Demasiado humano

FUNCIÓN DOMINICAL
Steve Jobs
Steve Jobs

El espíritu dentro de la máquina es una expresión que acuñó cierto filósofo para significar que dentro del armazón de piel y huesos que somos, hay espíritu: un alma. El documental El hombre dentro de la máquina, reinterpreta la frase original y afirma que dentro de cada máquina producida por Apple hay un hombre: Steve Jobs.

Al inicio del filme uno tiene la impresión de que ha entrado a ver un infumable elogio de la personalidad favorita de la moral de Estados Unidos: el emprendedor sin escrúpulos que comenzó su obra en un garaje se vuelve millonario. Poco a poco, sin embargo, el director entrevista a personas que amó y traicionó Steve Jobs; uno se enfrenta al ser humano y a la cualidad más sobresaliente de El hombre dentro de la máquina, el amplio retrato de lo que significa ser genio.

En la medida en que Jobs se despoja del aura de dios nos muestra a un personaje que adentro de su maquinaria biológica tiene un espíritu lleno de coraje, espiritualidad y rencor.

La gente ha llorado con la muerte de Lennon, de la Princesa Diana, de Luther King, ¿por qué habría de llorar por un millonario que robó ideas a su mejor amigo? ¿Acaso puede ser paradigma humano un empresario que explotó a millones de obreros y engañó al fisco de su país vendiéndose acciones con fechas alteradas? Sí. Justo por los contrastes de luces y sombras en la personalidad de Jobs, se nos presenta aquí un buen ejemplo de humanidad.

Las biografías que exaltan (para bien o para mal) al personaje que retratan me parecen sospechosas. Creo que quienes leen fascinados la maldad de Hitler o la genialidad de Einstein buscan en el fondo confortarse con su propia mediocridad. Más difícil es entender que, en tanto seres humanos, sufrimos de la misma maldad y del mismo amor que hay en el genio bueno y en el genio malo. Nuestra máquina tiene el mismo espíritu. El éxito de este documental estriba en enfrentarnos con un hombre que en sus extremos está tan vivo como nosotros. Tal vez por eso Jobs resulta incómodo aquí. El miedo, la codicia, el desdén también son parte de él. ¿Podemos aceptar que también nosotros luchamos con ello? He aquí el encanto de esta obra que trasciende la historia de la creación de un emporio tecnológico. Y aunque muchas de estas anécdotas ya habían sido publicadas, impactan escenas como esta: un ingeniero explotado por Steve Jobs durante sus inicios lee una carta que escribió a la muerte de quien, alguna vez, consideró su amigo. “Por ti perdí a mi familia, a mis hijos, por ti perdí tres años de mi vida y sin embargo, te estoy muy agradecido”. El hombre llora, pero su llanto no es el de un fanático que, enajenado por la publicidad, coloca flores afuera de una tienda en la Quinta Avenida. El de este ingeniero es un llanto hecho de las emociones extremas que producía un personaje que más humano nos resulta en sus contrastes y no en su pura inteligencia. Puede que los documentales no sean lo más popular del cine comercial, pero El fantasma dentro de la máquina es una obra que vale la pena ver en esta función dominical.

Steve Jobs, el hombre dentro de la máquina. (Steve Jobs: The Man in the Machine). Dirección y guión: Alex Gibney. Fotografía, Samuel Painter y Yutaka Yamazakiniel. Estados Unidos, 2015.

@fernandovzamora