"Los vampiros son monstruos más humanos": Tilda Swinton

La actriz londinense encarna a una Nosferatu muy especial en "Solo los amantes sobreviven", la nueva cinta de Jim Jarmusch, en la cual estos seres noctívagos son como rock stars del submundo.
Tilda Swinton interpreta a Eve, la vampira inmortal en "Solo los amantes sobreviven".
Tilda Swinton interpreta a Eve, la vampira inmortal en "Solo los amantes sobreviven". (Especial)

México

Alta y delgada, afable y sencilla en su trato, Tilda Swinton (Londres, 1960) ha demostrado ser un auténtico fenómeno en la escena cinematográfica de los últimos 25 años. Empezó a obtener notoriedad por su trabajo al lado del cineasta independiente Derek Jarman —debutó en Caravaggio y fue premiada su interpretación en Eduardo II—; posteriormente obtendría un Oscar por su trabajo en la cinta Michael Clayton, y sería la productora y protagonista de dos polémicos filmes: Yo soy el amor y Tenemos que hablar de Kevin. Al mismo tiempo ha destacado como participante en numerosas cintas de todo género.

La singular actriz encarna ahora a Eve, la vampira inmortal en Solo los amantes sobreviven, la más reciente película del original director Jim Jarmusch. Eve es un monstruo bellísimo, por encima de la condición humana, y éste es un papel como hecho a su medida.

¿Qué opinión tenías del cine de Jim Jarmusch antes de trabajar con él?

El cine de Jim es muy importante para la gente de mi generación. Vi Extraños en el paraíso cuando era muy joven, y él fue el primer cineasta estadunidense independiente con esa fuerza. Nunca pensé, aunque me encantaba su trabajo, que alguna vez coincidiríamos, hasta que hace unos 10 años me buscó para proponerme actuar en Flores rotas. Hicimos esa película y hubo una gran sinergia creativa. Desde entonces veníamos hablando de Solo los amantes sobreviven… La película nos daba vueltas en la cabeza desde hacía mucho. Esta idea de los vampiros como los rock stars de un submundo… fue muy divertido desarrollarla.

Con Jarmusch llevas filmadas tres películas y con Derek Jarman cinco. ¿A qué se debe esto? ¿Comodidad? ¿Empatía?

Un poco de todo. No sé… mira, con Derek (fallecido en 1994) fue algo único. Antes de conocerlo ni siquiera había pensado en ser actriz. Es más, aún no me veo a mí misma como actriz o dedicada exclusivamente a la actuación. Era más bien una artista del performance. En ese entonces, hace 30 años o así, yo no quería ser actriz. Luego conocí a Derek. Su cine era muy particular, muy experimental y único, entonces logré encontrarle un sentido. No quería ser actriz, pero con Derek podía experimentar. Me sentía muy libre, sin presiones. Trabajamos juntos durante nueve años, hasta su muerte. Me sentí rara cuando eso pasó porque yo filmaba casi exclusivamente con él. Pero otros proyectos aparecieron y me di cuenta de que existen otras personas que quieren trabajar a su manera. Entonces, simplemente empecé a actuar.

¿Sería correcto decir que eras su musa?

Oh, no. Él era su propia musa. Creo más bien que es la historia de una relación muy fuerte entre un hombre gay y una mujer que era su amiga y su cómplice. En todo caso, Derek era mi musa. Pero sobre todo éramos compañeros de actuación. La palabra más adecuada, sí, en todo caso, es cómplice. Y eso es algo que me gusta establecer con los directores con los que ahora trabajo.

Como Jarmusch o Wes Anderson, ¿no?

Exacto. Con ellos particularmente se ha dado una relación similar. Casi la llamaría lúdica. Me siento muy libre y muy juguetona cuando trabajo con ellos.

¿Y por qué vampiros esta vez?

Porque pude. Porque me intrigaba. Porque fue divertido. Yo puedo ser cualquier cosa. Una madre, una bruja, un hombre... ¿por qué no? No entiendo por qué hay restricciones a los personajes que se interpretan. Los vampiros, de entre todos los monstruos de la literatura y el cine son los que me parecen más humanos. Y disfruté muchísimo trabajando con Tom Hiddleston y haciendo de Eve, esta mujer de mundo que está francamente tan cansada de tantos años y tanto que ha visto, pero no puede hacer nada para evitarlo.

Un personaje que en cierta forma se parece a Orlando, que te puso en el mapa.

No lo había visto así, pero es verdad. Orlando de Virginia Woolf fue un libro que significó mucho para mí cuando era una adolescente. Particularmente porque habla de un aristócrata que se hace este tipo de preguntas sobre cómo conformarse con todo lo que la rodea; yo me identificaba mucho con eso. Pero no es solo Orlando, creo que en las películas en las que actúo la misma configuración se repite a menudo: un personaje se ve confrontado a una descomposición de su personalidad. Por ejemplo, en Yo soy el amor la protagonista es una mujer de sociedad que se dice que nunca será infiel. Sin embargo, se enamora y la película cuenta la descomposición de sus principios, la apertura de ese abismo. Lo mismo le pasa a la madre en Tenemos que hablar de Kevin. No sabe cómo encarar la naturaleza de su hijo y las consecuencias de su violencia. A mí me emocionan esas historias y me gusta hacerlas.

Eso hace que Solo los amantes sobreviven esté cercana a tus gustos.

En cierta forma. Aunque en esta ocasión, fue diferente. Durante el rodaje de la película murió mi mamá. El shock fue muy duro pero también me iluminó sobre el tema de la película y me permitió entender muchas cosas sobre Eve y su marido, Adam. Cuando un padre muere, se siente la sensación de llegar al final de una historia, de estar por fuera del tiempo. Y eso es algo que no había pensado antes. Pero sí, uno puede crear su propio mundo, aislarse del tiempo. Creo que es una contradicción, una paradoja, pero así soy.

¿En qué sentido?

Bueno, hoy en día vivo en una isla en Escocia, bastante lejos del mundo. No tengo televisor —es decir, tengo una pantalla en casa, pero la usamos para ver películas— ni tengo cuenta en Twitter o Facebook, nada de esas cosas. Vivo un poco ermitaña, trato de protegerme de la época. Al mismo tiempo, me atrae muchísimo la sociedad, la gente, el punto de vista de la juventud. La curiosidad es el empuje que me lleva hacia el mundo, y es así que me acerco a sitios como Los Ángeles —aunque casi nunca voy— o Londres o Nueva York o Roma, y trato de empaparme un poco de lo que hay. Me fascina la juventud y me da mucha curiosidad todo lo que es nuevo. Después regreso a mi isla, y así, por temporadas.

¿Con qué cineastas te gustaría filmar?

Tengo mucha suerte en ese aspecto. Creo que ya filmé con los cineastas que más admiro, o ya los conozco y pensamos en trabajar juntos. Hace poco me encontré con Giorgios Lanthimos, que me gusta mucho. Vino a verme a casa. No sé si esto dará para una película pero disfruté mucho charlar con él. Admiraba también mucho a Bong Joon-ho y a Wes Anderson, incluso antes de conocerlos. A Bong Joon-ho lo conocí en Cannes, me dio a leer Snowpiercer y no había papel para mí. Entonces dijimos que iba a hacer de un personaje masculino (risas) y lo modificó para que me divirtiera horrores haciendo de una mezcla de Margaret Thatcher y Chaplin en El Gran Dictador. ¡Cómo nos reímos!

Tienes un estilo particular y muchos te señalan como un ícono de la moda de nuestra época.

 Ah, pues no sé… no soy realmente vanidosa, sabes. Con la moda tengo una relación muy artesanal, para nada industrial. En el fondo, no conozco nada de ese medio. Uso ropa diseñada por mis amigos, que me gusta, que me entusiasma. Pero lo mismo me pongo un cuello de tortuga y jeans. El estilo no es necesariamente estar a la moda. No lo sé, a mi modo de ver las íconos de la moda, como no sé, Audrey Hepburn, o David Bowie, o la Duquesa de Windsor o qué se yo, quien sea, son como un gusto adquirido; para la gente que me ve así, creo que solo soy un reflejo de moda muy particular para ellos, pero no lo considero algo universal. En realidad no le doy más importancia que eso.