Guerra, dolor y llanto sacuden Venecia

En el encuentro cinematográfico se presentaron las cintas 'Lejos de los hombres' y 'The cut'.
el actor Viggo Mortensen, el director David Oelhoffen y el intérprete Reda Kateb presentaron 'Loin des Hommes' en Venecia.
el actor Viggo Mortensen, el director David Oelhoffen y el intérprete Reda Kateb presentaron 'Loin des Hommes' en Venecia. (AFP )

Venecia

El genocidio armenio y la guerra de liberación de Argelia, con sus injusticias y contradicciones, sacudieron a Venecia con los filmes del francés David Oelhoffen Lejos de los hombres y del turco Fatih Akim The cut.

Las dos películas, con una fotografía espectacular, se desarrollan entre paisajes desolados, desiertos y enormes montañas áridas, para narrar los horrores y dolores de la guerra, el choque cultural y religioso entre occidente y oriente tanto en Turquía a inicios del siglo XX como en Argelia a mediados de los años 50.

Protagonizada por el dúctil actor estadounidense Viggo Mortesen, Lejos de los hombres de Oelhoffen, aplaudida en su pase a la prensa, es la adaptación del relato corto de Albert Camus El invitado, ambientado en 1954 durante la guerra de liberación argelina contra Francia.


"No hay voluntad de suscitar controversia. Es fácil 60 años después juzgar al colonialismo. Con el filme lo que quise contar es la catástrofe de la colonización, no juzgar la guerra de Argelia", aclara el realizador francés, de 46 años.

Filmada en la cadena de montañas de Marruecos, la película enfrenta a dos hombres completamente diferentes, por origen, edad, religión y cultura, el colonizador y el colonizado, ante la necesidad de huir juntos a través de las inhóspitas Montañas del Atlas.

Mortensen, que en la vida real es poeta, músico, fotógrafo y pintor, quien alcanzó fama con su papel de Aragorn en la trilogía de la exitosa película El Señor de los Anillos, interpreta esta vez a un maestro de escuela solitario, -que los franceses ven como a un árabe y los árabes como a un francés- el cual debe escoltar a Mohamed (el actor Reda Kateb), un árabe acusado de asesinato y perseguido por vengativos colonos, para entregarlo a las autoridades.

Romper la neutralidad, una metáfora

Si deja huir al árabe, condena a la familia de él a vengarlo, si lo entrega a la policía, seguramente lo ejecutan. Un dilema que lo obligará a romper con su deseo de mantenerse neutral, una suerte de metáfora del presente.

"Quise respetar la idea base del cuento de Camus, quien en solo trece páginas logró describir la dificultad que resulta para un individuo asumir un compromiso político y tener las ideas claras cuando estallan todo tipo de revueltas a tu alrededor", aseguró el realizador.

Mortensen, conocido por aceptar proyectos arriesgados, como la recién premiada cinta Jauja, del debutante argentino Lisandro Alonso, logra crear un personaje complejo a través de ese viaje común, que termina por transformar al colonizado y al colonizador.

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Para ello, el actor leyó toda la obra de Camus, viajó a Argelia, caminó por las calles y rincones citados por el escritor, escuchó a la gente del lugar hablar.

"Es mi método, me dejo absorber, sentir cosas. No es necesario, pero me gusta", contó a la prensa el actor, quien pasó buena parte de su niñez en Argentina.

"Casi todas las películas sobre esa época, a excepción del filme de Gillo Pontecorvo (La batalla de Argel, por años censurado en Francia), no tienen voluntad ideológica. Es que no hay nada más subversivo que la compasión y el amor", comentó.

El holocausto armenio

Para contar el holocausto armenio, con la deportación forzosa y exterminio de un número indeterminado de civiles armenios, calculado aproximadamente entre un millón y medio y dos millones de personas por parte del gobierno de los Jóvenes turcos en el Imperio otomano, desde 1915 hasta 1923, el cineasta alemán de origen turco Fatih Akin, decidió lanzarse a realizar una superproducción, de más de dos horas de duración y rodada toda en inglés.

"Quiero llegar a un público vasto, inclusive quiero que amen al protagonista del filme en Turquía", confesó el director, quien contó con la ayuda para el guión de su maestro y amigo, el anciano guionista estadounidense Mardik Martin ("Toro Salvaje"), quien recordó el olvido en que la historia ha sumido al genocidio armenio.


Akin, premiado en Venecia en 2009 por su divertida comedia Soul Kitchen, sobre la inmigración turca en Alemania, empleó siete años para terminar esta trilogía de amor, muerte y demonios.

"Viajé mucho, fui a Siria, me preparé", contó el realizador, que decidió imponer el silencio a su protagonista, el actor francés Tahar Rahim, después del corte en la garganta que el personaje sufre y que lo deja mudo para siempre.

Tras sobrevivir a las matanzas cometidas por los soldados turcos, descritas con escenas terribles, Rahim se embarca hacia Cuba y Estados Unidos en busca de su familia perdida en una odisea que resulta otra metáfora de la diáspora armenia.

Las dos películas compiten junto con otras 18 cintas por el León de Oro, que será otorgado el próximo sábado en el curso de una ceremonia en el Palacio del Cine de Venecia.