Paul, John y George solistas

Un memorioso repaso por las letras y los sonidos logrados por McCartney, Lennon y Harrison en sus primeros discos en solitario luego de la separación de Los Beatles
McCartney, Lennon y, frente al espejo, Harrison.
McCartney, Lennon y, frente al espejo, Harrison. (Apple Records)

Ciudad de México

ÁLBUM FAMILIAR

En McCartney (1970), Paul es el solista de piezas instrumentales y vocales. Él solo, tras quedarse sin grupo, toca el bajo, las guitarras, el piano, la batería, el melotrón y el órgano. Linda participa en los coros. McCartney, carruaje abandonado, mezcla sus sentimientos y vibraciones sonoras en una grabadora de cuatro pistas y un solitario micrófono. Grabación casera. Álbum familiar. (Cortesía de Paul McCartney en la música y de Linda en las fotos). Portada de cerezas. “Maybe I’m amazed”, fruto maduro que protege el germen del amor. Canción deslumbrante, tono e intensidad armónica que determinan el timbre del poderoso sonido de McCartney. Música sencilla, evocadora, entrañable. Cautiva, como las melodías de “Junk” y de “Every night”, impregnadas del tono melánico que habita en la palabra melancolía. Canciones de ojos melados.


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Al escuchar Band on the run (1973) con el carácter personal y complejo de la canción que da título al disco, se comprueba de inmediato que en los arreglos de Abbey Road (1969) la piedra de toque fue Paul McCartney, quien para las dos obras hace adaptaciones muy similares. Temas con colorido y ánimo variados, enlazados uno y otro. Giros emocionales: requiebros de música. Como se advierte en “Jet”. El pájaro negro del Álbum blanco (1968) se transforma en el cielo sosegado de “Bluebird”. Paul se da también tiempo para responder a la sátira de John Lennon, “How do you sleep?”, en “Let me roll it”. Cantos, como “Mamunia” y “No words”, que alcanzan la grandeza de las composiciones de Los Beatles. La aparición de diversas personalidades en el diseño de la portada recuerda claramente a la de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967). Obra llena de reminiscencias, en la cual está presente, con todo y la participación de Denny Laine, guitarrista y voz principal de Moody Blues, el sonido de los cuatro músicos que alguna vez formaron parte de un grupo llamado Los Beatles.


ROCK PRIMITIVO

La mayor contribución de Yoko Ono a la música fue cuando apoyó a John Lennon para que se sometiera a una terapia de grito primigenio. Allí le enseñaron a liberar a través de gritos el dolor acumulado durante años. Cuando empieza a deambular por los pasillos de la infancia, surge “Mother”, canción en la que al principio John se apropia de una iglesia al reproducir el sonido de una campana para llamar a su mamá y crear un ambiente de tranquilidad, el cual se contrapondrá con la furia que vendría después, causada por el sentimiento de tristeza por la muerte de su madre, el abandono supremo, y el padre siempre ausente. Ya metido en la fiera infancia, se despide de Los Beatles en “Hold on”, reproduciendo, curiosamente, el sonido de gritos con el que ellos alcanzaron la fama. En “God”, Lennon hace un recorrido por toda la cultura de los años sesenta, renuncia a todos los ismos, borra el ayer, “Yesterday”, y renace en el mundo ya sin Los Beatles. Canciones testimoniales, de desahogo, de rabia; autorretratos en los que el amor nunca es suficiente, como se refleja en la emocional y austera “Love”. Música desgarradora, expresiva y dulce la de John Lennon/ Plastic Ono Band (1970). Reduce el sonido a unos cuantos instrumentos: su propio piano y guitarra, bajo, batería; fragmentos rudimentarios de construcción musical, el bajo sólido, el riff, clamores y aullidos existenciales. Rock primitivo.


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Solamente así, después de mirar hacia dentro con ojos del pasado, John Lennon pudo llegar a las confidencias de “How?”, y crear en Imagine (1971) canciones de amor donde amamos, aunque sea por un momento, con la misma intensidad como se ama en “Oh my love” y “Jealous guy”, en las que perduran las emociones más íntimas. También, para el mundo logró conformar un espacio plural y utópico en “Imagine”, canción de simplicidad imponente. Su rock and roll fue cruel hasta el exceso, como se percibe en “How do you sleep?”. En Imagine la musicalidad crece por la participación de instrumentos de orquesta. Variedad y elocuencia con el sonido áspero del productor Phil Spector.


ALL THINGS MUST PASS

Había en la caja negra un póster con la imagen de George Harrison. Después de extraerlo del interior del paquete, lo colgué de inmediato en una de las paredes de mi cuarto. La cubierta del álbum triple era el alargado y hermoso jardín de la casa de Harrison; en medio de su superficie plana estaba él rodeado por cuatro duendes, referencia lúdica a Los Beatles. El más atractivo del cuarteto rompió con su pasado cuando decidió olvidarse del corte de cabello y se lo dejó crecer desordenadamente, al cultivar las flores de su música. Así terminó por independizarse de sus compañeros. Había dos canciones de amor, una escrita por él y Bob Dylan, “I’d have you anytime”, y la otra composición de este último, “If not for you”, hablan de la inmediatez de los sentimientos. Los Beatles también están presentes en “Wah-wah”, canción homenaje con atmósfera musical muy similar al del grupo de Liverpool, pero en la cual solo participan Harrison y Ringo Starr. Recuerdo las palabras de súplica de mi amigo Luis Cortés Bargalló, al pedirme que le regalara un ejemplar de ese álbum de Harrison, All things must pass (1970). Para seguir recordando esta obra surgen dos vocablos: espiritualidad y alma, tan desgastados por el uso que ya no significan nada en estos días tan aciagos. Sin embargo, es posible sentirlos con la fuerza que provoca esa necesidad imperiosa mediante conjuros de vitalidad en “Beware of darkness”, “What is life”, “Awaiting on you all”, “My sweet lord”, “All things must pass”, “Isn’t it a pity”. Aquí la espiritualidad se vuelve corpórea. La música es la piel del alma. Sonido concentrado, donde todas las cosas pasan por algo. Hay ardor en ellas. La voz de Harrison no posee un amplio registro, es cierto, pero su entonación y timbre tienen un alcance emocional que nos toca a todos. Los amigos que acompañaron a George Harrison en la grabación de este álbum eran chamanes de la música, como Ringo Starr, Billy Preston, Peter Frampton, Eric Clapton, Jim Gordon, Gary Brooker, Klaus Voormann, Ginger Baker, Dave Mason y Alan White.