Sangre fría

Multimedia.

Ciudad de México

Walt Disney se fue de este mundo hace unos 50 años. A los 65, se lo llevó un cáncer de pulmón al cabo de una intensa vida de fumador. Dejó en la orfandad a millones de niños aterrados en todo el mundo, que supieron mediante sus películas que sus padres podían morir en cualquier momento. O ese señor de bigotito y sonrisa franca era una bestia o de veras nunca se dio cuenta del daño psicológico que hacía a los niños con productos como Bambi o Dumbo, donde los pequeños quedaban en un desolador abandono tras la muerte de sus padres.

A diferencia de muchas entrañables figuras del espectáculo a las que se les ha negado el reposo eterno, como Elvis o Janis, que rondan por ahí después de muertos según sus fanáticos, pocos desean ver de regreso a Disney. Sin embargo, algún malintencionado echó a andar desde hace tiempo la leyenda de que el cuerpo del padre de los dibujos animados estaba guardado en una fría gaveta, en estado de congelación, en tanto alguien hallaba un remedio para regresarlo a la vida. Por si las dudas, algunos familiares y funcionarios de los florecientes negocios que dejó salen de vez en cuando a desmentir esos rumores.

Pero la idea no parece ahora tan descabellada. Dos años antes de la muerte de Disney en 1966, un científico estadunidense, Robert Ettinger, comenzó a hablar en serio sobre el tema al difundir en 1964 su tratado The Prospect of Immortality, que le extendió acta de nacimiento a lo que fue bautizado como criogenia. Desde entonces, las empresas especializadas en la vida suspendida han proliferado. También la clientela.

Hace unos días, un científico alemán, Klaus Sames de 75 años, hizo públicas sus intenciones de someterse a un proceso de criopreservación con la expectativa de revivir como si nada dentro de 150 años. Es posible que las cosas no salgan como espera, entre otras razones porque acudió a la compañía más barata. Y lo barato puede salirle caro. El Cryonics Institute al que ha recurrido Sames cobra por sus servicios la módica suma de 28 mil dólares. Son los líderes en el mercado, con más de mil 100 clientes que no quieren morir como personajes de Disney. Alcor, la más cara, pide unos 200 mil. Si alguien no puede reunir esta cantidad, existe la posibilidad de mantener solo la cabeza fría a un costo de 80 mil dólares.

El procedimiento para mantener a los clientes a las puertas de la muerte recuerda al que emprendían con la momificación los egipcios para garantizar la inmortalidad a sus ilustres, que incluye manipulaciones muy complejas con los órganos y con los fluidos corporales, la sangre en particular. Por si las moscas, los servicios que ofrecen estas empresas no incluyen ninguna garantía. Saben que la vida en estas circunstancias es como un globo en manos de un niño: en cualquier momento se va al cielo. En este sentido el asunto tiene sus bemoles: hay que pagar por adelantado, antes de hundirse en un incierto mundo de hielo.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa