¡Ve hacia la luz Carol Anne!

La nueva versión de Poltergeist tiene la fórmula de Spielberg, pero no su firma; al director no le importa prestar su nombre para hacer que sus obras queden sepultadas por la mediocridad de los ...
El clóset siempre ha sido el puente de conexión entre lo humano y el mundo paranormal.
El clóset siempre ha sido el puente de conexión entre lo humano y el mundo paranormal. (Especial )

Ciudad de México

La familia Bowen tiene un sueño: tener casa propia. Muchos lo han tenido. Incluso los personajes de la original Poltergeist: juegos diabólicos.

No sé muy bien cómo o por qué, pero esta película de los ochenta se volvió "de culto"; tanto que ahora la lanzan al mercado en una versión del siglo XXI que resulta peor. Eso sí, el clóset (tanto como en la vida real) sigue siendo la conexión entre los normales y un mundo en el que los niños pueden perderse.

Han pasado 30 años desde que Steven Spielberg produjo la primera emisión de esta película que trataba de la famosa Carol Anne, una niña perdida en el horrible mundo de la televisión. Y no era una metáfora. Ella era devorada por la caja tonta. Este verano Spielberg es el estereotipo de las reinvenciones. Primero fue Jurassic World y ahora Poltergeist... Lo cierto es que él arriesga poco. Ambas películas tienen su fórmula pero no su firma.

La nueva versión de Poltergeist no produce más miedo que la original. Tengo la impresión de que ni siquiera si uno es niñato le va a dar miedo algo tan exagerado y churrigueresco. La saga original (los fanáticos suelen ser muy complacientes a la hora de llamar "saga" a una serie cualquiera) tenía tres películas y la más importante fue la dirigida por Tobe Hooper en 1982. El guión fue escrito por Michael Grais y Mark Victor, con una o dos ideas de Steven Spielberg, quien en aquel momento comenzaba ya a brillar como el hombre que habría de salvar al cine de su peor enemigo: esa televisión que se lleva a la pequeña Carol Anne al mundo siniestro del más allá.

Lo único que realmente extraña uno en este remake, que contiene todos los lugares comunes de "la casa embrujada hollywoodense", es Tangina Zelda Rubinstein. El respetable recordará a una médium chaparrita y un poco extravagante que ayudaba a Carol Anne a desandar su camino fuera de la televisión. Pues bueno, la señora Tangina Zelda Rubinstein ha muerto y ahora el papel de salvador corresponde al hermano de la niña perdida en las entrañas de la tele. Griffin Bowen es el único personaje que ha cambiado su nombre en este remake. Tal vez se deba a que su personaje ha crecido muchísimo y, a decir verdad, creo que este muchachito es el mejor actor de una película más bien mediocre. Mediocre porque, además de Tangina Zelda Rubinstein, este Poltergeist también ha perdido algunas de las escenas que, desde el punto de vista del arte fílmico, resultaban más atractivas. ¿Cómo olvidar aquel pasillo que se alargaba justo cuando el padre estaba a punto de rescatar a su hija? Esta secuencia tiene ecos en la primera obra maestra de Spielberg, Tiburón, pero lo dicho: el director se ha convertido en una fórmula y lo sabe. Tanto que no le importa prestar su nombre para hacer que sus obras queden sepultadas por la mediocridad de los remakes que en su nombre están comenzando a aparecer en cartelera con una sola misión: quitar dinero a la familia que gasta en su función dominical, para luego desaparecer definitivamente de la historia del arte fílmico.

Poltergeist: juegos diabólicos. Dirección: Gil Kenan. Guión: David Lindsay-Abaire basado en la película de Steven Spielberg. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Con Kennedi Clements, Sam Rockwell, Rosemarie DeWitt, Kyle Catlett. Estados Unidos, 2015.

@fernandovzamora