Vicente será el rey por siempre: Alejandro Fernández

'El Charro de Huentitán' cantó con su hijo y constató el amor que el público le tiene.

México

A las 21:17 inició el último capítulo de la historia de Vicente Fernández en el escenario. El Estadio Azteca lucía casi lleno, y alrededor de 70 mil personas ya demandaban la presencia del cantante desde las 21 horas.

Las luces, el sonido, el mariachi y el grupo de cuerdas también ya estaban listos para ser parte de la historia.

En su adiós se acompañó de los compositores con que hizo mancuerna a lo largo de su vida profesional, como Jorge Massías, quien cobró presencia cuando entonó "Lástima que seas ajena", y Martín Urieta, cuando interpretó "Mujeres divinas".

El anfitrión ya había agradecido al público "por su cariño en más de 50 años", y también dio las gracias públicamente "a mi amigo, casi mi hijo, Emilio Azcárraga Jean, por permitirme despedirme como siempre lo soñé, en una noche como esta".

Su familia, en la zona vip, al igual que Roberto López, presidente de Sony Music, no perdían detalle de cada uno de los movimientos, gestos, pero sobre todo de esa capacidad para cantar, como cuando ofreció "Qué tal te va sin mí" y su voz retumbó en el Estadio Azteca.

El sudor que resbalaba por el rostro de Vicente evidenciaba el derroche de energía, de emoción, incluso de melancolía.

De hecho, el jalisciense incrementó la alegría de sus fans cuando dijo: "Hace 22 años presenté al más chico de mis hijos y ahora viene para acompañarme, porque es una noche especial. Viene para acompañarme en cuatro o cinco canciones nada más; no va a cantar mucho porque es mi despedida, no su debut.

Entonces, la euforia se desató por todo el estadio y se incrementó aún más la emoción apenas apareció El Potrillo.

Emocionado agradeció a su padre por compartir la escena y le dijo: "Te prometo que jamás dejaré la música mexicana y la seguiré llevando por todo el mundo como tú me enseñaste".

"Vicente seguirá siendo el rey para siempre", gritó y después ambos fusionaros sus voces en "Paloma querida"y "Mi padre".

Al cierre de esta edición Vicente seguía cantando porque el público seguía aplaudiendo. Se contemplaba que el adiós llegaría después de la medianoche.


Reunidos por el amor a 'Chente'

Los juzgaron por pecar de exagerados, pero quienes llegaron al Estadio Azteca a las 6:00 de la mañana para ser los primeros en las filas de entrada estaban orgullosos de su fanatismo.

Desde temprano se registró movimiento a las afueras del establecimiento; las puertas del estacionamiento se abrieron desde las 15:30 horas y también las de las casas vecinas que ofrecían sus patios o sus banquetas para aparcar vehículos por un costo en promedio de 100 pesos.

Alrededor de todas las entradas al Estadio se desplegaron cuerpos de granaderos para resguardar y agilizar a las grandes masas que se dirigían a la fiesta de despedida de El Charro de Huentitán.

Pese al calor de la tarde a las 17:30 horas unas gotas amenazaron con tormenta, pero el cielo se despejó poco tiempo después; sin embargo, hubo quien prefirió prevenirse y comprar un impermeable por 10 pesos a los vendedores ambulantes.

La entrada principal del estadio pronto tenía a su espera a decenas de personas formadas en filas esperando a que las puertas se abrieran, la conglomeración fue tan grande que pronto apareció un grupo de granaderos para poner orden y evitar que se metieran a las filas.

En punto de las 18:00 horas comenzó el acceso a las inmediaciones y ya adentro del lugar, pero aún afuera del Coloso, un mariachi amenizaba la espera con los temas emblemáticos de Vicente.

María José Cantú/México