Capos del 'narco', los antagonistas en el cine y la tv

Algunos actores y directores consideran que la interpretación de narcotraficantes se trata de libertad de expresión, una manifestación artística o un acto de responsabilidad.

México

Se quiera o no, el tema del narcotráfico está presente en la vida cotidiana de los mexicanos, por tanto, cuando un capo se hace presente en la pantalla, coinciden realizadores y elenco, no se trata de una apología al crimen organizado; a decir del gremio actoral, es una oportunidad para reflexionar sobre las problemáticas del país, en cierta forma, obedece a un acto de responsabilidad.

Como contadores de historias, los actores y demás miembros de la industria buscan plasmar en pantalla personajes cercanos a la realidad, y si para ello deben realizar una investigación de campo que los conduzca a las fuentes primarias, lo harán, aseguró Alejandro Calva, quien formó parte de los elencos de producciones como La reina del sur, Señora acero, El infierno, El traspatio y Capadocia.

"Me gusta contar historias desde distintos ángulos, a diferencia de otros actores que solo quieren ser el héroe.  A mí me interesa la esencia humana, su oscuridad, porque tenemos ese lado más desarrollado, me gusta escarbar en qué llevó a una persona a ser narcotraficante; a dónde va o cómo se comporta, no se trata solo de contar historias virtuosas", dijo Alejandro Calva.

Consciente de la responsabilidad que esto implica, el actor selecciona sus personajes con detalle: "Todas las narcoseries o películas en las que he participado tienen un trozo de nuestra vida, están enganchadas de la historia del país, por eso la gente las ve, las historias del narco son historias de la vida en México, hacerlas no implica una apología, eso lo hacen otras personas”, explicó.

A la pantalla mexicana llegan cualquier cantidad de interpretaciones referentes a capos mexicanos; Damián Alcázar lo hizo en La dictadura perfecta, donde dio vida a un criminal influyente que construyó una campaña política gracias a los medios de comunicación; para El infierno, Joaquín Cosío dio vida a un narcotraficante católico, ambas cintas de Luis Estrada.

"El crimen siempre ha estado presente en la pantalla, desde Al Capone, El Padrino o la mafia siciliana, pero en México se recurre al narco como el antagonista. Tenemos una idea de cómo hacerlo, pero acercarnos de lleno a la figura no es posible, aún así, las autoridades siempre le tendrán miedo a la ficción, por cómo van a quedar parados", comentó Joaquín Cosío.

Representar a un capo en pantalla, afirman, dista de realizar una apología al crimen. Se trata de un acto de libertad de expresión, de una manifestación artística que aporta contenidos al público, y desde la responsabilidad de ser actor, personificar a quien el director les pida, sea un deportista, un empresario o un criminal, así lo consideró Noé Hernández, protagonista de Miss Bala.

"Hacemos lo posible por lograr interpretaciones realistas; si tuviera que interpretar a Hugo Sánchez tendría que investigarlo; buscaría entrevistarme con él para entenderlo. Esto no es una apología sobre el narcotráfico, esto forma parte de nuestra sociedad y es un reflejo, estamos lejos de querer lo contario", dijo Noé. 

LA FICCIÓN

Dar vida a capos mexicanos tiene pros y contras para un actor, convertirse en narcotraficante ficticio permite generar una reflexión en el espectador, pero también entrar a la cueva del oso cuando se topan con alguna persona que —en la vida real— dedica su labor al crimen; según recordó Alejandro Calva, hubo quienes hasta se ofrecieron a pagarle la cuenta del restaurante.

"Es algo que me ha pasado a mí, que le ha pasado a Joaquín Cosío y a otros, nos han saludado en algún evento; Joaquín y yo tenemos experiencias como que nos pagan la cuenta o se quieren tomar fotos con nosotros, sabemos que tienen qué ver con esto, finalmente el narcotráfico es parte de la vida del país; se vive en una legalidad dudosa, nuestros políticos la tienen", dijo Calva.