Salmos rojos

Multimedia.
Miklós Jancsó
Miklós Jancsó (Kallos Bea)

Ciudad de México

Muchos escucharán su nombre y no sabrán quién era. Tampoco tendrán noticias de su cinematografía espléndida. Se lo habrán perdido lamentablemente. El húngaro Miklós Jancsó comenzó a sacudir a los espectadores con cintas como Los rojos y los blancos desde los años sesenta, con un lenguaje intenso, críptico, abigarrado y poblado de estetizadas alegorías políticas. Parecía la obra de un loco sublime, arrebatado, cachondo, sorprendente. Bien a bien, su críptico discurso era difícilmente comprensible. Si hablaba de política, se refería a las complejidades de la vida en Hungría bajo el dominio soviético; si hablaba de historia, aludía a la revolución de 1956, a la opresión de los Habsburgo, a las confrontaciones con los soviéticos, a las revueltas del pueblo húngaro. Siempre temas locales, sin duda trascendentes pero muy suyos, a veces inentendibles.

Pero sus imágenes, construidas con un rigor obsesivo, a menudo pobladas de densas coreografías con bailarinas desnudas, de desolados paisajes campiranos, de sangrientos enfrentamientos registrados en largos planos secuencia, tenían el poder de cautivar, de seducir y de producir placer estético. No importaba tanto lo que quería decir, sino cómo lo decía. Su lenguaje era el de la belleza, el de la estética fríamente calculada, el de la perfección de los cuerpos inocentes. Lo demás eran sublimados conflictos políticos, enfrentamientos entre opresores y oprimidos y galones de roja sangre derramada.

Con esa elocuencia visual estremeció al mundo. En México, su cine se exhibía en salas que ya no existen, el Regis, el París, el Salón Rojo de la chamuscada Cineteca Nacional de la calzada de Tlalpan. Y sus devotos ya en los setenta, tal vez su mejor época, sumaban legión. Se sometían con gusto a sus laberintos discursivos, a sus ceremoniales discretamente eróticos en Salmo rojo, Vicios privados, virtudes públicas, Rapsodia húngara, Allegro bárbaro, propiciados de alguna manera por las artes empresariales de Gustavo Alatriste como distribuidor y exhibidor. Atrapado en las redes de lo que algunos identificaron como un formalismo abstracto, siguió con menos brillo su trayectoria en las décadas siguientes.

Nacido en Vac, Hungría, en 1921, con una afortunada trayectoria de 64 años en la realización cinematográfica, Jancsó se mantuvo activo hasta hace un par de años con su producción número 81. Celebrado en el mundo de la cultura cinematográfica, elogiado en los estrechos pasillos de la crítica especializada, admirado en los festivales y reverenciado por muchos de sus colegas, el mítico director húngaro radicado en Budapest se fue de este mundo hace unos días, al terminar el mes de enero. Casado con la talentosa realizadora Marta Mészáros, tenía 92 años y enfrentaba desde tiempo atrás graves problemas de salud. Pocos lo saben, pero entre sus fervientes adoradores figura el italoestadunidense Martin Scorsese, quien le agradeció siempre su influencia.


*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa