La Travesía de París

Dos veces al año las características plazas de la capital francesa sirven de escenario a un desfile de vehículos "artistas" que aporta una imagen inesperada de la seductora ciudad luz. 

París

Si bien el diccionario Larousse da una definición dura del coleccionismo al presentarlo como "la necesidad patológica de juntar objetos heteróclitos inútiles y sin gran valor comercial", en Francia y otros lugares esta definición es modificable de acuerdo a las circunstancias y a los objetos. El patrimonio histórico francés es algo de lo cual los franceses están orgullosos y no dudan en hacer lo posible por conservarlo, especialmente cuando se trata de arte. Sin embargo, hay otros objetos que no son artísticos sino fruto del temprano avance tecnológico que también se han ganado una vitrina en la Historia. El automóvil, por el papel intrínseco que desempeña en nuestra sociedad, tiene una de las vitrinas más vistosas y dinámicas.

Este año la sorpresa fue un vehículo mexicano: un Pacer de principios de los setenta

Coleccionar autos no es cosa sencilla. Además de suponer una inversión, el espacio requerido es en sí un problema. (Es conocida la anécdota del comediante Jerry Seinfeld, quien al poseer una colección de las más grandes de autos Porsche en el mundo —47—, debió rentar un hangar en Santa Mónica para guardarlos). El problema es mayor en lugares como París, donde el espacio no abunda y además es caro. A esto hay que añadir el problema del combustible, pues los autos antiguos usan uno rico en plomo, lo que agrada poco a los ambientalistas. Pese a ello, en la Île-de-France se concentra una buena cantidad de tesoros automovilísticos gracias a coleccionistas que, llevados por esa patología señalada por el Larousse, hacen lo imposible por tener dos o tres modelos de colección.

La vitrina de esta actividad es móvil, debe serlo pues se trata de un bien —el auto— cuya esencia es el movimiento. Dos veces por año, el segundo domingo de enero y el último de julio, se realiza en la capital francesa La Travesía de París, una manifestación que pretende revivir, a través de un recorrido automovilístico por lugares emblemáticos de la ciudad, épocas de cuando en las grandes avenidas eran comunes nombres como Hispano Suiza, Dauphine, Rosengart, Traction, Austin Healey, MG, Simca o Triumph.

LOS AUTOS Y EL CINE

Este año La Travesía de París ha sido dedicada al séptimo arte. La asociación no es fortuita, pues uno de los principales usuarios mundiales de autos antiguos es la industria cinematográfica. Las referencias abundan en este sentido: quién no recuerda el Aston Martin DB5 de James Bond encarnado por Sean Connery; el extrañísimo DeLorean de Volver al futuro, un auto que aún hoy en día es considerado futurista e inclasificable; más recientemente, por las pantallas han conocido el estrellato el Ford Anglia de la exitosa Harry Potter o el Gran Torino en el filme homónimo protagonizado y dirigido por Clint Eastwood. Para contemporizar con esta ocasión, la travesía invernal de este año fue apadrinada por el cineasta Claude Lelouch al volante de un clásico de los turbos: el Ford Mustang.

La historia de París y su grado de conservación la convierten en un set inmejorable para acoger esta pasarela rodante. Partiendo del Château de Vincennes, el recorrido de 30 kilómetros transforma los puntos más reputados de la ciudad en escenarios dignos de una recreación histórica. Las plazas más connotadas son puntos clave en la travesía pues en ellas se hace un alto para que la gente pueda admirar autos que algunos recuerdan de su infancia, otros de películas y muchos más apenas los descubren. Las plazas de la République, Vendôme, de la Concorde, des Vosges, de la Bastille, des Invalides y du Trocadero se convierten durante algunas horas en museos al aire libre donde los autos antiguos trastocan con su luz vetusta la imagen de la capital.

En esta edición se registraron para realizar el recorrido 680 vehículos considerados antiguos o de colección. 593 autos, 60 motocicletas y 27 tractores, provenientes de los países tradicionalmente constructores: Alemania, Inglaterra, Italia, Francia, Japón, Estados Unidos y Suecia. El auto más antiguo fue un Richard Brasier H de 1903 (111 años de antigüedad) y el más reciente un Caterham CSR 200, un auto hecho en 2008 basado en un modelo de 1946. Entre los participantes hay por supuesto vehículos de servicio como taxis, patrullas, ambulancias, lecheras, grúas y autobuses.

AL VOLANTE

La experiencia es aún más completa cuando se tiene la oportunidad de abordar uno o varios vehículos para tener una mejor idea y comprender la pasión por el coleccionismo de autos. Así, desde los asientos de un Rolls Royce Silver Cloud II (1964), uno tiene la sensación de desplazarse en un auto cuya suavidad y confort hacen pensar que no está encendido ni en movimiento. La fama de los Rolls de ser los vehículos no solo más caros sino más cómodos del mundo se corrobora aún en un modelo de hace 50 años. Algo distinto, aunque no menos interesante, es viajar en un auto de 1930, un Talbot británico (volante a la derecha) cuyo encendido se realiza sin llave, gracias a un sistema de ignición manual. Reyes de los Councours d'Elegance en el periodo de entreguerras, estas "carcachas" dan hoy la impresión de ser llamativas carrozas fúnebres que requieren de siete metros para estacionarse y una brutal pericia para conducirlos. Entre los numerosos autos descapotables, que antes de 1910 eran el estándar y poco a poco se volvieron excepción, los más bellos tal vez sean los Morgan y los Triumph, ambos vehículos de dos plazas y ambos para pasear en días soleados. Los primeros eran de tres ruedas, dos delanteras y una trasera, y a partir de 1936 de cuatro. Los Triumph, autos británicos que se produjeron desde principios del siglo XX hasta finales de los años setenta, marcaron una época en la historia del automovilismo, cuyo clímax en cuanto a belleza de diseño fue el Triumph TR3. Transportarse en uno de estos automóviles durante una mañana invernal solo es disfrutable si se tiene el atuendo adecuado: gran chamarra de piel, gorra impermeabilizada y anteojos grandes como los de aviador. Este es otros de los atractivos del recorrido, ya que la recreación suele ser completa: muchos de los propietarios van vestidos con un atuendo de época a juego con su vehículo.

La fascinación —aceptada o no— que sienten los franceses por lo estadunidense, se ve reflejada en esta Travesía por varios vehículos emblemáticos del american way of life, que en el diseño automotriz significa gran amplitud. Los Impala, Gran Torino, Mercury, Cadillac, Lincoln, Plymouth, Hudson, están entre los preferidos de los coleccionistas franceses. En México, cabe decir, cuando los parques vehiculares no eran el enjambre que son hoy, tuvimos un repertorio variado de este tipo de "lanchones".

De igual modo resultan familiares los VW Sedan ("vochos") y las Combis, plaga en algún momento del tránsito vehicular del DF, pero hoy piezas ícono. En La Travesía circulan en conjunto formando una nube multicolor de los años del peace and love. Sin embargo, la nota en esta edición invernal la dio un vehículo no registrado (varios propietarios aprovechan La Travesía para hacerla sin estar inscritos), y producido en México: un Pacer de la desaparecida Vehículos Automotores Mexicanos (VAM). El OVNI, así le solían llamar, se apareció en París con su criticada carrocería plena de vidrio; un auto que, como sello postal defectuoso, estaba destinado a ser pieza de colección.

Parece haber entre los coleccionistas un consenso en cuanto a cuál fue la época dorada de los automóviles, y ésta se dio en los años cincuenta y sesenta, cuando no había las restricciones que hay actualmente. La cuestión demográfica, luego de una guerra demandante en vidas humanas, no era un punto crítico; tampoco lo era el espacio ni los materiales, pues el precio de las materias primas no conocía la presión de la demanda contemporánea. De modo que los diseñadores de autos tenían permiso para todo. Fue el periodo donde las líneas onduladas reemplazaron las carrocerías cúbicas y comenzó a pensarse más en la aerodinámica. Fue, en fin, un parteaguas en esta industria que alarga ya su historia a más de un siglo. D