ENTREVISTA | POR MIGUEL CANE

Este actor inglés, protagonista de superproducciones como ‘Thor’, ha combinado su carrera con cintas independientes como ‘High Rise’, que por fin llega a México.

Tom Hiddleston: "No me gusta mirar atrás ni compararme con nadie"

Tom Hiddleston protagoniza el filme 'High-Rise', el cual se estrena en México la próxima semana.
Tom Hiddleston protagoniza el filme 'High-Rise', el cual se estrena en México la próxima semana. (Studio Canal)

México

Aunque su carrera se inició en los escenarios teatrales, el salto a la fama de Tom Hiddleston (Londres, 1981) se dio con firmeza en dos películas: el intenso drama The Deep Blue Sea (al lado de la hermosa Rachel Weisz) y Thor, ambas de 2011. Fue su interpretación del travieso dios nórdico Loki, lo que le permitió llegar a millones de espectadores en distintas cintas del universo Marvel.

No obstante, Tom ha buscado mantener un equilibrio en su carrera alternando estos proyectos millonarios con participaciones en cintas más independientes, como es el caso de La cumbre escarlata (dirigida por Guillermo del Toro) y la más reciente película dirigida por su compatriota Ben Wheatley —uno de los cineastas más polémicos y admirados de la última década—, basada en una controversial novela de culto de J.G. Ballard: High-Rise, filme que protagoniza y confiesa que es imposible de clasificar. La cinta se estrena en México la próxima semana.

Tu carrera es muy versátil. Has pasado de un personaje a otro en historias completamente disímbolas…

Me siento inmensamente afortunado de que, hasta ahora, pueda hacer tantas cosas diferentes. Personalmente, he optado por hacerlo así de un modo deliberado, para explorar todas las posibilidades. A algunos actores esto les funciona y a otros no, así que de verdad tengo mucha suerte de poder elegir diversas clases de cosas qué explorar. Todas las películas que hice los últimos dos años —La cumbre…, I Saw the Light, High-Rise— han sido fascinantes por diversas razones.

Da la impresión de que no descansas, con tantas películas estrenándose casi al mismo tiempo.

Eso parece ¿no? Pero en realidad no es tan extenuante como parece aunque tampoco es un paseo en el parque. Hacer cine, como hacer teatro, requiere de un nivel de compromiso que muchas veces no puedes tener en otros aspectos de tu vida, pero en este sí, porque la actuación lo exige todo. En cuanto a mí, cada proyecto tiene su propia integridad y enfoque, lo mismo en teatro, que es muy complejo, que ante una cámara. Es algo muy peculiar, y haces tanto que de pronto te das cuenta que en los últimos dos años solo has tenido libre un mes.

Es muy interesante verte interpretaciones tan diversas.

Eso es algo que admiro de los actores. Toda mi vida he admirado siempre a aquellos que han seguido sus instintos y curiosidades, y que de este modo llevan a sus espectadores a un territorio completamente nuevo. Creo que es fascinante la gente como Peter O’Toole o Judi Dench —uno piensa que tiene una idea de lo que es un actor y de pronto ellos hacen algo que no esperabas y tu reacción es “¡Wow, nunca lo vi venir!”.

¿Cómo llegaste a 'High-Rise'? Es una cinta que tardó años en poder producirse.

Sí, lo sé. Casi 40 años para convertirse en película. El primero con el que hablé sobre el proyecto fue el productor Jeremy Thomas, cuando filmamos Solo los amantes sobreviven (la película de vampiros de Jim Jarmusch) en Detroit, y él había tratado de conseguir levantarla durante mucho tiempo. La combinación de Jeremy con Ben Wheatley, que dirigió Kill List, una de mis películas favoritas, y la novela de Ballard fue una propuesta irresistible.

¿Cómo describirías 'High-Rise'? ¿'Sátira social'? ¿'Una historia de terror'?

Como todo eso y mucho más. La novela tiene muchas aristas, y para la traducción fílmica, Amy Jump, la guionista, fue muy fiel, al mismo tiempo adaptando los elementos que mejor se prestaban para una narrativa visual. Básicamente, lo que estamos viendo es el descenso de una sociedad burguesa en anarquía y barbarie, todo desde un punto de vista muy blasé, muy cínico. Ben buscó que cada una de las tramas y subtramas se fueran enlazando de tal manera que resultara imposible apartar los ojos de la pantalla, aunque estuvieras viendo algo realmente impactante o hasta repugnante. Como una autopsia, por ejemplo.

¿Tuviste que presenciar una autopsia real para preparar esa escena?

La razón por la que fui a la autopsia es porque no había nadie en el set que supiera bien cómo era. Yo no tenía idea, así que le dije a Ben “veré cómo se hace una cosa así”. Me puse en contacto con un patólogo forense en un hospital de Londres y fui a verlo un día, alrededor de la hora del té, y lo observe mientras realizaba una autopsia a un cadáver.

Así, tan campante, como quien toma el té.

Oh, sí, aunque no es tan fácil. No pude cenar esa noche y pensé… Dios, qué bueno que no elegí ese camino en mi vida. Sería un pésimo cirujano. Aunque en pantalla, me atrevería a decir que no se nota (risas).

¿Qué hay del elenco?

Robert Laing, mi personaje, es un médico. Él prefiere enseñar, antes que ejercer, entonces te das cuenta de la clase de persona que es: más bien pasivo, al menos al principio. Un observador de cómo va sucediendo todo. Son los demás los que ponen en marcha esta especie de guerra en la que él se ve convertido en agente y ejecutor. Y fue un placer inmenso trabajar con actores como Jeremy Irons —la primera vez que lo ves en ensayo, dices “¡mierda, es Jeremy Irons!”, y te quedas sin palabras porque es enorme. También Luke Evans, Elisabeth Moss y Sienna Miller, todos, pero ellas dos en especial, fueron terriblemente valientes, pues aunque el rodaje fue seguro y cómodo, las escenas que tuvimos qué hacer muchas veces implicaban una violencia brutal. Te dará risa, pero antes o después de algunas de esas escenas me la pasaba disculpándome por lo que había hecho o iba a tener que hacer. Pero una vez que notas el resultado en pantalla, dices “ha valido la pena”.

¿Has vivido en un rascacielos antes?

Te diré que no me gustan las alturas. Esa es la verdad. Yo vivo en una casa y me gusta mucho estar cerca del suelo. Claro, en las giras o rodajes me he alojado en hoteles y a veces tengo experiencias buenas y otras veces prefiero tener mis pies en el suelo. Mi estómago lo agradece, porque el vértigo a veces es muy desagradable. Y no, no me gustaría vivir en un rascacielos.

¿Es hacer una película como ésta más satisfactorio que hacer un gran éxito de taquilla?

Mira, es un poco como tocar un instrumento en una orquesta. El director es el conductor y lo que te encuentras tocando es diferente cada vez. En las películas de gran presupuesto, el dinero se aprovecha en tiempo. Cuando es algo de bajo presupuesto, como ahora, hay que trabajar más rápido. Puede ser algo bueno y algo malo. Puede haber cosas que sientes que perdiste porque ibas tan rápido, pero a veces demasiado tiempo resulta también contraproducente. No tengo preferencia, la verdad. Me encanta poder trabajar en superproducciones, aunque una pequeña película independiente es apasionante, también.

¿Cuál es el mejor consejo profesional que hayas recibido?

Bueno, tuve un profesor en la escuela de Arte Dramático a la que asistí que me dijo: “Nunca mires por encima de tu hombro y nunca mires atrás”. Lo cual es tan cierto y aplicable en tantas situaciones. No puedes compararte con otra gente, porque no eres mejor que nadie y viceversa, y mirar atrás no ayuda. Otro consejo, lo recibí de Kenneth Branagh, en el set de Thor, y no lo he olvidado, porque me parecen unas estupendas reglas para vivir: Sé amable. Sé puntual. Tómate el trabajo en serio, pero nunca te tomes demasiado en serio a ti mismo.