Artistas del pop y el rock dan la nota

Las autobiografías de Paul Anka y Burt Bacharach nos acercan a las de otras superestrellas de la música cuyas memorias han deleitado a la crítica y los fans.
Keith Richards
Keith Richards (AFP)

Ciudad de México

Si a la autobiografía de un científico le pedimos mesura y objetividad, a la de una estrella del pop o el rock le exigimos sexo, drogas y una gran dosis de escándalo y truculencia.

Ejemplo perfecto: en Scar Tissue (Hyperion, 2004) Anthony Kiedis (Red Hot Chili Peppers) nos cuenta que su padre fue un narcotraficante que a su hijo púber (él mismo) le llenaba de droga el licuado de plátano del desayuno. El compositor de “Suck My Kiss”, “Sir Psycho Sexy” y “Californication” también nos revela que sus canciones son claves para comprender su vida.

Otro ejemplo clásico: Keith Richards escribió con “palabras mayores” Life (Global Rhythm, 2010), una autobiografía que —dicho sea de paso— devino hito del género: siete millones de dólares le fueron adelantados al firmar el contrato que incluyó jet privado, hoteles de lujo y un soberbio catering durante la gira promocional del libro… Resultado de la excelente negociación: un suculento platillo para los chismosos donde el insolente Richards le propina duros golpes a “la puta Brenda”, es decir, a un Mick Jagger que, entre otras lindezas —escribe Keith—, “manipulaba en lo oscurito y siempre a su favor los contratos de Los Rolling Stones” (...) “Yo quería a Mick, pero desde hace unos 20 años no entro a su camerino... A veces me pregunto a dónde se fue aquél chico que solía ser mi mejor amigo”. En suma, muy entretenidos nos tendrá el que en Life se ufana de haber sido el “proveedor estrella” de un John Lennon que llegaba al cuarto de hotel del más stone de Los Rolling para tomar su “desayuno de campeones”: un coctel de heroína y cocaína.


PIEZAS A LA MEDIDA

Un tenor similar tiene la reciente My Way (St. Martin Press, 2014), autobiografía firmada por Paul Anka en la que describe sus logros y algunas oscuridades de su carrera, aunque también muchos defectos de sus intérpretes y colegas. Paul ha escogido por título para su libro el hit que le “compuso” a Sinatra (“My Way”) porque la superestrella de Las Vegas fue uno de sus más grandes amigos. En My Way, Anka escribe: “Frank era un hombre de mal beber” y peor proceder, ya que gozaba de la obediencia de un grupo de mafiosos que no titubeaba ante las órdenes de ejecución que les daba el consentido Blue Eyed Boy de la sociedad estadunidense (¡vaya homenaje a un amigo!). “Tanto miedo inspiraba Sinatra que la noche en que salió a cantar sin haberse puesto su inseparable bisoñé, nadie se atrevió a señalárselo”.

Sinatra, Dean Martin y Sammy Davies, del llamado Rat Pack, querían integrar a Anka al “equipo”, pero éste se negó al ver cuánta sustancia tóxica se metían y cómo abusaban de las mujeres.

En esta autobiografía también “le saca los trapitos al sol” a Elizabeth Taylor, a Elvis, al ex presidente Kennedy, a Little Richard... En My Way ni el mismo Paul queda “bien parado”; Anka se dice avergonzado por haber compuesto “She’s a Lady”, el himno machista que tanta popularidad le dio a Tom Jones.

Al exponer cómo le arrebató a la familia de Michael Jackson 50 por ciento de los derechos de “This Is It”, la canción que coescribió con El Rey del pop, nos revela lo bien que sabía defenderse, pero cuando narra que le compró a Claude François los derechos de la canción “Comme d’Habitude” para reinventarla en “My Way” con una letra a la medida de Sinatra, nos damos cuenta de que poseía una extraordinaria intuición para los negocios.


EL BACH DEL POP

Burt Bacharach no tuvo una gran visión para los negocios. Además, tenía una serie de carísimos caprichos como el de mantener decenas de caballos pura sangre. Sus esposas cuentan que cuando los hijos enfermaban, Burt huía hacia algún torneo de tenis. Un grave error (lo confiesa el mismo Burt) fue el rompimiento gratuito con su mejor letrista Hal Davies.

Pero esos errores se minimizan en el caso de un compositor interpretado por Los Beatles, Los Carpenters, Dusty Springfield, Dionne Warwick, Aretha Franklin, Tom Jones, Noel Gallagher y Elvis Costello, entre muchos más… Qué importan esos errores si se han compuesto canciones como “Baby It’s You”, “What’s New Pussycat”, “What The World Needs Now Is Love”, “I Say a Little Prayer”, “Close to You”, “Raindrops Keep Falling on My Head”, etcétera; si su música ha sido adaptada al jazz por Stan Getz y Cal Tjader, o si ha creado exitosísimos musicales de Broadway como Promises, Promises.

Qué más le puede Burt pedir hoy a la vida si su arranque profesional fue ser arreglista y director musical de Marlene Dietrich y si musicalizó cintas de James Bond, para enseguida recibir varios premios Oscar y Grammys.

En fin, todo esto ha quedado registrado en Anyone Who Had a Heart (Harper Collins, 2013), la autobiografía de un genio musical en la que Bacharach habla de una vida sentimental complicada (su segunda esposa fue Angie Dickinson, y de ella se quería divorciar a los nueve meses de casado) y algunas tragedias (el suicidio de una hija, por ejemplo), eventos que sin duda llenaron de profundidad e intensidad su música.


A PROPÓSITO DEL GÉNERO…

Solo nos resta enumerar algunos clásicos del género de la autobiografía pop que se han ganado los aplausos de la crítica porque sus autores han sido más amables con sus colegas, donde el detalle de los excesos brilla por su ausencia o en las que se habla mayormente de música: Chronicles, de Bob Dylan (Global Rhythm, 2004); Just Kids, de Patti Smith (Lumen, 2010) o Waging Heavy Peace: A Hippie Dream, de Neil Young (Blue Rider Press, 2012). Pero los fans tienen otra forma de ver las cosas y prefieren autobiografías como Long Hard Road Out of Hell (Harper Collins, 1998) donde Marilyn Manson narra que su abuelo —gran influencia para él— practicaba el bestialismo y el sadomasoquismo o Who I Am (Harper Collins, 2012) donde Pete Townshend cuenta su experiencia en los tribunales tras haber abierto algunas páginas web de pornografía infantil... Como se aprecia, los fans esperan que de altas dosis de sustancias tóxicas y grandes cantidades de truculencias sexuales estén llenas las autobiografías de sus ídolos.