Sinfonías Esenciales

Musicópata.
Musicópata
Musicópata (Especial)

Ciudad de México

¿Quiere iniciar una buena colección de sinfonías pero no sabe por dónde empezar? Aquí le entrego las primeras cinco sugerencias —de una lista que iremos creando poco a poco con una variedad de estilos musicales— para que usted vaya integrando una buena colección sinfónica.


1.  Gustav Mahler, Sinfonía No. 9 en Re Mayor

Si nunca ha oído hablar de la novena sinfonía de Mahler, le sugiero que se dé tiempo y se deje envolver por esta exuberante y magistral orquestación. Mahler la compuso sabiendo que el final de su vida estaba cerca. Algunos creen que el cuarto movimiento representa las cinco etapas psicológicas de la muerte: negación y aislamiento, ira, negociación, depresión y aceptación. Sin duda Mahler expresa el estilo romántico por excelencia: tensión desgarradora seguida por un dulce desenlace.

2. Franz Joseph Haydn, Sinfonía No. 34 en Re Menor

Esta impecable pieza del Clasicismo es una de las obras menos conocidas de Haydn. En ella logra el perfecto equilibrio entre la emoción y el arte. Las melodías del primer movimiento flotan por encima de un caudal de tonos graves. En el segundo, los alegres ritmos invitan a bailar, es la música “pop” de Haydn. El tercer movimiento, un minueto, hace evocar imágenes de la hora del té y de bailes cortesanos. El movimiento final lleva al cierre y deja al oyente feliz y contento.

3. Ludwig van Beethoven, Sinfonía No. 5 en Do Menor

Aunque ya muy escuchada, esta sinfonía es tan buena que no debe ser excluida. Todo el mundo reconoce su primer movimiento, pero en cuanto a los siguientes tres la historia es otra. El segundo movimiento no es tan “pesado” como el primero y su brillantez armónica es como un excelente alivio. El tercer movimiento, con patrones rítmicos similares a los del primero, da continuidad a la obra. Con la triunfante orquestación del cuarto movimiento la sinfonía concluye en absoluta victoria.

4. Wolfgang Amadeus Mozart, Sinfonía No. 25 en Sol Menor

Esta obra combina la forma clásica con el llamativo estilo de Mozart. Su primer movimiento, aunque expresivo, mantiene una ligereza en el sonido. La bucólica orquestación del segundo movimiento proyecta una sensibilidad pastoril. El tercero abre con una melodía al unísono que se mantiene a lo largo de todo el movimiento. El movimiento final da una sensación de “apresuramiento”… en el mejor sentido de la palabra. Esta sinfonía es imprescindible para los amantes de Mozart.

5. Samuel Barber, Sinfonía No. 1 en Sol Mayor

Esta es una obra de 1936. Su orquestación, a base de complejos acordes y una alucinante instrumentación en capas, produce escalofríos que recorren la espina dorsal. Es una magnífica adición a cualquier colección sinfónica y hasta podría llegar a convertirse en su favorita.

Las sinfonías de los grandes compositores han sido las piedras fundamentales del repertorio de conciertos, y son las piezas que, para muchos, simbolizan la música clásica. Por ello, vale la pena entrar a este mundo de belleza y grandeza musical. En semanas siguientes le iré sugiriendo más obras. Ojalá usted pueda escucharlas. Me lo va a agradecer.