ENTREVISTA | POR MIGUEL CANE

La actriz californiana aceptó sin dudarlo el papel de Lady Lucille Sharpe en "La cumbre escarlata", el siniestro cuento de hadas de terror gótico escrito y dirigido por Guillermo del Toro, pues advierte: "¡No le dices que no a alguien tan genial!"

No soy feminista, creo en la igualdad de oportunidades: Jessica Chastain

México

En los últimos cinco años, después de mucho tocar puertas, Jessica Chastain (Sacramento, 1977) ha logrado convertirse en una respetada actriz dos veces candidata al Oscar. Y es que la hemos visto en una buena cantidad de cintas: fue la madre virginal en las alucinantes secuencias de El libro de la vida (Malick, 2010), una agente de la CIA en pos de terroristas en Zero Dark Thirty (Bigelow, 2010), una belleza sureña con un sentido del humor brillante en The Help, y una esposa sin escrúpulos en Un año muy violento (Chandor, 2014).

Este año, además de verla como la líder de una misión espacial en The Martian, de Ridley Scott, se divierte mucho en la que es su interpretación más reciente, la de la enigmática Lady Lucille Sharpe, una de las protagonistas de La cumbre escarlata, la elegante cinta de terror gótico que dirige Guillermo del Toro. En la película, estrenada esta semana en México, Chastain interpreta a una mujer que, asegura, es todo lo opuesto a ella, pues Lady Lucille es una mujer aparentemente reprimida y severa, con un secreto siniestro que pone en riesgo la felicidad y hasta la propia vida de la protagonista, bien interpretada por Mia Wasikowska.

Esta es la segunda vez que colaboras con Guillermo.... ¿Qué te llevó a aceptar este proyecto?

Guillermo me contó lo que quería hacer cuando filmamos Mamá, que él produjo y en la que actué. Me dijo: "Tengo esta idea... un cuento de hadas muy siniestro, con dos mujeres al centro...", y me contó, exactamente igual como si fuera un cuento, lo que quería hacer. Describió a las dos mujeres como una polilla, que era mi personaje, y una mariposa que acaba de salir de la crisálida, que es Mia. Cómo una busca dominar a la otra y por qué. Yo en ese momento estaba convencida de que tenía que hacerlo. ¡No le dices que no a alguien tan genial como Guillermo! Y la inspiración vino de muchos lugares. Él conoce muy bien sus referentes y los comparte. Me dio una lista de películas y de libros muy extensa para consultar y construir el personaje.

Ustedes buscaron crear un personaje fuerte...

Sí. Desde un principio así lo hablamos. No hay papeles así ahora. ¿Dónde hay algo para una Bette Davis, una Joan Crawford, una Faye Dunaway, una Jeanne Moreau? Pensé que era importante canalizar esa fuerza de ellas en pantalla y crear un personaje como Lucille...

¿Te inspiraste en alguna de ellas?

Pues te digo, Guillermo es muy específico a la hora de dar notas y referencias. Hablamos de muchas interpretaciones clásicas que me sirvieron. Bette Davis, seguro. Vivien Leigh. Joan Crawford... mujeres de películas de este género que dejaron una huella. Creo que mientras hacía la preparación de esta película, fue que vi más películas que en toda mi vida antes (risas). Por un momento fue como prepararme para un examen y Guillermo fue muy generoso. Me dejó crear a Lucille a partir de lo que sugirió y que a él lo inspiró. Así surgió un personaje con su propia vida interior y sin tenerle miedo a nada.

Hablando precisamente de ello, ¿tienes algún miedo en particular que hayas utilizado en la película?

Tengo miedos como cualquier persona. Algunos son justificados y otros completamente irracionales, en realidad son como cualquier fobia. A los espacios muy angostos, por ejemplo... Claustrofobia, aunque es muy leve... Pero en todo caso, mis miedos no son relevantes. Lo son los de Lucille. Y algo que encontré fascinante es que para ella sus horrores —reales e imaginarios— son su realidad. Trasladarme, cada vez que entraba al set, a ese estado mental y espiritual era muy complejo. Lucille es como un monstruo, pero hasta el de Frankenstein tiene características, empatía, que lo hacen humano... y en el trabajo de Guillermo eso es primordial, hace irresistibles a sus personajes por más atroces que sean. Y por supuesto, cuando no tienes miedo a la propuesta de tu director, acabas dispuesta a hacer lo que sea.

Como él, eres alguien incansable. ¿Cuántas películas haces al año?

Déjame pensar... no lo sé... Dos. Tres, si el tiempo se presta. Lo que pasa es que filmar una película no toma a veces demasiado tiempo, pero da la impresión de que sí, por todo el proceso que conlleva... entonces parece que estoy mucho tiempo en sets o locaciones, pero no es tanto en realidad. Siempre consigo apartar un tiempo para mí, estar con los míos. Leer... me fascina leer... cocinar... hacer cosas para mí. Y aunque no lo parezca, me doy ese tiempo. Por ejemplo, apenas termine de hacer esta entrevista, vuelo a Londres. Voy a trabajar unos días y luego a vacacionar, porque a fin de año voy a empezar a rodar otra película. Aprovecho para leer en el avión. Y para dormir. Así descanso. Lo hago siempre que puedo.

Además ahora se te ofrecen muchas más películas que antes, ¿no?

Sí. Ahora mismo hay ofertas y guiones. Las estudio. Hay cosas muy interesantes, pero no puedo hablar mucho de ello ahora.

¿Te gustaría hacer, por ejemplo, una de superhéroes?

Oh, me encantaría. Sería magnífico hacer una superheroína en cine. Un personaje femenino en esa posición, demostrar que no es solo un club de muchachos (risas)... claro que me gustaría.

¿Sientes que puede haber mejores papeles para mujeres? ¿Como en "La cumbre escarlata"?

Debe haber mejores papeles para mujeres. Y no solo como heroínas de acción, que mucha gente interpreta —incorrectamente, por cierto— como un intento de hacer pasar a mujeres en papeles masculinos. Eso me parece tonto. Creo que hay grandes historias para ser contadas, tanto para hombres como para mujeres. Entonces, ¿por qué no hacerlo? No es tan difícil. Hay directoras, hay actrices, hay guionistas, hay hombres que son aliados de una causa más feminista. Eso está bien. Y no es que tampoco sea una fanática del feminismo, pero creo en la igualdad de oportunidades.

No has permitido que la fama se adueñe de tu vida y eso, en sí, es algo asombroso en este tiempo en que hay gente famosa solo por serlo. ¿Cómo lograste separar tu vida de ello?

Ah, la respuesta a eso es sencilla. Porque no creo en que la celebridad —que básicamente quiere decir que eres alguien a quien todo el mundo conoce, nada más— tenga nada qué ver con la vida real. Soy una actriz que trabaja. Tengo un perfil más bien bajo. Hace apenas cinco años que la gente comenzó a ubicarme, aunque ya había hecho cosas, como Take Shelter, que es una de mis películas favoritas... y no creo que yo deje de ser quien soy, por salir en una película. A lo mejor mañana dejan de llegar papeles y ya no hago películas grandes. A lo mejor regreso exclusivamente al teatro. No sé. No creo que haya nada escrito y en este oficio nada es para siempre. Por eso, solo cuando estoy trabajando recurro a tener ayuda para que me hagan las compras o se ocupen de asuntos míos. Cuando no, yo misma hago todo. Lavo mi ropa interior, hago mi súper...

¿En serio? ¿Tú sola? ¿A mano?

¡Pues claro! ¡A mano! (risas). Nada mejor para recordarte quién eres y mantener tus pies en la tierra que lavar tu ropa interior. Podrás ir a una gala increíble y llevar un vestido de Valentino coutoure y te tomarán muchas fotos. Pero al final te quitas los zapatos y eres como cualquiera y yo lavo mi ropa, porque nadie más tiene que hacerlo por mí. No soy diferente a cualquier mujer que haya en el mundo.