[Función Dominical] ¿Industria o tradición?

Johnny Depp es toda una franquicia; ahora protagoniza el filme "Mortdecai", en la cual interpreta a un lord inglés encargado de encontrar un Goya robado.
Depp estelariza el filme "Mortdecai", dirigida por David Koepp.
Depp estelariza el filme "Mortdecai", dirigida por David Koepp. (AP)

Ciudad de México

Primer hecho: Johnny Depp es toda una franquicia. Segundo hecho: Hay franquicias buenas y malas. Tercer hecho: es al cinéfilo a lo largo de la historia, y no a la crítica, a quien corresponde decidir si Depp ha dejado de ser el artista que fue para convertirse en un producto que actúa solo películas entretenidas pero nada más.

Primer hecho. Independientemente de que el virtuosísimo de Depp le impide repetirse, uno no puede evitar recordar otros de sus papeles chistosos. El capitán Sparrow en Piratas del Caribe, por ejemplo. Difícil de olvidar, sobre todo porque representó un parteaguas que separó al actor de trabajos más artísticos: El sueño de Arizona, de Emir Kusturika o El joven manos de tijera, de Tim Burton, entre otros. Pero aún ahora con todo lo comercial de Mortdecai, a Depp se le disfruta en el papel del decadente lord inglés encargado de encontrar un Goya robado —se sospecha— por cuestiones que atañen a la seguridad nacional inglesa.

Puede que el humor inglés no sea lo mejor para divertir al público mexicano. Quien quiera divertirse, sin embargo, lo hará gracias al encanto de un hombre que se burla de los ingleses sí, pero más se burla de los estadunidenses. Los mejores momentos de Mortdecai suceden cuando viene a caer, por azares de la trama, en Hollywood nada más.

Johnny Depp tiene algo de la gran comedia silente. Como Max Linder, Depp no pierde nunca el estilo, es un enamorado irredento y cultiva su bigote con fruición. Pero volvamos al tema de la franquicia. Johnny Depp, con todo y que se remonta a la tradición histriónica de lo mejor del cine clásico, brilla tanto que al cinéfilo le cuesta trabajo entrar en una trama rocambolesca que mezcla un tesoro nazi, un sirviente metrosexual y la típica comedia que involucra al servicio secreto de su majestad. Hay algo aquí de literatura de aeropuerto y no va mal, pero lo dicho ¿sigue siendo Johnny Depp el artista que fue?

Lo más interesante de la trama, en todo caso, es la historia de este Goya en torno al cual gira un misterio culterano y divertido para una función dominical.

Por último decía ya antes que me parece un hecho incontestable el que será la historia y no la crítica quien decida el futuro de Johnny Depp en el parnaso del cine clásico. ¿Es un actor a la altura de Max Linder o más bien un repetidor de clichés que hemos visto incluso en programas televisivos, algunos de ellos tan buenos como los de Monty Python y su Flying Circus?

Con todos los lugares comunes del histrionismo inglés, lleno de los tópicos que tanto gustan a los bretones, no estoy seguro de que esta película vaya a desternillar de risa a un mexicano. En todo caso vale la pena darle una oportunidad a los chistes suficientemente complejos como para hacer sonreír a un historiador del arte, pero suficientemente grotescos como para hacer reír a un puberto; en todo caso, Mordecai ofrece al público una decisión: ¿Es Johnny Depp el heredero de una tradición que se remonta a Max Linder o toda una franquicia nada más?

Mortdecai: el artista del engaño (Mortdecai). Dirección: David Koepp. Guión: Eric Aronson basado en la novela de Kyril Bonfiglioli. Fotografía: Florian Hoffmeister. Con Johnny Depp, Ewan McGregor, Gwyneth Paltrow y Olivia Munn. Estados Unidos, 2015.