“No soy cantante, pero aquí encontré mi voz”: Keira Knightley

Volver a empezar es la primera comedia romántica que protagoniza esta actriz, pero además es una película musical, por lo cual se enfocó en poder expresarse a través de las canciones.
La actriz Keira Knightley.
La actriz Keira Knightley. (Shutterstock)

Ciudad de México

Hija de una dramaturga y un actor, Keira Knightley (Teddington, Inglaterra, 1985) apenas tenía tres años cuando pidió que le consiguieran un representante. Sus primeros trabajos conocidos le llegaron con un rol pequeño y mudo en el La guerra de las galaxias. Episodio I, y de ahí, mientras terminaba su bachillerato, pasó a filmes británicos como la cinta de terror The Hole (con Thora Birch) y Quiero ser como Beckham, una comedia de temática futbolera. A los 20 años, mientras estudiaba literatura inglesa, se convirtió en la mujer más joven en ser nominada al Oscar como mejor actriz por su aparición en Orgullo y prejuicio —dirigida por Joe Wright—, y se convirtió en fenómeno de taquilla como una de las protagonistas junto con Johnny Depp de la exitosa trilogía Piratas del Caribe.

Ha trabajado además en cintas reconocidas por la crítica como Expiación (basada en la novela de Ian McEwan), Nunca me abandones (de la polémica novela de Kazuo Ishiguro), Buscando un amigo para el fin del mundo, Un método peligroso y la versión de Ana Karenina que obtuvo un Oscar por vestuario. Ahora, además de ser imagen para la casa de modas Chanel, Keira incursiona en la comedia romántica musical en Volver a empezar, la reciente cinta del irlandés John Carney, donde interpreta a la joven cantante Gretta al lado de Mark Ruffalo y Adam Levine, el vocalista de la banda Maroon 5. Filmada en locaciones de Nueva York, la cinta se estrenó con buena crítica en el Festival de Toronto y en ella Keira demuestra su versatilidad al interpretar varios temas con una voz y un carisma que han sorprendido al público y la crítica internacionales.

 

¿Cómo fue que decidiste cantar? Nunca antes lo habías hecho.

Profesionalmente, no, pero siempre me gustó cantar. Con mi marido —el cantante James Righton, de la banda The Klaxons, con quien se casó hace dos años— a veces canto en casa, y de niña tomé clases para complementar mis estudios de teatro. No había pensado en hacerlo, y cuando John me buscó me quedé sorprendida. Estaba deseosa de hacer algo diferente, quería hacer una película que transmitiera un mensaje de esperanza, algo que no tenía ninguna de las películas que realicé durante los cinco años anteriores.

 

¿Nunca habías hecho una comedia romántica?

No, nunca me habían ofrecido una, no sé por qué. Verás, yo estuve feliz de hacer Ana Karenina y Nunca me abandones y de trabajar con David Cronenberg, aunque ninguna de ellas era como para salir con una sonrisa del cine (se ríe). Estuve un año entero haciendo teatro en el West End y leyendo guiones. Como actriz quiero cambiar constantemente. Quiero enfrentarme a nuevos retos y con el teatro entendí lo que es el terror escénico, pero lo superé. Así que pensé, lo que sigue es hacer en cine algo que no haya hecho antes, y algo que nunca había hecho en mi vida era una comedia romántica. Pasé mucho tiempo buscando esto. Las comedias románticas no son algo que me salga de manera natural, así que quise entrar en el género con algo que no fuera tan como se acostumbra, algo que tuviera sustancia, así que acepté hacer esta cinta con el extra de que tendría que cantar.

 

¿Ensayaste para encontrar la voz de Gretta?

Sí. Podían haberme doblado, eso pasa mucho, pero yo quise cantar y fue mi condición expresa. John estuvo de acuerdo y nos preparamos, aunque acabaron de escribir las canciones dos días antes de que entráramos en el estudio. No soy cantante, como te dije, pero aquí encontré mi voz, solo había tomado clases y no es mi forma habitual de expresarme, así que pasé mucho tiempo haciendo eso que dices, buscando mi voz, y lo intentamos bastante durante los cuatro días que pasamos grabando hasta que Gretta apareció, fue un tono perfecto y me sorprendí a mí misma. Sobre todo porque nunca he tenido oído musical.

 

¿Nada?

No, en serio (se ríe). La verdad es que no escucho mucha música, o no tanta como mi personaje. Nunca ha sido una gran parte de mi vida. Y eso que mi marido es músico (sonríe) y ha sido con él y con mi hermano, que es baterista, con quienes recientemente me he acercado más a la música, y por lo mismo me interesaba saber qué veían en esa forma de expresión.

 

La película es una amarga reflexión sobre el precio de la fama y cómo destroza a una pareja.

Es uno de los aspectos más duros. Personalmente a mí no me ha dejado ninguna pareja por tener éxito ni yo lo he hecho, así que lo que le pasa a Gretta es algo que me interesaba explorar. Ahora bien, aparte de eso, si hay algo real en la película, es la interpretación de Adam Levine: él sí que conoce la industria discográfica y sus sinsabores. Aprendí mucho viéndolo trabajar y su visión particular me ayudó a construir mi personaje. Cuando estaba leyendo el guión, que también es de John Carney, lo comenté con mi marido y sus consejos también fueron muy valiosos. Para ninguno de nosotros la fama o la búsqueda del éxito es algo que domine nuestras vidas; somos esa clase de personas que prefieren quedarse el domingo en pijama y leer el periódico, pero también somos profesionistas, y la carrera de él me ayudó a entender mejor este personaje.

 

¿Hay diferencia entre el cine de Inglaterra, donde vives casi todo el tiempo, y el de Hollywood?

Desde luego que la hay. Como me imagino que hay diferencias en hacer cine en Italia, en México, en España o la India. Cada país es diferente y hay creadores distintos, modos de trabajar y de producir que son contrastantes. En Francia, por ejemplo, se hace un tipo de cine muy particular que no veo que se haga en otra parte; pero también es distinto en Dinamarca o en Alemania. Yo feliz filmaría en cualquier país, si el proyecto me resultara atractivo y me aportara algo. He tenido suerte con las películas que he filmado dentro y fuera de Hollywood. Lo importante realmente es la historia, no importa si tengo que interpretar a una mujer polaca o rusa. Ya he interpretado rusas (se ríe) o alemana, o brasileña —si el director cree que le doy el tipo, y el personaje está ahí, adelante. Supongo que lo que pasa con Inglaterra es que hacemos producciones más modestas en cuestiones de presupuesto. Buscamos contar historias más cercanas a como somos nosotros, o recurrimos al rico acervo de nuestra literatura, hay tantas historias qué contar. Y eso hace que mucha gente piense que en Inglaterra se hace este cine que es o totalmente indie o totalmente de época. Y creo que hay de todo. Solo que en una escala menos vistosa que en una superproducción estadunidense.

 

¿Qué te mantiene con los pies sobre la tierra en medio del estrellato?

Creo que la verdad, no sé bien qué me mantiene con los pies puestos en la tierra, siempre he sido así, mis padres siempre fueron modestos con sus logros y me enseñaron que este era un oficio y una disciplina no distinto a ser un carpintero o una enfermera. Creo que la actuación es una excelente terapia, particularmente cuando puedes meterte en la piel de otra persona; una chica del siglo XIX, una caza-recompensas, una futbolista, un clon, una cantante de rock, un ama de casa… cada rol te aporta un matiz nuevo: puede ser muy oscuro, o muy vibrante, o muy trágico… no hay nadie más trágico que Anna Karenina (se ríe) o muy optimista, como Elizabeth Bennet. Lo importante es lo que aprendas y que te la pases genial, ¿sabes? Es maravilloso hacer una interpretación dramático o cómica, o en este caso musical, porque todo es catártico. Luego, lo que yo hago es dejarlo en el estudio y volver a casa a dar un paseo con mi esposo, o escucharlo tocar el piano, mientras tomo una cerveza. Después de tanta tensión, hacerlo es relajante y disfrutas mucho más de tu vida real.