[Función Dominical] Cinco formas de actualizar un mito

Ryan Coogler con Creed, actualiza mejor el mito de 'Rocky'.
Ryan Coogler consigue reinventar un mito que en 1976 lanzó a la fama a Sylvester Stallone.
Ryan Coogler consigue reinventar un mito que en 1976 lanzó a la fama a Sylvester Stallone. (Warner Bros)

México

El 2015 fue un año de revivir mitos. La guerra de las galaxias primero, Rocky después. Pero digámoslo de una vez: Ryan Coogler con Creed, actualiza mejor el mito de Rocky. Mucho mejor que J.J. Abrams en El despertar de la fuerza. A continuación presento cinco razones por las que Coogler triunfa donde Abrams fracasa. Primero: con los personajes de Stallone, Coogler ha conseguido un melodrama casi tan atractivo como el original. No es la misma historia pero está todo aquello que hizo que Rocky se mantuviese 40 años en el imaginario público. Adonis, protagonista de Creed, es un boxeador hijo de aquel Apolo que a Rocky le rompió la cara en la primera película. ¿Qué sucedió con este muchacho que a pesar de ser el hijo de una figura del boxeo ha vivido su infancia en el reformatorio? Las preguntas de Coogler son narrativamente más interesantes que los falsos misterios que introdujo Abrams en El despertar de la fuerza.

Segundo: la ciudad. Filadelfia vuelve a ser telón de fondo del entrenamiento de Creed; en sus calles se enamora y entrena pero, cuidado: Coogler sabe la diferencia entre un homenaje y un fusil.

Tercero: el american way. Tanto Rocky como La guerra de las galaxias exaltan valores muy hollywoodenses. La diferencia estriba en que Creed los enarbola en forma más sutil. No es tan importante ganar como mantenerse 12 asaltos arriba de un ring. ¿Quién lo dijera? Con una historia menos “cósmica” Coogler está más cerca de la Ilíada. Y es que los efectos especiales ya no impresionan a nadie. En el cine de hoy una buena pelea de box emociona más que la destrucción de un universo entero.

Cuarto: la música. Las fanfarrias de Rocky son tan famosas como las de La guerra de las galaxias. Coogler, a diferencia de Abrams, las usa con sutileza. Suenan a veces en un pianito a lo lejos: el viejo Rocky ya no puede subir por las altas escaleras en las que antes entrenó. Durante el clímax de la película escuchamos las fanfarrias un segundo y ya. El desarrollo musical es otro y, lo dicho, Coogler sabe que servirse de sus influencias no significa copiarlas descaradamente.

Cinco: la pelea de box es en Creed lo que la batalla entre republicanos e imperiales en El despertar de la fuerza. La diferencia está en la narrativa de una secuencia que se cuenta sola. En efecto, la guerra o un hecho deportivo tienen su propio discurso. Solo hay que filmarlos bien para que el público identifique los giros dramáticos. ¿Acaso la secuencia de la carrera en Ben Hur no es una película en sí misma? De igual forma, en Creed la pelea es una obra aparte. Y emociona. Y nos pone al borde del asiento.

En resumen, Coogler consigue reinventar un mito que en 1976 lanzó a la fama a Stallone. Lo hace de una forma cursi que, sin embargo, funciona. Lástima que Harrison Ford no haya tenido un director tan elocuente. Lo merecía. Creed por lo pronto es campeona en la reinvención de mitos y por ello merece ser muy recomendada en esta Función dominical.

Creed: corazón de campeón (Creed). Dirección: Ryan Coogler. Guión: R. Coogler y Aaron Covington basados en los personajes de Sylvester Stallone. Fotografía: Maryse Alberti. Con Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Phylicia Rashad. Estados Unidos, 2015.