa es abstracta. No hay un instante que muestre que los paramilitares gringos estén en peligro y solamente hay una instancia en la que estos detienen a cinco "supuestos narcotraficantes", que la verdad parecen muchachos que cruzan para buscar trabajo. Claro, las apariencias muchas veces engañan, pero en el documental no hay una sola secuencia que muestre que estos muchachos lleven droga. En contraste, el público puede atestiguar el ataque de los narcos a los ciudadanos michoacanos y cómo estos últimos se levantan en armas para proteger a sus familias.

Si se ignora la ridícula hipótesis del documental, no hay duda de que vale la pena verlo. La cinta ofrece la posibilidad de ver desde dentro a un grupo de estadunidenses patrioteros, ignorantes y racistas. Escucharlos y verlos "en acción", hace que uno entienda la popularidad de los republicanos de ultraderecha, que no quieren una reforma migratoria y que abogan por medidas exageradas, absurdas y extravagantes para reforzar la seguridad en la frontera con México.

Aún más interesante es que la película muestra la creación y la corrupción del movimiento ciudadano michoacano. El público presencia la maña de nuestro gobierno para corromper y así disolver el movimiento. El público testimonia también la facilidad con la que muchísimos de los miembros de las autodefensas fueron extorsionados.

Además, y sin proponérselo, el documental refleja la ceguera que la mayoría de los gringos tienen sobre su rol en el narcotráfico. Ni los paramilitares ni el documentalista hablan en algún momento sobre el papel de EU en el empoderamiento de los cárteles de nuestro país. Nunca se menciona la enorme demanda de droga en su país. Y nunca se alude al hecho de que México está inundado de armas gracias a la facilidad de adquirirlas en el país vecino.

La última escena del documental es especialmente reveladora y representa la esencia de la problemática actual que padece México. Es de noche, tres mexicanos se bajan de una camioneta en algún desierto y cocinan metanfetamina. Le platican al entrevistador que un gringo vino a enseñarles a prepararla. Lentamente la cámara hace un zoom out descubriendo los cuerpos enteros de los individuos. Uno, que trae una gorra del ejército, cuenta que sin ningún problema para él, es decir, sin sentir ningún conflicto personal, es soldado, templario y miembro de la autodefensa ciudadana.

Uno se pregunta: ¿es posible aspirar a vivir en un país más justo con estas contradicciones?