Los años y los kilómetros

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Multimedia (AFP)

Ciudad de México

Hace unas semanas corrió por los medios una noticia que sacudió a muchos: el actor Jack Nicholson se veía obligado a optar por el retiro, ya que a sus 76 tenía problemas con su memoria. Le costaba mucho trabajo recordar los diálogos que debía repetir frente a las cámaras. Sus devotos sufrieron mucho pero tuvieron que hacerse a la idea de que el calendario rige también la vida de las estrellas de cine. La anunciada desaparición de las pantallas del actor genial en cintas como El cartero siempre llama dos veces o El resplandor parecía un golpe inevitable hasta que alguien se apresuró a desmentir la mala noticia. Todo era una mentira. Nicholson no padecía ningún tipo de demencia y conservaba plenamente su memoria. Todavía.

Cinco años atrás, otro actor estimable, Peter Falk, fue hallado a sus 81 vagabundeando sin rumbo por las calles de Los Ángeles. Desorientado y desaliñado, no reconocía lugares ni personas. Pronto trascendió que padecía una siniestra mezcla de Alzheimer y demencia senil. Murió poco después, en junio de 2011.

Astuto, escurridizo, Sean Connery se apresuró hace poco para difundir un comunicado en el que se daba prácticamente por muerto. Ya no recordaba nada de nada y no volvería a pararse jamás frente a una cámara de cine. A sus 83, parecía más empeñado en poner punto final por razones de salud al proceso que se le sigue en España por un cuantioso fraude inmobiliario.

Aun cuando hay actores al servicio de la industria hollywoodense que se ven más jóvenes o más viejos de lo que en realidad son, buena parte de quienes le han dado éxito y fortuna pasan ya de los 70 huyendo del retiro y aferrándose a cualquier proyecto fílmico por malo que sea. Uno de ellos es Robert de Niro a sus 70, la edad de un chamaco si se considera que Clint Eastwood anda por los 83, William Shatner por los 82 y Michael Caine por los 80.

Vistas así las cosas, Jack no tendría que preocuparse. Se ve en mejores condiciones que otros actores de su generación, como Al Pacino, John Hurt y Martin Sheen, que le andan pegando a los 73. Y es que lo que cuenta no son los años, sino el kilometraje, como diría el Indiana Jones de Harrison Ford, que tiene 71 pero se ve tan desvencijado como Robert Redford a sus 77, Warren Beaty a sus 76 o Donald Sutherland a sus 78.

Otros, como Dustin Hoffman, de 76, Woody Allen, de 78, o Anthony Hopkins, de 75, sobrellevan bastante bien su tercera edad. Reciben todavía buen trato de los industriales del cine y son aceptados bastante bien por su público. Siguen siendo negocio, pues. Está claro, sin embargo, que no tienen ya mucho futuro. Sin duda algunos estarán pensando muy seriamente en la tranquilidad del retiro. La posibilidad de caer muerto de un infarto frente a la cámara o en un escenario no parece muy atractiva para nadie. Habrá que ver entonces qué diablos harán los comerciantes del cine en Estados Unidos para remplazarlos con dignidad.