[Semáforo] La Quedeshim-Quedeshot

Semáforo.
Semáforo
(AFP)

Ciudad de México

Ni siquiera fue noticia. Solo encuentro una referencia, en un ejemplar viejito de The Atlantic: una historia breve de Bruce Hoffman, como si no fuera importante. Quién sabe. Igual la cuento.

“Sobre esto no se ha escrito antes. Escuche”, dice un anónimo general brigadier de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), quien había sido comandante de la organización terrorista Al-Fatah. La situación había cambiado y la intervención de organizaciones internacionales mantenía una tensa paz y algunas negociaciones. No dialogaban Israel y la OLP, pero ambas tenían tratos con la CIA, por ejemplo. El trabajo del general ya no era el de su origen sino todo lo contrario: tenía que acabar con los terroristas de la OLP.

El problema: entre los integrantes todavía quedaban grupos radicales que actuaban con extrema violencia: querían la destrucción de Israel. Si no se les controlaba, la causa palestina estaba perdida: el estado israelí no iba a desaparecer y la OLP no podría acceder al reconocimiento de las naciones. Era necesario que los terroristas depusieran las armas y se integraran a la vida política.

“Arafat y la OLP,” dijo el general, “se toparon con un problema grave en los años setentas. Teníamos a un grupo llamado Septiembre Negro. Era la organización de mayor élite en la OLP. Sus miembros eran suicidas: no en el sentido de los terroristas religiosos sino en el sentido de que podíamos mandarlos a donde fuera, para llevar a cabo cualquier acto y estaban preparados para dar la vida. Sin preguntas. Sin titubeos. Eran absolutamente enfocados e implacables”.

Septiembre Negro es la organización que llevó a cabo, entre muchos atentados, la Masacre de Múnich: durante la olimpiada, tomaron como rehenes a los atletas israelíes y asesinaron a 11. Y se rehusaban a dejar sus modos violentos. El general anónimo cuenta, sin embargo, una estrategia que parece novísima, para traerlos a la vida civil. De entre todas la poblaciones palestinas, seleccionaron más o menos 100 mujeres solteras; las más guapas. Organizaron una reunión con los guerreros y les dijeron, tal cual: aquel de ustedes que elija mujer y se case, tendrá trabajo en las oficinas de la Organización, recibirá un departamento en Beirut, con estufa, refrigerador y tele, y tres mil dólares en efectivo. Si, además, tiene un hijo en el plazo de un año, recibirá cinco mil dólares más. Ni uno solo de los terroristas pudo rehusar la oferta. Fin de Septiembre Negro.

La idea es genial, pero no es nueva: tiene casi cinco mil años. En el poema de Gilgamés, el agreste Enkidú tiene aterrorizada a la ciudad de Uruk. Intentan todo para aplacarlo, pero es inútil. Hasta que a Gilgamés se le ocurre enviar a la Quedeshim-Quedeshot, la hieródula del templo para que le haga el amor y lo domestique: “¡Procúrale el placer que pueda dar la mujer! Así su rebaño, que medra en la estepa, huirá de él, cuando su amor haya entrado en ti”. Enkidú, tras haber yacido con la mujer, “decidió salir en busca de sus bestias salvajes. Pero al verlo las gacelas huyeron, las bestias salvajes del llano se apartaban de su cuerpo... Enkidu no supo correr como antes lo hacía.”

Y el lector puede buscar “Quedeshim-Quedeshot-Poema-Gonzalo Rojas”, en YouTube.