Inaugura Wes Anderson el cartel de la Berlinale

Compite por el Oso de Oro.
Tony Revolori con el director y Bill Murray en la alfombra del festival.
Tony Revolori con el director y Bill Murray en la alfombra del festival. (AFP)

Berlín

La pasión del director texano Wes Anderson por el escritor vienés Stefan Zweig y por las comedias del cine de los años 30 lo llevaron a imaginar su película El gran hotel Budapest, una fábula con crímenes, obras de arte robadas y persecuciones, que abrió ayer el concurso por el Oso de Oro de la Berlinale.

La historia está contada desde el punto de vista del portero de ese famoso gran hotel, Gustave, interpretado por el actor británico Ralph Fiennes, dos veces nominado al Oscar, y por su cómplice, un joven empleado, Zero Mustafá, encarnado por el actor Tony Revolori.

Gustave aprovecha su posición para mantener una relación con una anciana muy rica, huésped del hotel, Madame D., encarnada por Tilda Swinton, quien necesitó de cinco horas para ser “envejecida” por el mismo maquillador que convirtió a Meryl Streep en Margaret Thatcher, el conocido Marese Langan.

Gustave y Zero Mustafá se apoderan de una pintura del Renacimiento que pertenecía a Madame D. y deben huir del hotel al ser buscados por la policía.

Wes Anderson sitúa su historia, contada por un narrador, en un país imaginario de Europa del este, entre las dos guerras mundiales. El gran hotel será ocupado al final por los miembros de un ejército fascista, uno de cuyos comandantes es Dimitri, el hijo de la anciana, interpretado por Adrian Brody, el inolvidable pianista de Roman Polanski.

Para escribir el guión de esta película, filmada en la ciudad alemana de Gorlitz, en la frontera con Polonia, Anderson usó el formato cuadrado de las viejas comedias y dijo que leyó mucho a Stefan Zweig y vio todas las cintas de Ernst Lubistch y Billy Wilder.

“No adapté una obra en particular de Stefan Zweig, un escritor que me gusta mucho, pero quería crear un ambiente, una versión cinematográfica de lo que él cuenta en sus memorias, en sus libros, ese mundo europeo entre las dos guerras. Y en Gorlitz teníamos una pequeña mediateca con todas las películas de Lubistch, de Wilder.