Philip Seymour Hoffman, el sombrío optimismo

Murió el 2 de febrero el célebre protagonista de Capote, actuación por la que recibió el Oscar. Recuperamos aquí una reveladora conversación realizada con el actor el 28 de octubre de 2011.
Philip Seymour Hoffman
Philip Seymour Hoffman (Especial )

México

Si busca sicópatas gordos y sudorosos, de rostro enrojecido y respiración pesada, Philip Seymour Hoffman es su hombre. Basta con revisar su historial: además de aparecer en muchos de los mejores y más sombríos filmes durante los últimos 15 años, hay un patrón claro. En Happyness es el desagradable personaje disfuncional que se ofrece a los desconocidos por teléfono convencido de que es el hombre menos deseable del mundo. En Boogie Nights es Dirk Diggler, una lamentable estrella porno. En Punch Drunk Love es un monstruoso chantajista que dirige líneas telefónicas eróticas; en The Big Lebowski es un acólito grasoso de risa grotesca, y en Capote ganó un Oscar por su encarnación del escritor Truman Capote.

En su primera película como director, Jack Goes Boating, interpreta a un personaje no muy heroico. El filme es un territorio familiar: Jack es un chofer de limosinas, soltero, inútil y tan tímido que un "¿Eh?" o un "¡Oh!", son un monólogo para él.

"Fui a rehabilitación, pero todavía considero la idea de beber con la misma ferocidad que entonces"

En la cuarta década de su vida, Hoffman piensa más en su familia, es más positivo. Pero en la pantalla nadie interpreta el autodesprecio como él. "Pienso que todos se debaten con el amor a sí mismos. Esa es la condición humana, creo, despertarse e intentar vivir el día de manera tal que puedas acostarte y sentirte bien contigo mismo. Cuando joven quería realmente mostrar lo que significaba tener esa duda, ese miedo". Se frota la panza para inspirarse. "Es más miedo que desprecio tienes miedo de aventurarte".

¿Tenías un miedo arraigado? "Fue interesante, tenía novias. Tenía inseguridades y miedos como todos, y los superé. Pero estaba interesado en las partes de mí que se debatían con esas cosas".

Lo sorprendente es la crudeza que puso en esos papeles. Mientras habla, pienso en la lujuria sucia y desesperada de Boogie Nights y Happiness. ¿En aquella época las chicas esperaban que fueses terrible en la cama, no? Ríe. "No. Y en todo caso esa es historia antigua", dice.

Hoffman pasó su niñez en Nueva York. Fue un niño deportista sin aspiraciones de actor. Tu madre es una gran mujer, le digo; él se ilumina. "Es una mujer especial. Tuvo cuatro hijos, se separó de mi padre y se hizo cargo de la casa. Fue a la escuela de leyes y se graduó mientras nos criaba. Ella tiene mucho que ver con todas las cosas que amo en mi vida".

¿Y tu padre? "En general todo fue mamá. Tuve una relación con mi padre, pero él vivía en otra parte y no lo veía con frecuencia". Dice que su madre es la persona más positiva que conoce, y la más divertida.

¿Heredó algo de eso? "Creo, pero también tengo cosas de mi padre. Para ser justo, él es una de las personas más inteligentes que conozco".

Su madre lo alentó a unirse a un grupo teatral, allí conoció a una chica, interpretó un papel pequeño en una obra, y eso fue todo. Le encantó el escenario, jamás pensó en hacer cine. "Pensé que iría en bicicleta al teatro, eso me parecía romántico". Se graduó en arte dramático en la Universidad de Nueva York en 1989.

Poco después se internó para rehabilitarse de su adicción a las drogas y el alcohol, y ha permanecido sobrio desde entonces. ¿Era muy serio su problema? "Era bastante serio, y sé que todavía considero la idea de beber con la misma ferocidad que en aquel entonces".

¿Qué bebía? "Cualquier cosa. Fui a rehabilitación, ya sabes...". Estira el brazo con impaciencia. ¿Sentía que la estaba pasando bien? "No lo sé, era joven, bebía demasiado, así que paré. En realidad no es complicado. Yo no tenía interés en beber con moderación, todavía no lo tengo. Y no porque haya pasado mucho tiempo se puede considerar que solo fue una fase. Eso es lo que soy".

Cuando uno considera los personajes que ha interpretado piensa que debe salir destrozado y deprimido de las filmaciones. Dice que en el pasado los papeles lo agotaban. Para Capote pasó tres meses aprendiendo a ser un escritor. "Tuve que aprender a hablar de cierta manera, a que mi cuerpo se comportara de una manera diferente a la habitual. Estuve en entrenamiento para lograr que los músculos de mi garganta y mi cuerpo soportaran la vida emocional que le iba a dar al personaje. Requirió de mucho tiempo". En aquel entonces tenía un solo hijo, ahora tiene tres y la familia es la prioridad. Y ese, dice, es otro gran cambio. "Tengo que acordarme de no matarme, golpearme o preocuparme demasiado".

Hoffman dice que era muy diferente cuando comenzó su carrera. "Era malhumorado, volátil". Como hombre joven sentía que era quien era, y eso era todo. "Sí, eso es lo que tiene ser joven... Piensas que es todo o nada. Crees que todos tus huevos están en una canasta. Estás apostando. Pero cuando eres mayor te das cuenta de que puedes reinventarte, piensas que lo que estás sintiendo pasará".

Caray, digo, pareces estar sufriendo de un caso severo de positivismo. Sonríe. "No, quiero decir que esto no es todo, habrá otra película, habrá otra relación, o moriré y estaré muerto. Pero si estoy vivo sé que la vida me seguirá lanzando retos". Camina lentamente hacia la ventana, enciende un cigarrillo y sopla el humo hacia la luz del sol. Me voy mientras el optimista más sombrío que alguna vez haya visto mira silenciosamente hacia el futuro.