Actuar y morir

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Multimedia (Universal Pictures)

Ciudad de México

Muchos directores fílmicos se burlan a menudo de los actores egresados de la “escuela del método”, como se conoce al Actors Studio, la institución estadunidense formadora de actores que se hizo célebre desde los años cincuenta bajo la conducción de Lee Strasberg. Les molesta que al momento de interpretar a su personaje pregunten con solemnidad cuál es su motivación para meterse en la piel de un psicópata, un soldado o un abogado.

Alfred Hitchcock figura entre los enemigos furibundos de esta escuela que ha formado a excelente actores, Al Pacino, Marlon Brando, Robert de Niro y Paul Newman entre ellos. Este último libró una agria pelea contra el realizador británico durante la filmación de La cortina rasgada, porque le exigía que mirara de tal o cual manera y que se comportara como le indicaba con mucha precisión. Pero Newman hacía lo que le venía en gana mientras actuaba como un científico infiltrado en Alemania Oriental para robar secretos de gran valor bélico. Anduvieron de la greña durante toda la filmación, aunque Hitchcock no tenía mucho cabello y menos paciencia. En venganza, cortó en la edición final cuanto pudo de la amanerada interpretación de Newman y juró que jamás lo volvería a llamar para actuar en una de sus películas. James Stewart, en cambio, fue su actor fetiche. Hacía todo lo que le pedía el realizador y entendía muy bien sus obsesiones por los juegos de miradas entre los personajes, como se puede apreciar en Vértigo.

Pero las peripecias de los actores trascienden muchas veces el ámbito de los foros o los escenarios y los llevan con cierta frecuencia a la destrucción. Uno puede leer prácticamente todos los días noticias espeluznantes sobre los dramas de los actores y las actrices, en ocasiones muy jóvenes. Drogas, alcohol, accidentes de auto, peleas callejeras, arrebatos de cleptomanía, suicidios. Curiosamente, con alguna excepción, los actores del método han esquivado estos terrenos minados.

Otros intérpretes, más o menos inocentes, han sufrido trances mortales en el ejercicio de su profesión. Mahmoud al-Sawalqa, un actor especializado en papeles de beduino, acaba de morir en Jordania a los 55 mientras grababa escenas de una telenovela. Hasta ahora nadie conoce las causas de su fallecimiento.

Algunos actores han entendido demasiado tarde que su profesión es en realidad de alto riesgo. Vic Morrow, por ejemplo, murió en 1982 atrapado por las hélices de un helicóptero mientras filmaba escenas de La dimensión desconocida. Brandon Lee fue baleado mortalmente en 1993 en el rodaje de El cuervo con una pistola de utilería que resultó verdadera. Oliver Reed murió durante la filmación de El gladiador después de una parranda descomunal, suerte similar a la de James Gandolfini, quien falleció el año pasado luego de un atracón pantagruélico. Y muchos han compartido ese destino mientras hacían creer al mundo entero que disfrutaban de la celebridad y la fortuna.


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa