"Bullying" telequinético

Función Dominical 
Pero el uso más profundo de la tecnología en esta "Carrie" contemporánea ocurre mientras es acosada.
Carrie (especial)

Ciudad de México

En sus mejores momentos Stephen King tienen la fuerza metafórica de los hermanos Grimm. En muchos de sus cuentos hay cierto misterio que refleja, con inquietante acierto, lo que sucede al interior del corazón humano: el miedo a los padres, la relación entre erotismo y muerte, la inquietud del adolescente por un cuerpo que cambia, etcétera.

Como en la original Carrie de 1976, la Carrie del 2013 comienza a hacerse de sus poderes telequinéticos la mañana en que descubre, en los baños de su escuela, que ha llegado a la pubertad. La diferencia estriba en que, en el filme original, esta escena y muchas otras tenían varios niveles de lectura. Uno podía hacer interpretaciones freudianas o quedarse con la fábula de un macabro Perrault o La Fontaine. La nueva producción de Carrie goza de excelente fotografía, diseño de producción y una hermosa niña que adoramos desde la primera secuencia. El guión, sin embargo, trabaja en contra del misterio. Más que a la versión de 1976, esta Carrie me recuerda el remake de Viernes 13 en el 2009.

Y es que los guionistas se han dado a la tarea de poner de manifiesto lo que "en realidad" está sucediendo. En Viernes 13, explicaban la histeria de los adolescentes del pueblo contando un olvidado caso de abuso sexual. ¡Abajo el telón de la fábula! En esta nueva Carrie, la bruja con poderes telequinéticos no sufre de bullying porque sea diferente y poderosa. No. Al revés. A un género moral (el cine de sustos) los guionistas le agregan una doble pizca de moralina, así que no molestes a la niña rara porque te puede matar.

En su ensayo Contra la interpretación, Susan Sontag se resiste a que alguien venga a decirnos lo que una obra "quiere decir". En el caso de Carrie o de Viernes 13 la interpretación es peor que la de un crítico atontado: son los mismos guionistas quienes nos espetan lo que la película original "quiso decir". No niego que la película cumpla con su función de dar dos o tres sustos. Mi problema es con la fábula. Carrie estaba bien con sus ambigüedades; esas en que aparecía como niña inadaptada y triste que en el fondo quería ser como todas, pero se encontraba atrapada en un cuerpo que no parecía suyo. ¡Qué historia extraordinaria! Hacer de Carrie víctima de bullying, lejos de enriquecerla la empobrece. Uno se siente como si hubiesen rasgado el telón que había entre nosotros y los terrores adolescentes, el miedo a la falta de aceptación, al cuerpo que cambia, a nuestras propias virtudes y defectos, a todo aquello que aparece cuando muere el niño y encontramos a un adulto frente al espejo.

La crítica ha elogiado a Julianne Moore como lo único que realmente vale la pena en esta película. Yo no. Moore es una actriz desigual. Fascina su actuación en Los chicos están bien, pero decepciona en Hannibbal. Su mejor momento en esta reinterpretación del mito de Carrie está en la primera secuencia. Después comienza el filme y todo recuerda el refrán de la abuela: Si algo está bien, ¿para qué quieres arreglarlo? D

Carrie. Dirección: Kimberly Peirce. Guión: Lawrence D. Cohen y Roberto Aguirre-Sacasa, basados en la novela de Stephen King. Fotografía: Steve Yedlin, Música, Marco Beltrami. Con Julianne Moore, Chloë Grace Moretz y Gabriella Wilde. Estados Unidos, 2013.