Peter Greenaway: "El cine es mi gran desilusión"

No le interesan los financiamientos caros. Razón por la cual despreció las ofertas de Hollywood para hacerlo parte de sus filas de directores ganadores del Oscar.

México

Con una mirada aguda, se para tras el atril y dice: “El cine es una gran desilusión para mí”. Frente a esta confesión el gran grupo de seguidores tiene cara de desconcierto… como escuchar una herejía pronunciada por un sacerdote ante un Cristo.

Un auditorio lleno, total silencio, queriendo entender las palabras de uno de los directores que marcó la estética cinematográfica de finales del siglo XX. Influenciado fuertemente por la pintura y el erotismo, este creativo tan completo, confiesa su aversión por la bidimensionalidad del cine.

“Es un arte muy joven e inmaduro”, comparado con todas las posibilidades estéticas de la pintura, el cine deja para Peter Greenaway una experiencia muy pobre, con un punto de vista limitado, encadenado, asfixiado por el encuadre y el apego a un texto. Invitado por la Cátedra Ingmar Berman en cine y teatro a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), este artista critica la noción de “El asiento del Rey”. Le disgusta pensar que solo una persona pueda disfrutar completamente de las manifestaciones del arte en general, pero particularmente del cine.

Para los cinéfilos asistentes al auditorio del Museo de Arte Contemporáneo (MUAC) parece extraordinario que el director de The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover o The Pillow Book pugne por un “cine expandido”, que se preocupe más por multiplicar las posibilidades de proyección de la obras, destruyendo el encuadre mismo y las formas tradicionales de filmarlo y editarlo.

No le interesan los financiamientos caros. Razón por la cual despreció las ofertas de Hollywood para hacerlo parte de sus filas de directores ganadores del Oscar, claro, después de haber pagado derecho de piso dirigiendo Roger Rabbit, según cuenta: “¿Se imaginan esa película relacionada a mi nombre?”. En realidad no.

LA PUESTA EN ESCENA ANTES DEL CINE

Con mirada contundente Greenaway se miró a sí mismo, durante 150 minutos, en un recorrido por su trabajo audiovisual, más que cinematográfico. Comenzó por una propuesta para siete pantallas, todas de distinto diseño y tamaño, que aceptó sería muy caro presentar, pero para la cual la tecnología digital abre un horizonte infinito.

La conciencia que tiene de la puesta en escena, lo ha llevado por casi todas las disciplinas del arte: pintura, dibujo, arquitectura, teatro, ópera, danza, video, multimedia, performance. Un artista grandilocuente, seducido por los cuerpos hermosos, las caligrafías exóticas y los espacios que tienen un efecto particular sobre la sensibilidad de la gente.

Amante del minimalismo expresado en la música —con autores como Michel Nayman o Jonh Cage— y su repetición modular de sonidos, ha logrado amalgamar sus propuestas más vanguardistas dependiendo de lo que haya que transgredir, hasta el punto de llamarse a sí mismo un VJ, versión en video de un pinchador de música.

En su trabajo de los últimos 20 años, incluso lo documental también cambia de sentido; sus observaciones sobre los archivos y el coleccionismo; la repetición en el mismo cuadro; la intervención de espacios diversos, donde el espectador pueda entregarse a la experiencia estética desde el primer momento, pues las salas cinematográfica no tienen, nunca han tenido, esta posibilidad.

Para terminar este repertorio creativo, Greenaway muestra su gran obra de arte: proyecciones de video mapping sobre las obras maestras de la pintura mundial. Nueve pinturas de diversas etapas del arte pictórico intervenidas por la luz, para contarnos una historia de cada uno de los trazos del pincel.

Las bodas de Caná, de Paolo Veronese, es la pintura seleccionada para mostrarnos las posibilidades de esta propuesta estética, escénica, cinematográfica: instalación multimedia finalmente, para crear la ilusión de que el cuadro cobra vida y se reinterpreta a sí mismo.

EISENSTEIN, GREENAWAY Y EL EROTISMO

Al estar de pie, solos, dentro de una de las salas más pequeñas del Palacio de Bellas Artes, contemplando los dibujos eróticos de Einsenstein, sobre un papel membretado del Hotel Imperial de 1931, se puede leer en esas líneas transgresoras la necesidad de libertad.

Igual que al estar sentados en medio de la oscuridad, rodeados por decenas de personas, compartiendo el mismo momento de cuerpos desnudos moviéndose al ritmo marcado de la coreografía cinematográfica de Greenaway, compartiendo sensualidad en silencio absoluto.

Sin siquiera mencionar su nueva película, en total comodidad de decir y mostrar lo que realmente piensa del cine, Greenaway es cuestionado finalmente con la más obvia de las preguntas: Entonces, ¿por qué hacer Eisenstein en Guanajuato? A lo que solo alude su intención de hacerle un homenaje.

Seducidos por el espacio y el erotismo, se pueden pensar como contemporáneos en la forma de crear sus imágenes evocando el cuerpo y la animalidad sensual que hay en ellas. Tal vez es la razón del feliz encuentro que se dio de estos dos artistas en este país, donde el goce por la vida está a flor de piel.