Reseña sobre El Conjuro 2

La dirección corrió a cargo de James Wan, con la participación de Patrick Wilson, Vera Farmiga y Frances O’Connor.
Janet, la menor de la familia londinense, asegura sentir una presencia por las noches.
Janet, la menor de la familia londinense, asegura sentir una presencia por las noches. (Especial)

Monterrey

Temores sobrenaturales (ruidos extraños, presencias malignas) y temores de la vida real (pobreza y abandono familiar) cohabitan en la secuela de la franquicia de terror más exitosa en años recientes. No podemos culpar a su director, James Wan, de no intentar cosas diferentes, aunque en esta sesión de espiritismo de dos horas quince minutos los resultados son mixtos.

Siete años después de haber librado a una familia norteamericana del demonio que acechaba su casa, los demonólogos Ed y Lorraine Warren están pensando en retirarse del trabajo de campo y dedicarse a dar conferencias. Del otro lado del atlántico, al norte de Londres, se está gestando un caso que los haría cambiar de opinión. Peggy Hodgson es madre soltera de cuatro niños. Janet, la menor, asegura sentir una presencia por las noches. Después, despierta en sitios de la casa a los que no recuerdo haber ido. Conforme estas manifestaciones van tornándose más peligrosas, el caso de los Hodgson cobrar notoriedad y llega hasta manos de los Warren, quienes aceptan la petición de la Iglesia para validar si la familia está mintiendo para conseguir asistencia social, o en verdad estos eventos tienen origen sobrenatural.

De todas las de ideas que hay en El Conjuro 2 (vaya que sí hay bastantes) la primerísima en captar mi atención es el estrato social de la familia afectada. ¿Alguna vez habíamos visto a personajes declaradamente pobres recibir la visita de un demonio? En el sector fílmico de las casas embrujadas las familias suelen ser de clase media, o bien, su condición económica no es clara, sus carencias no son acentuadas.

Antes de que el demonio pida asilo en su casa, los Hodgers ya tienen fantasmas de que preocuparse. El padre los abandonó para irse con una vecina con la que tiene nueva familia, no tienen dinero para comida, la tubería de la casa es un desastre, al niño más pequeño le hacen bullying en el colegio. Este combo de "pobres y embrujados" es triste como él solo y se justifica, ya sea porque -se supone- fue un caso verídico y, si no lo fuera, como director, James Wan reconoce y evoca el realismo social que ha dado prestigio a la cinematografía del país en el que los Warren viajan a cazar fantasmas: Inglaterra.

Si saber que los Hodgers no tienen qué comer no es motivo para helarnos la sangre, Wan ha preparado un vasto repertorio de terror gráfico en el que hay secuencias innegablemente bien trazadas, elegantes, y otras que, aunque serán populares, manchan el logrado estilo y tono de la cinta. Mientras que ciertos encuentros con espíritus son delicados e ingeniosos (en particular el del personaje de Patrick Wilson hablándole de espaldas a un alma en pena en el cuerpo de Janet ), otros se desbordan en efectos visuales y sonoros. Es como ver escenas intercaladas de The Others y Beetlejuice. Más es más en el género de los crucifijos y la secuela de El Conjuro cumple aumentando la dosis. Wan incluso da cabida al humor en un par de diálogos, situaciones y, me atrevo a decir que hay cierto sentido del humor en el diseño de vestuario setentero.

La ambición por una secuela novedosa suma aciertos durante todo el primer acto: empatizamos con la víctima a la que practicarán el exorcismo, vemos que lo paranormal tiene más de una sede (con premoniciones que ocurren en casa de los Warren) y, aunque desde un comienzo el Poltergeist de Enfield está contado desde el punto de vista creyente, su bando de personajes escépticos es un contrapeso dramático que funciona.

Pasando la marca de la primera hora, hay escenas completas pudieron ir directo a los extras de la edición Blu ray; no se sienten esenciales para la historia, como el montaje en el que los Warren estrechan lazos con la familia Hodgers cantando música de Elvis Presley. Yendo de probar ideas nuevas a lanzarnos a la cara todo lo que tuvo a la mano, El Conjuro 2 es la faceta de un director más preocupado por hacer rendir su franquicia y no por refrendarnos la visión autoral que proyectó en Saw e Insidious. Si la medición que importa para ir a verla o no es simplemente contar las veces que te hace saltar de tu asiento, entonces estamos frente a una cinta de terror de alta calificación.